Viernes, 17 Septiembre 2021

logo para cedet                                            Año 2021. Edición N° 15 / Registro ISSN-L: 2709-8079

TEMA En memoria de Carlos Velarde Reyes (Cito). A cinco años de su partida. Sus documentos de trabajo y opiniones que guardan vigencia

COLUMNISTAS

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Fiebres que suben en América Latina

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Por Jean Jacques Kourliandsky.
Director Observatorio América Latina-Fundación Jean Jaurès/Paris.
Investigador IRIS-Paris.

Jean Jacques Kourliandsky irisArgentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Haiti, México, Uruguay, Venezuela, sorprendieron a los mejores observadores, como a los políticos, sean de derecha o de izquierda, a los más expertos.

De manera casi coordinada entraron estos países latino-americanos en crisis agudas. Expresadas de forma distinta. Por las urnas cuando había elecciones, si no en las calles, o fugando de sus patrias en columnas desesperadas.

Por las urnas en Argentina, México y Uruguay. En las calles, en Chile, Colombia y Ecuador. Migrando, en América Central y en Venezuela.

Entender lo que está pasando es la pregunta planteada por todos los que no esperaban una ola de este tipo en este momento, en América Latina.

Respuestas elementales llegaron de forma inmediata por los medios, clásicas como nuevas. Contestando de manera instantánea y simplificadora problemas y situaciones tan complejos que supondrían explicaciones superando el tamaño de un tuit, módulo de comunicación, hoy en dia privilegiado por los dueños económicos y políticos de la información.

Se propuso entonces como claves explicativas, un paralelismo con lo que estuvo ocurriendo en los países árabes. América Latina entonces estaría entrando en una clase de «primavera». Otros recurrieron a la supuesta teoría de los ciclos. Después del ciclo de las dictaturas, vinieron el de las democracias ultraliberales, seguido del de las democracias nacional-progresistas, y de una vuelta de un ciclo ultraliberal. Entonces estariamos volviendo hoy a un ciclo de izquierda. Otros hablaron de complots. Complots del imperialismo norteamericano para unos. Complots del comunismo cubano y venezolano para otros.

Estas «explicaciones» no funcionan porque buscan dar una respuesta única a realidades distintas. Las primaveras árabes respondían a un deseo de democracia nunca realizado. Etapa superada en América Latina, al final del siglo XX.  Los ciclos permiten dividir la historia reciente de manera aparentemente convincente. Pero no permiten entender porqué en cada uno de estos ciclos, apartando el primero, el de las dictaduras, hubo numerosas excepciones. El primer ciclo tiene de hecho una forma de validez por el peso en estos años de las lógicas de la guerra fría. América Latina debió imponer, por EUA, regímenes autoritarios para no dejar espacio de influencia al enemigo soviético. Los otros «ciclos» no tienen esta coherencia. Hubo en cada uno, mayorías o liberales, o nacional-progresistas, coexistiendo con gobiernos de orientación distinta. En cuanto a las teorías de los complots, tienen para ellas la fuerza de las nuevas tecnologías que difunden noticias falsas de forma masiva. Convencen entonces a los convencidos.

Después de este largo pero necesario prólogo, queda el interrogante de estas fiebres casi simultáneas pero de contenido distinto que afectan América Latina. Los electores apostaron por alternancias brutales, pero de orientaciones opuestas, en Argentina, México y Uruguay. Sancionaron equipos salientes liberales en Argentina y México, y la izquierda en Uruguay. En Chile, Colombia y Ecuador los que manifestaron su descontento lo hicieron contra gobiernos liberales. Sin por lo tanto apoyar fórmulas partidarias de izquierda. Y los ciudadanos que dejan sus respectivos países, abandonan naciones gobernadas por la derecha en América Central y la izquierda, en Venezuela.

Dos factores parecen tener un peso particular para entender las fiebres de estos últimos meses. El primero es la economía. Desde el fin de las bonanzas primarias, del auge de los precios de las materias primas, agrícolas, energéticas, mineras que constituyen la base de las economías latinoamericanas, cayeron los productos internos brutos, los presupuestos de los Estados y su capacidad de mantener las políticas sociales, aumentó el desempleo y el trabajo informal. El descontento se manifestó, logicamente en países democráticos, votando o manifestándose. Donde había gobiernos de derechas el voto, las manifestaciones, y las migracions sancionarion a estos gobiernos. Donde hay o habia autoridades de izquierda, con la misma lógica se armaron votos, manifestaciones y salidas masivas de gente empobrecida.

