Viernes, 22 Octubre 2021

logo para cedet                                            Año 2021. Edición N° 15 / Registro ISSN-L: 2709-8079

TEMA En memoria de Carlos Velarde Reyes (Cito). A cinco años de su partida. Sus documentos de trabajo y opiniones que guardan vigencia

COLUMNISTAS

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La información estadística en el diseño de política pública para la población afrodescendiente

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La información estadística es considerada de suma importancia para poder determinar la situación de una población, y en políticas públicas poder aplicar las más convenientes de acuerdo a las necesidades. Esta información estadística, por supuesto, debe ser relevante, oportuna y precisa. Relevante, pues debe tomar aquellos aspectos de la realidad que realmente son necesarios. Debe ser oportuna, pues al ser una aproximación temporal a la realidad, debe cubrir de la mejor manera posible la realidad actual. Debe ser precisa, no solo en cuanto a medición sino en cuanto al ámbito de la medición. De allí las políticas públicas podrán diseñarse para ser aplicadas correctamente al sector que lo necesita con medidas específicas para ese sector.

En ese sentido, vale la pena reflexionar sobre cuál es la información estadística que devenga en políticas públicas aplicables a la población afrodescendiente, en especial porque tratándose de un tema en el que los estereotipos son parte del problema, es muy probable que estos mismos influyan en el tratamiento que se le otorgue, inclusive desde un punto de vista exclusivamente técnico.

  1. Tipo de información estadística.
    • Variables sobre tipo de población

El primer problema que encontramos al afrontar el tema de los afrodescendientes es el de su definición. Muchos usan indistintamente el término afrodescendiente como el de afroperuano, asumiendo que se trata del mismo concepto o, aunque sepan que son conceptos diferentes, asumen que corresponden a la misma realidad. Son dos conceptos distintos y es necesario distinguirlos para tener una idea más objetiva de la realidad.

Mientras que afrodescendiente nos habla de la composición genética y nos dice que la persona calificada como afrodescendiente lo es porque hay un origen africano en su composición genética, y que este es relevante, en cuanto se manifiesta por ciertas características anatómicas comunes en los pobladores del África sub sahariana.

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Sobre una supuesta deformación racista en José Carlos Mariátegui

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“… mi esfuerzo no tiende a imponer un criterio, sino a contribuir a su formación” por José Carlos Mariátegui, intermezzo polémico

José Carlos Mariátegui (1894-1930) es un hito en la reflexión política del Perú. Considerado fuente del pensamiento socialista, es fundamental referencia en el análisis social. Su influencia da origen a diversas corrientes que se consideran herederas del amauta peruano. Posiblemente los Siete Ensayos sea el libro con mayor cantidad de ediciones, y de mayor difusión e influencia histórica. Su solo nombre inspira el respeto merecido por su calidad intelectual, su compromiso social y sus virtudes humanas largamente reconocidas. Por ello, cuando se intenta presentar alguna posición crítica a sus pensamientos, muchos asumen un filial rechazo a priori, a imagen de la indignación que le produce al fetichista que profane su fetiche. Por supuesto esta actitud no es racional, pero puede estar racionalizada, es decir, enmarcada en una argumentación que rechace de una manera intelectual aquella ofensa agresiva dada contra el icono del pensamiento social. Algo de eso hemos sentido algunos admiradores del pensamiento y línea ideológica del amauta, al leer y comentar aquellas críticas que se aplicaron a José Carlos Mariátegui por expresiones racistas contra los negros.

