Miércoles, 17 Octubre 2018

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Materialidad y museo: acción educativa, responsabilidad pública y lucha antirracista

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Por Danielle Almeida (Brasil).

danieeleBrasil atraviesa uno de los momentos más críticos y sombrío de su historia. En medio del avance mundial y sistemático del conservadurismo, de las políticas genocidas, del neoliberalismo desenfrenado, la sociedad brasileña sufre de una severa crisis ética en la política y de la total incertidumbre de su pueblo hacia el futuro.  El 12 de mayo de 2018 se cumplió dos años del insolente golpe de estado sufrido por la joven democracia brasileña, un golpe que de acuerdo con los analistas, representó en su conjunto de desmontes - aún en los primeros doce meses - lo equivalente a cincuenta años de retroceso especialmente en los sectores sociales, lo que afectó y sigue afectando directa y contundentemente a la población negra del país. Considerando que 2018 también es el año de elecciones presidenciales y que el golpe se sigue moviendo sórdidamente adentro de las estructuras corrompidas del legislativo, ejecutivo y del judiciario, el resultado de los análisis de cómo está la situación del país, atemoriza y pone en alerta a todos los que están de alguna manera involucrados con las luchas por justicia social.

Por lo mencionado y de acuerdo con el título propuesto, trataré en el desarrollo del presente texto reflexionar cómo pueden las prácticas pedagógicas y educativas en un museo, que históricamente es una institución elitista y excluyente, aportar al enfrentamiento del racismo, a la construcción de conciencia política y al fortalecimiento de la autoestima de las personas negras.

Para empezar ¿Qué es un museo?


[1] Cantora activista; maestra en Ciencias de la Educación por la Universidad de Monterrey (México); especializada en Historia de África y de los Afro-brasileños por la Universidade Federal de Minas Gerais / Casa das Áfricas; licenciada en Música por la Universidade Federal de Pelotas. Desde 2002, orienta sus estudios en las áreas de música afrolatinoamericana, educación de las relaciones raciales y manifestaciones culturales afrodescendientes en América Latina. Actualmente es parte de la Coalición  de Mujeres Negras Feministas y educadora en el Museo Afro Brasil.

De acuerdo a las definiciones y artículos de diccionarios, los museos son instituciones de carácter público y permanente, dedicadas a la memoria a través de la conservación,  adquisición, estudio y exposición al público de acervos artísticos,  históricos, culturales y científicos. Tal como lo conocemos hoy, los museos surgen en Europa, más específicamente en Inglaterra en el siglo XVII. Antes, desde la edad media, las colecciones de arte, de documentos etc. estaban circunscriptas a la aristocracia y, especialmente, a la Iglesia. De esa manera, no sería difícil imaginar que probablemente está en Europa la mayor cantidad de museos de todo el mundo, una vez que la difusión de espacios designados a la conservación de obras de arte y de memoria se propagó considerablemente en ese continente a partir del siglo XVI.

Se hace importante recordar que mientras surgían galerías, se incrementaban las colecciones y se inventaban los conceptos de arte en Europa, también se instituían y se fortificaban las empresas colonizadoras en Abya Yala;[1] se establecía el sistema de producción esclavista en el mundo; se sistematizaba los secuestros de mujeres, hombres y niños africanos para que fueran vendidos como esclavizados; crecía y avanzaba el capitalismo; las violaciones a los cuerpos de las mujeres negras e indígenas consumaban el mestizaje; toneladas de oro, plata y de madera de América eran robados y trasladados hacia Europa; se llevaba a cabo el genocidio de los pueblos originarios del “nuevo continente”. Todo al mismo tiempo.