Pero no se puede desestimar tampoco factores políticos locales que erosionando la institucionalidad democrática, alimentaron una olla de presión que explotó brutalmente, sumándose, o no, al descontento social. América Latina es el «continente» más desigual del mundo. La democracia recobrada a final del siglo XX, fue esencialmenete institucional. La deuda social acumulada por ejemplo en Chile durante la dictadura de Pinochet no fue solucionada por los gobiernos de la democracia recobrada. Las nuevas generaciones chilenas exigen hoy que haya verdaderos servicios públicos, en materia de educación, transporte y salud. Lo que supone suspender la Ley fundamental heredada de la dictadura y tener una Consttitución integrando los derechos sociales. En Bolivia como en Brasil, hubo golpes blandos de parte de unas élites que quieren entender la democracia solo como un ejercicio ritual, limitando el perímetro de la democracia al reparto de cargos públicos.

Pero no se puede silenciar las manipulaciones institucionales paralelas de gobiernos de «izquierda» que pretenden o pretendieron mantenerse en el poder de manera indefinida como Nicolás Maduro en Venezuela, o Evo Morales en Bolivia. Que ofrecieron así espacios de crítica y de movilizaciones a sus oponentes de derecha y de centro, actuando de la misma manera que Michel Temer y las élites brasileñas.

Jean Jacques Kourliandsky

Director Observatorio América Latina-Fundación Jean Jaurès/Paris

Investigador IRIS-Paris.

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Dejar atrás la república ilegítima

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Por Luis Martin Valdiviezo Arista.
Licenciado en Filosofía, Doctor en Educación.
Pontificia Universidad Católica del Perú.
Departamento de Educación.

luismartinEn las últimas décadas, la desaforada corrupción de la clase política y empresarial peruana parece haber llevado al Estado democrático peruano a una crisis de legitimidad extrema. Una crisis que, para los ciudadanos decentes, será difícil superar a través de los instrumentos institucionales establecidos por el mismo Estado, pues muchos de estos instrumentos han sido diseñados por autoridades corruptas para mejor servir a la corrupción. Considerando las protestas ciudadanas que en los últimos meses se han desarrollado en nuestros países vecinos (Ecuador, Bolivia, Colombia y Chile), es posible que para resolver esta crisis necesitemos refundar la república peruana con una Constitución decididamente anticorrupción.

Los serios problemas de legitimidad del Estado peruano se remontan a sus primeros años de existencia casi dos siglos atrás. La república peruana pretendió dar fin a un régimen monárquico colonial basado en la explotación de la gran mayoría de habitantes de su territorio. El sistema colonial proporcionaba una extraordinaria concentración de riqueza, poder y confort a una minoría de colonizadores en el Perú y en España a costa del sacrificio deshumanizante de la mayoría de peruanos. Con la república, el ideal de una sociedad de iguales, libres y fraternos (una ciudadanía de hombres) debía plasmarse en un sistema donde todos tuvieran los mismos derechos políticos, económicos y sociales; donde todos los hombres sean tratados con la misma dignidad cualquiera que sea su origen. Como argumentó Flora Tristán, la exclusión de las mujeres constituyó una transgresión flagrante de los principios de la nueva república. Y esta injusticia se dio en el mismo acto de su nacimiento.

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Estallido social en Chile, una oportunidad para el reconocimiento constitucional del pueblo tribal afrodescendiente

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Por Cristian Báez Lazcano.
Investigador vivencial cultura afro en Chile.
Director Ong Lumbanga

baezEste 2019 será el año de la Dignidad, la Justicia y el Despertar en la región de América Latina y el Caribe, un despertar que ha surgido desde los sectores sociales vulnerados y también de la clase media, pero de alguna forma desde los pueblos indígenas y afrodescendientes. Primero fue Haití debido a la escasez de combustible y las altas alzas, luego Ecuador de la misma manera donde las movilizaciones fueron lideradas por los pueblos indígenas que lograron doblarle la mano a Lenin Moreno. Después en Chile, en donde por un alza en el precio del metro generó un estadillo social que fue poco a poco despertando en los y las chilenas el descontento por un sistema económico neoliberal heredado de la dictadura militar y a su vez un rechazo a toda la clase política que por treinta años ha acumulado un sinfín de malos manejos en materia social, como acredita los diversos descubrimientos de corrupción en todos los sectores políticos. Finalmente fue el caso de Bolivia que han salido a las calles por consecuencia del racismo que la derecha ha propagado basados en la Biblia y, paralelamente Colombia, en la cual su estallido social, es de alguna forma similar al de Chile, donde los afrodescendientes también han salido a manifestarse.

Si bien el caso de Chile no se asimila a las movilidades sociales de Ecuador o Haití, con respecto a que fueron lideradas por movimientos indígenas o afro, de alguna forma este estallido social es de reacción  por la negación por más de doscientos años por parte del Estado chileno hacia los indígenas y hoy un nuevo actor para los ojos de este Chile que también lo ocultó y negó a la vez, como somos el pueblo tribal afrodescendiente, pueblos preexistentes a la creación del Estado-Nación, los cuales han sido testigos de diversas constituciones que se han creado a lo largo de dos siglos, donde el racismo estructural ha predominado y poniendo cada vez en peligro la desaparición de estos pueblos preexistentes.