Es precisamente en su obra cumbre, evidentemente los Siete ensayos, en los que se encuentran estos textos que contendrían una carga abierta y descarnadamente racista. Releerlo, con los ojos de un comprometido en la lucha contra el racismo es un tremendo reto, pues supone dos cosas, por un lado, la posibilidad de encontrar una negativa actitud en un referente fundamental para las concepciones socio política e ideológicas, y por el otro, no haber caído en cuenta de ese texto, a pesar de haber sido leído tantas veces, y en algunos casos como material fundamentalista de opción ideológica. Pero las lecturas sí son discriminadoras, es decir, uno lee lo que dice el autor de acuerdo a lo que a uno le interesa del autor, y probablemente en el inconsciente se habría reprimido el contenido o trascendencia de aquella lectura. Sin embargo, hay algo más real y grave. Las lecturas fundamentales de Mariátegui se realizan en la temprana edad en la que no comprendía el problema de los afroperuanos, y por tanto estaba ajeno a su problemática, salvo las internacionales solidaridades con los compañeros Luther King, Patricio Lumumba, y Angela Davis, que eran mi referente sobre la lucha contra el racismo. Conviviendo con hermanos negros, admirando a cantantes negros, boxeadores negros, futbolistas negros, economistas negros, y bajo la óptica de una sociedad de solamente dos clases, cualquier conflicto diferente era producto del proceso histórico que se superaría con el ascenso del socialismo.  Por ello, iniciando esta reflexión, que por enésima vez me devuelve a la lectura del admirado ensayista del siglo pasado con las ganas de descubrir la trampa, si es que existía, o el sentido, si lo tuviera.

Es interesante comenzar por el texto más citado, porque el ensayo en el que se encuentra esa deformación racista es “acerca de la religión”, tema de muchas posibilidades y perspectivas en el pensamiento mariateguiano, en especial por el tema del mito y el alma matinal, y precisamente comienza por ese famoso texto, para todo el que recibió el curso de comunicación integral en católica: “Han tramontado definitivamente los tiempos en que el apriorismo anticlerical”, con los que se criticó su lenguaje no apto para proletarios, que serían los lectores habituales del amauta. En realidad, Mariátegui no escribió los Ensayos para lectores proletarios, lo escribió dirigiéndose a la intelectualidad de la época, y adoptó un lenguaje erudito, posiblemente porque era el uso, y además por remarcar aún más su calidad de autodidacta. Y digo que es sorprendente, porque ese comienzo es una severa crítica a todas las críticas que surgían injustamente contra el clero, solo por serlo, que asumían que el clero era nocivo, que había que atacar todas las muestras de religión, religiosidad, etc., es decir, el apriorismo anticlerical. Este apriorismo anticlerical tiene un representante de notoriedad en el pensamiento peruano, y es don Manuel Gonzáles Prada, quien literariamente ha sido juzgado con justa benevolencia, sin embargo, su trascendencia en el pensamiento social no ha pasado de formar parte de una figura interesante, pero sin generar seguimiento político. Y deberíamos notar que José Carlos Mariátegui tuvo un especial respeto por Gonzáles Prada y admiración personal, lo que no redujo su actitud polémica ante la pura crítica.  Mariátegui puede criticar el papel de la Iglesia en la construcción histórica del Perú, pero no lo hace de forma apriorística, y esto es fundamental en todo su pensamiento. Esto es racionalismo puro, inserto en la metodología. A partir de esto, concebir un Mariátegui racista, debería ser imposible, pues el racismo es una especie de apriorismo, más radical, no compatible con este pensamiento. Sin profundizar más, podríamos afirmar que el pensamiento de Mariátegui, como cuerpo ideológico, no es racista, ni tiene bases para sustentar el racismo.

Entonces, ¿por qué se encuentra racismo en las afirmaciones de Mariátegui? Vayamos a la lectura misma del texto:

“El esclavo negro prestó al culto católico su sensualismo fetichista, su oscura superstición. El negro trasudaba por todos sus poros el primitivismo de la tribu africana”.

Sensualismo: “se llama así a aquella doctrina según la cual todos los fenómenos psíquicos superiores tienen su origen último en los sentidos. Desde el punto de vista gnoseológico, es una forma de empirismo. Pero el empirismo no se limita solamente a la percepción sensible, mientras que el sensualismo entiende que esta es la única fuente de conocimiento”.  Enciclopedia de la Cultura Española, Madrid 1968.