Por las razones mencionadas, se hace importante aún subrayar que la expansión artística, así como la preservación de la memoria blanco-europea a través de los museos, fueron procesos fomentados gracias al financiamiento de  las mismas élites que invertían en los saqueos, secuestros y en las millones de muertes en América y en África. Así, ¿cómo pensar el origen de la institución museo sin pensar en opresión, colonización y esclavismo? Como nos hace recordar el gran intelectual maliano Amadou Hampaté Bâ (1982), en el mundo “todo se liga y todo es solidario”. De esa forma y teniendo presente la relación que existe entre los hechos y las cosas, reflexionar sobre los museos, su origen y sus finalidades, también significa expandir la mirada hacia la reflexión crítica sobre a qué y a quién sirven tales instituciones y cómo podemos transgredirlas.

En Brasil, un osado proyecto gana vida en el año 2004. Como resultado de la lucha de los movimientos sociales, de las acciones afirmativas implementadas en el gobierno Lula y, sobretodo, como resultado de más de dos décadas de investigaciones y empeño del renombrado artista y curador negro, Emanuel Araújo, nace el Museo Afro Brasil. Una institución dedicada a contar, a través de su acervo, la historia de los africanos y sus descendientes más allá de la esclavitud, evidenciando y valorando sus aportes intelectuales, tecnológicos, científicos y culturales del país que más recibió personas traficadas durante el sistema esclavista.[2]

Un proyecto audaz en una sociedad donde el racismo es estructural e institucionalizado y que por ello resulta genial en una sociedad desigual, injusta y excluyente desde su fundación. Ubicado en la capital económica[3] del país que lo nombra, el Museo Afro, como comúnmente es llamado, se denomina como un museo de cultura brasileña, sin embargo es a la vez, uno de los acervos más importantes de la memória afrodiaspórica en el mundo. Así como sugiere Emanuel Araújo, en el texto Museu Afro Brasil: Um conceito em Perspectiva,[4] la experiencia del negro brasileño

é indissociável da experiência de desenraizamento de milhões de seres humanos graças à escravidão. Assim, assumindo essa perspectiva, o Museu Afro Brasil, sendo um museu brasileiro, não pode deixar de ser também um museu das sociedades afro-atlânticas no Novo Mundo (ARAÚJO, 2006).

 Son once mil m² de estructura, más de seis mil obras en el acervo de larga duración entre pinturas, esculturas, grabados, fotografías, documentos y piezas etnológicas de autores brasileños y extranjeros, una expografía que no hace distinción de valor entre lo que es considerado popular y erudito, ahí todo es obra de arte en el continuo intercambio entre Brasil y África. El conocimiento popular, sus actores y productores son valorados y visibilizados, se refleja la interacción de saberes en la organización de los núcleos temáticos, África: Diversidad y Permanencia, Trabajo y Esclavitud, Religiones Afrobrasileñas, lo Sagrado y lo  Profano, Historia y Memoria, toda la visualidad que crea estos núcleos ayuda a contar la historia brasileña y, tal como sugiere la coordinadora de plan curatorial, Ana Lúcia Lopes, las exposiciones del acervo del Museo Afro Brasil, tienen por objetivo

desconstruir um imaginário da população negra, construído fundamentalmente pela ótica da inferioridade ao longo da nossa história e transformá-lo em um imaginário estabelecido no prestígio, na igualdade e no pertencimento, reafirmando assim o respeito por uma população matriz de nossa brasilidade (LOPES, s./d.).

 

 El museo no existe solamente en su materialidad, el museo existe sobre todo, por la gente que lo construye diariamente, profesionales especialistas en museología, historia, ciencias sociales, antropología, artes, educación, etc., profesionales del mantenimiento, seguridad, orientación de público, todos dedicados a construir un espacio que pudiera registrar, preservar y argumentar en contra de la historia oficial - racista y blanco centrada - que minimiza y enmudece, cuando no anula, la participación protagonista de mujeres y hombres negros en la construcción del país.

No obstante y a pesar del espacio ser en sí mismo una afronta al discurso racista en la sociedad y en el mundo del arte, se verifica que es la acción pedagógica bajo la responsabilidad del Núcleo de Educación, que permite una interpretación del acervo de forma contextualizada y conectada a hechos históricos, sociales, cotidianos y contemporáneos, ayudando a construir en el público visitante sentido y pertenencia histórica una vez que no se trata del otro y sí de la historia y cultura de todos y de cada uno.