A partir del 18 de octubre, luego del estallido social, la ciudadanía en Chile empezó a despertar, a medida que sucedían espontáneamente las movilizaciones, fueron surgiendo diversas problemáticas que nuestra sociedad tenía en temas: de pensiones, salud, educación, laboral, medio ambientales, tributarias, entre otras. Fue así como empezaron a surgir los cabildos ciudadanos en los diversos sectores territoriales, el cual su objetivo era generar espacios de discusión y reflexión sobre los problemas que aquejan a la comunidad y cómo buscar los caminos para un Chile más justo que pudiera de alguna forma, darle dignidad y un buen vivir a las personas. Es así como en la mayoría de los cabildos ciudadanos fue surgiendo la necesidad de construir una nueva carta magna que permitiera destrabar los obstáculos que solo hoy permite crecer a unos pocos, enfatizando el individualismo por sobre lo colectivo o comunitario, síntoma del sistema neoliberal que Chile experimentó desde hace más de treinta años, con la actual constitución que viene desde tiempos de la dictadura, que por cierto, fue diseñada entre cuatro paredes liderados por uno de los mayores intelectuales del fascismo, racismo y clasismo de la ultraderecha chilena de este último siglo como fue el senador Jaime Guzmán.

Estos cabildos han sido un espacio también para demostrar la importancia de reconocernos como un país plurinacional, en la cual no solo los pueblos indígenas son parte de dicha plurinacionalidad, sino también el pueblo afrodescendiente que si bien fuimos hace poco reconocidos legalmente, estamos antes que se construyera la República de Chile. Visibilizar a estos pueblos a través de un reconocimiento constitucional es reparar el daño que se les hizo negándole sus derechos ancestrales y territoriales. Hoy el pueblo afrodescendiente tiene la oportunidad de ser partícipe de este proceso que hoy se está iniciando con miras hacia una nueva constitución, la cual permitirá reafirmar y garantizar más plenamente el futuro y la sustentabilidad del pueblo tribal afrochileno.

Hoy, diversos sectores de partidos políticos firmaron un acuerdo de paz y justicia social, que se traduce en poder discutir si es necesario crear una nueva carta de navegación donde todos y todas seamos parte de este Chile. Un acuerdo que si bien fue hecho a espalda del pueblo chileno, es lo único que hoy existe, una esperanza que visiblemente pueda buscar el camino a la estabilidad de este país. Es en este proceso donde actualmente se está discutiendo la metodología y formas de participación para una consulta y posteriormente un proceso constituyente en Chile, donde lamentablemente la derecha ha demostrado lo que históricamente ha practicado: invisibilizar tanto a pueblos indígenas como afrodescendientes.

La demanda histórica tanto de los pueblos afrodescendientes como indígenas, han sido basados en lo que respecta a la sustentabilidad de sus pueblos y comunidades ancestrales, basados en: el territorio, sus recursos naturales, la lengua, la espiritualidad y el patrimonio cultural inmaterial, todo esto vinculado al equilibrio en su cosmovisión como pueblos preexistentes a la construcción del Estado-Nación. En este sentido, el reconocimiento constitucional de dichos pueblos será también la oportunidad de que el Estado de Chile reivindique la dignidad de los afrodescendientes e indígenas que por más de quinientos años han sido violentados sus derechos, en los cuales han pasado muchas constituciones que solamente han profundizado el racismo estructural invisibilizándolos en la participación de construir este Chile.

Para el caso del pueblo tribal afrodescendiente chileno, si bien existe una reciente ley de reconocimiento, es necesario y la oportunidad de que puedan ser parte plena y participativa en este nuevo proceso de construcción de un Chile diverso, plurinacional y multicultural. En este sentido, nuestro pueblo afrochileno tiene los argumentos jurídicos no solo a nivel nacional como es la ley 21.151, sino también la convención sobre pueblos indígenas y tribales como es el convenio 169 ratificado hace más de diez años por el Estado de Chile y la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de Unesco, ambos convenios tiene rango constitucional, lo que obliga a no desentenderse de incluir a nuestro pueblo afrodescendiente en todo el proceso de discusión tanto de mecanismos de participación como estructurales de una nueva constitución para Chile.

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¿El fin de los modelos? El modelo económico y el de representación política en caída libre

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Por Owan Lay Gonzáles.                                                                                    

owanA propósito de lo que venimos observando en América Latina, es necesario decir que no solo estamos siendo testigos del desgaste del modelo económico en el mundo, sino que estamos observando también cómo el modelo político de la democracia liberal y representativa sigue profundizando su fractura.

Este fenómeno tiene diversas formas de manifestación, como la exacerbada polaridad política, que ha tenido como resultado la elección de Donald Trump, en Estados Unidos; la entrada nuevamente en el escenario, y con mayor potencia, de los partidos ultraconservadores en Europa en países como Austria, Hungría, Polonia e incluso Alemania, en Sudamérica el ingreso al gobierno de Bolsonaro en Brasil; y los intentos de perpetuarse en el poder en países como Venezuela o Bolivia.

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