Es probable que fuera de contexto al hablar de sensualismo del esclavo negro, entendamos de manera equívoca el concepto. Mariátegui, que a pesar de su formación autodidáctica, es sin embargo un erudito y utiliza de esa manera el lenguaje, sin embargo aquí el concepto se refiere al conocimiento en el ámbito de la religión. Un sensualismo fetichista nos habla de una relación con la trascendencia por medio de objetos visibles, a los que se le otorga un poder mágico, esto es el fetiche, que puede ser sagrado o puede tener la categoría de Tabú. Para el culto católico esto es una superstición, evidentemente. No habría en el término sensualismo ninguna carga que se refiera al aspecto sexual de la interpretación más restringida en la que devino. Por lo contrario, ese sensualismo fetichista se lo presta el esclavo negro a la Iglesia Católica. Lo que indica que este sensualismo fetichista está presente en la práctica presente (en la época de Mariátegui) de la Iglesia Católica, y de alguna manera se refiere a la necesidad de contar con objetos representativos de la divinidad, a los que pueda tocar, conservar, utilizar, manipular. No son simplemente los íconos, de tanta importancia en el catolicismo oriental, pero también en el romano, sino algo más ligado a los pequeños objetos divinos (Shangó. Yemayá, Oshun, etc.). Este sensualismo fetichista se manifiesta de manera especialmente evidente en la santería cubana, pero también en Brasil, y tiene mucho que ver con los altares familiares, o personales de “estampitas” y representaciones de santos, que se encuentran en la religiosidad popular católica en el Perú. La Iglesia no combate estas manifestaciones, más bien las apoya, ya que significan un distanciamiento con la temática iconoclástica del cristianismo protestante. Además, las bendiciones oficiales le conceden autoridad espiritual al clero, por tanto, beneficia la permanencia del catolicismo. Por otro lado, Mariátegui es polémico al escribir, lo que quiere decir que a pesar de tocar un tema universal, se enfrenta a un lector tipo a quien dirige sus argumentos, y aplica sus giros, desarrollando muy frecuentemente la ironía, de una manera tan sutil que pareciera no verse, pero que en este texto sí se aprecia. El sujeto polémico es el católico, porque la religión católica es oficial, mayoritaria, y con autoridad. Lo que hace es aplicarle al catolicismo lo que el catolicismo afirma de la religión tribal primitiva: es una superstición fetichista y sensualista, le responde: ese sensualismo fetichista está incorporado en tu práctica religiosa.

En segundo lugar, podemos encontrar la misma lógica en el hablar de “oscura superstición”. El término oscuro podría ser concebido como un prejuicio negativo, pero esto no se aplica de ninguna manera al estilo de Mariátegui. El término oscuro está con relación al conocimiento de la superstición, es decir, es oscura porque no se le conoce, porque proviene de regiones desconocidas, oscuras, y en todo caso, estaría más cerca del concepto de oscurantismo, como manifestación religiosa. Oscuridad es ausencia de luz, y una superstición es oscura, más porque no se le conoce. Usar superstición, es también usar el código lingüístico de la Iglesia oficial. Sirve para reafirmar en la polémica que lo afirmado afecta una parte fundamental de la concepción teológica: incorporación de la superstición. Mariátegui, quien nunca proclamó un ateísmo militante y más bien condujo a su hijo mayor a la Iglesia por el sacramento del bautismo, es un admirador del espíritu protestante, que al partir de una interpretación más personal de la Biblia, también genera un espíritu capaz de afrontar retos, como los pioneros norteamericanos. Pero la admiración no significa para él conversión, su espíritu es sincrético siempre, entonces descubre que esos valores que alentaron una mentalidad burguesa (ahora diríamos competitividad), no es ajena ni contraria a la que podría funcionar en la misma Iglesia Católica, sin embargo, el papel del clero, en ese aspecto, fue contrario, e inclusive asume lo que en su misma doctrina es superstición, con la finalidad de permanecer como Institución.

El tercer aspecto polémico es la aplicación del trasudar primitivismo. El verbo trasudar, usado mucho por Cervantes, es una analogía en la que quiere mostrar la integridad de manifestación del primitivismo, posiblemente la palabra más infeliz sea el primitivismo ya que podría haber usado naturalismo u otra forma, pero ese primitivismo expresaría un desconocimiento radical de la realidad africana, con una construcción de civilizaciones muy distantes de ser primitivas. Desconocimiento que era común en la intelectualidad de la época, el primitivismo como “Condición, mentalidad, tendencia o actitud propia de los pueblos primitivos”, asume la calificación de primitivos a los pueblos africanos, lo que debiera ser inaceptable para un intelectual de su nivel. Como imperdonable agregado que coronaría este desconocimiento, reafirma su texto con la infeliz cita de Javier Prado, de quien no se tiene buen recuerdo debido a sus afirmaciones y actitudes racistas, que no han impedido que se le reconozca con el nombre de una de las calles más importantes de Lima. Pero volvamos al estilo de Mariátegui: no está escribiendo teoría sobre los pueblos africanos, está polemizando con la Iglesia Católica y sus representantes intelectuales convictos y confesos, por ello la importancia de la cita de Javier Prado: uso tus argumentos, cito a tus autores para demostrar tu actitud real.

El término primitivismo es entendido por el mismo Mariátegui como un argumento de las clases explotadoras para justificar el sistema de dominación, o de explotación: “el interés de la clase explotadora… ha tendido invariablemente… a explicar la condición de las razas indígenas con el argumento de su inferioridad, o primitivismo”.  Inclusive cita al sociólogo Wilfredo Pareto, quien critica el concepto de raza y civilización como justificación de la intervención europea en los países africanos.

La forma como incorpora la situación de los negros la podemos encontrar más adelante, cuando afirma: “El indio no ha podido ser nunca reemplazado en las faenas agrícolas de las haciendas costeñas sino con el esclavo negro o el coolí chino”.  El problema de la raza es en realidad el problema indígena, que significa la explotación feudal de los nativos en la gran propiedad agraria. En este contexto es fácil entender que Mariátegui está equiparando la condición de los indígenas y la de los esclavos negros, aunque por razones de identidad rescate los valores de la cultura indígena, dado el contexto geográfico. En la p. 27 afirma, “los elementos feudales o burgueses, en nuestros países, sienten por los indios, como por los negros y mulatos, el mismo desprecio que los imperialistas blancos”.

“La raza negra, importada a la América Latina por los colonizadores para aumentar su poder sobre la raza indígena americana, llenó pasivamente su función colonialista. Explotada ella misma duramente, reforzó la opresión de la raza indígena por los conquistadores españoles. Un mayor grado de mezcla, de familiaridad y de convivencia con estos en las ciudades coloniales, la convirtió en auxiliar del dominio blanco, pese a cualquier ráfaga de humor turbulento o levantisco. El negro o mulato, en sus servicios de artesano o doméstico, compuso la plebe de que dispuso siempre más o menos incondicionalmente la casta feudal”. (p 27s).

A la luz del conocimiento de la situación de los negros en la colonia, Mariátegui ve el proceso de afirmación del dominio colonial, en el que su incorporación favorecía los medios de dominación. En especial ve el papel de los negros incorporados al trabajo doméstico. Esto es un error de análisis, no porque Mariátegui tenga un criterio racista, sino porque hace un análisis simplista del papel del esclavo negro en la economía colonial, pasando por alto inclusive cuestiones tan simples como equiparar negro y mulato, cuya identificación en la estratificación de castas en la colonia estaban también orientadas al orden colonial, y tenían respuestas diferentes.

Sin embargo, su conclusión es totalmente válida en su entorno ideológico, cuando más adelante afirma que “la industria, la fábrica, el sindicato, redimen al negro de esta domesticidad. Borrando entre los proletarios la frontera de raza, la conciencia de clase eleva moral, históricamente al negro”.

Claro que entendemos, entonces que el problema del papel del negro en la colonia, para Mariátegui, es su domesticidad., El rechazo del racismo en Mariátegui es militante, el racismo no tiene ninguna justificación racional, apoyándose en Bujarín quien resalta la civilización de los kushitas en las Indias antes que los hindúes.

Por supuesto que este sustento contra el racismo como fenómeno justificador de la explotación le sirve para enfrentar al proceso inverso, que afirma que la creación de una nueva cultura americana será esencialmente obra de las fuerzas raciales autóctonas. “Subscribir esta tesis es caer en el más ingenuo y absurdo misticismo” (p. 30). “La raza india no fue vencida, en la guerra de la conquista, por una raza superior étnica o cualitativamente; pero sí fue vencida por su técnica que estaba muy por encima de la técnica de los aborígenes”

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“En todo esto, la influencia del factor raza se acusa evidentemente insignificante al lado de la influencia del factor economía”

No hay prejuicio de Mariátegui contra el negro, como algunos pretenderían insinuar, a partir del texto inicial que trabajamos, como no lo hay cuando afirma que “El indio alfabeto, al que la ciudad corrompe, se convierte regularmente en un auxiliar de los explotadores de su raza” (p. 33)

Cómo, entonces, enfrentar el importante tema de la raza y el racismo. Mariátegui continúa: “El realismo socialista segura y precisa en la apreciación y utilización de los hechos sobre los cuales le toca actuar en estos países, puede y debe convertir el factor raza en factor revolucionario”. (p 33).

Más adelante trata el tema de los negros específicamente, con una afirmación muy general en cuanto a que el negro, importado por los colonizadores, no tiene arraigo a la tierra como el indio, casi no posee tradiciones propias, le falta idioma propio (p 52). En realidad, es una suma de negaciones, con la única afirmación que están trabajando preferentemente en la industria, por tanto, están en la base de la producción y la explotación. Cita luego la intervención de un delegado brasileño, quien realiza un infeliz análisis de la situación del negro en Brasil. Si bien lo cita entrecomillado, y nos estamos refiriendo a un informe de carácter colectivo, sin embargo, se trata de una ponencia, por lo tanto comparte los criterios presentados. El error consiste en no darse cuenta de la magnitud del problema racial en Brasil, aunque la verificación la constatamos a partir de estudios más recientes, no se podría pasar por alto las manifestaciones visibles existentes ya en la época.

En las conclusiones, Mariátegui afirma “los indios y los negros que son en común y por igual, objeto de la explotación más intensa, constituyen por estas múltiples razones masas inmensas, que unidas a los proletarios y campesinos explotados, mestizos y blancos, tendrán que insurgir revolucionariamente…” (p. 55), lo que equipara el papel de las masas como negros e indios, sin embargo no reconoce en los negros más que la afinidad de la raza, mientras que en los indios encuentra afinidad por raza, cultura, idioma y apego a la tierra común. Esto no es negar identidad, es identificar la afinidad, sin embargo es importante considerar que el uso y la costumbre van construyendo identidad, por ello la afinidad puede incorporar los otros factores, y descubrir en los afrodescendientes afinidad también por cultura, idioma y apego a la tierra común, nada más que esta cultura, idioma y tierra común no es África, sino es el territorio peruano. Decir lo contrario sería una negación patente de identidad cultural y territorial y podría ser una afirmación equivocada de Mariátegui, pero no una deformación racista. El devenir de la identidad nacional implica la interacción de los distintos factores sociales. Si Mariátegui asumiera que la procedencia originaria es la que identifica cultura, idioma y apego a la tierra común, estaría negándose a sí mismo como hispano descendiente al mismo tiempo de tener ascendencia indígena. Esto no es real, Mariátegui polemizó de manera muy racional con el indigenismo, y sus ensayos intentan dar respuesta a la sistematización de los elementos que conforman la identidad nacional, integrada.

La noción de identidad afroperuana o afrodescendiente en general, es absolutamente desconocida para Mariátegui, evidentemente, identifica a la raza negra, así como la india, exclusivamente a lo que se considera raza pura. Agrupa a los mestizos de indio y mestizo de negro como mestizos y mulatos. Estos no tienen reivindicaciones sociales propias, salvo el libertarse del desprecio que el blanco hace pesar sobre él. Sin embargo, este es el punto de partida esencial de la lucha de estos grupos: el combate al racismo y la discriminación, que es sustento de la dominación social económica.

Para Mariátegui “En todos los países los negros tienen que luchar por sus reivindicaciones de carácter proletario más fuertemente que contra los prejuicios y los abusos que son víctimas como negros”. Y en sus conclusiones “Esta (la raza negra) ha perdido contacto con su civilización tradicional y su idioma propio, adoptando íntegramente la civilización y el idioma del explotador; esta raza tampoco tiene arraigo histórico profundo en la tierra en que vive, por haber sido importada de África”. La razón está en que “Todos los factores señalados, si no quitan por entero el carácter racial al problema de la situación de la mayoría de los negros o indios oprimidos, nos demuestran que actualmente el aspecto principal de la cuestión, es económico y social y tiende a serlo cada día más, dentro de la clase básicamente explotada de elementos de todas las razas”.

Mariátegui sí valoriza las reivindicaciones indígenas, así dice “Nuestro socialismo no sería, pues, peruano, -ni sería siquiera socialismo- si no se solidarizase, primeramente, con las reivindicaciones indígenas”. Posiblemente este sea un factor cuestionable, pues al desconocer las reivindicaciones de los afrodescendientes, está discriminando en la propuesta política las comunidades afroperuanas. Pero esto no es una discriminación positiva, el problema es económico y social para los mismos indios, por tanto, estas reivindicaciones son segundas, con respecto al criterio de identidad que genera la pertenencia a una clase explotada, en la cual no se discrimina sino por situación social. Si se centra la lucha en las reivindicaciones indígenas, o en las reivindicaciones de un pueblo afroperuano, se tiende a perder la perspectiva de la contradicción principal, que es la explotación social.

No creo que con esto agote la polémica, pero considero que es equivocado atribuir afirmaciones racistas a los textos citados de Mariátegui, y más bien debería servir a la polémica sobre el sentido de las luchas reivindicativas de los grupos étnicos, adónde apuntan sus reivindicaciones y cómo se integran a la construcción de una sociedad integrada, democrática y libre de todo tipo de discriminación y explotación.

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Paradigmas culturales de los afrodescendientes

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El juicio social, o tratar de ver el Alcatraz desde una perspectiva estructuralmente dialéctica

  1. ALGUNAS DIGRESIONES EN TORNO AL MÉTODO
  2. EL MARCO ESTRUCTURAL

Para el análisis social existen muchas herramientas nuevas o renovadas, a las que el analista acude con el afán de adquirir un mejor conocimiento, por supuesto, de la realidad social. Se van presentando con propuestas metodológicas que van limpiando de los prejuicios ideológicos, o evitándolos, apareciendo luego estructuras de análisis con un rigor científico objetivo tan grande como la clasificación que se utiliza para el caso de la estratificación social, en la que en los períodos arcaicos unos hablaban de burgueses y proletarios (con la variación de pequeño burgueses y lumpen proletarios), otros nos dividían en una clase alta, otra media y otra baja, manifestando de esa manera por un lado una clasificación respecto a la posesión de los recursos económicos, y otra una posición de acuerdo a su calidad de vida. Modernos expertos en análisis social lo pensaron mucho seguramente, y ahora tenemos sectores a, b, c y d.

Texto completo aquí.

 

 

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  1. ALGUNAS DIGRESIONES EN TORNO AL MÉTODO
  2. EL MARCO ESTRUCTURAL

Para el análisis social existen muchas herramientas nuevas o renovadas, a las que el analista acude con el afán de adquirir un mejor conocimiento, por supuesto, de la realidad social. Se van presentando con propuestas metodológicas que van limpiando de los prejuicios ideológicos, o evitándolos, apareciendo luego estructuras de análisis con un rigor científico objetivo tan grande como la clasificación que se utiliza para el caso de la estratificación social, en la que en los períodos arcaicos unos hablaban de burgueses y proletarios (con la variación de pequeño burgueses y lumpen proletarios), otros nos dividían en una clase alta, otra media y otra baja, manifestando de esa manera por un lado una clasificación respecto a la posesión de los recursos económicos, y otra una posición de acuerdo a su calidad de vida. Modernos expertos en análisis social lo pensaron mucho seguramente, y ahora tenemos sectores a, b, c y d.

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