Nosotros los educadores especialistas en diversas áreas, negros y no negros, tenemos en las manos la mayor materialidad sobre cultura afrobrasileña que hay en el territorio, diariamente recibimos grupos de varias regiones de Brasil e, incluso, del extranjero. Estudiantes de todo el sistema educativo público y privado, maestros y profesionales de la educación, artistas, diplomáticos, público en general. Todos son conducidos en el espacio bajo el compromiso que tenemos con la construcción colectiva de conocimientos que puedan subsidiar otras interpretaciones de la historia del país y de lo que estamos viviendo, sin los filtros manipuladores que actúan a través de los medios, de la escuela, de los libros didácticos creando históricamente un sin número de estereotipos en el imaginario de negros y no negros, el sentimiento de inferioridad de la gente racializada y el sentimiento de superioridad de los blancos hacia los demás que crea y mantiene privilegios desde siempre.

Las visitas mediadas por los educadores son para provocar reflexiones a través del debate, del encantamiento y de la belleza. Aunque se trate de hablar de temas duros como la esclavitud, se privilegia dilucidar las formas de organización, cimarronaje, resistencias y el gran abanico de saberes traídos por las personas en situación de esclavitud por ejemplo, siempre evocando el protagonismo de los sujetos y estableciendo un vínculo del pasado con el presente y sus desdoblamientos en nuestras vidas hoy. Nuestro objetivo es posibilitar al público el entendimiento de que hablar de la población negra y de sus contribuciones históricas y sociales nos es hablar de la minoría, al revés, es hablar de 54, 9% de los 205 millones de brasileños,[5] es provocar la reflexión de que hablar de protagonismo negro es rescatar las humanidades de millones de personas masacradas diariamente por el racismo, por la necropolítica,[6] por el sistema jurídico y económico que empobrece cada vez más a las personas negras. Sin embargo, tratar de los temas mencionados es también provocar la reflexión acerca de los privilegios y del sentimiento de superioridad blanca que se retroalimenta de desgracias; es despertar a los visitantes, especialmente blancos o no racializados, la reflexión de que el combate al racismo no es una responsabilidad solo de las personas negras, que la responsabilidad frente a la lucha antirracista y a la justicia social es un deber de todos.

Las acciones pedagógicas ejecutadas diariamente  por los educadores, es lo que expresa más directamente el ideal de su idealizador y curador cuando en el artículo Museu Afro Brasil: Um conceito em Perspectiva, Emanuel Araújo, refleja su idea de museo, de acuerdo con Araújo (2006), el Afro Brasil debe ser

um Museu que reflita uma herança na qual, como num espelho, o negro possa se reconhecer, reforçando a autoestima de uma população excluída e com a identidade estilhaçada, e que busca na reconstrução da autoimagem a força para vencer os obstáculos à sua inclusão numa sociedade cujos fundamentos seus ancestrais nos legaram.

Aún según el autor, el Museo Afro Brasil es

Uma instituição que pode servir como instrumento para se repensar novos conceitos de inclusão social, e espelho para refletir uma sociedade enfim disposta a incorporar o outro nas suas diferenças.

Se hace importante aclarar que a pesar de su íntimo compromiso con el combate al racismo, el Museo Afro Brasil es una institución cultural que no fomenta activismos de cualquier naturaleza, así como ser activista no es una condición que se espera del profesional que integra el Núcleo de Educación. No obstante, la educadora o el educador de ese museo debe ser, porque su propia profesión lo determina, un sujeto crítico que tiene esperanza en la transformación social, un agente activo en la lucha antirracista y consciente de su papel político. En razón a eso se crea cotidianamente en el conjunto de las acciones, narrativas contrahegemónicas, estrategias de enfrentamiento y de corrección de las desigualdades. Muchos intentos, diversos logros, acciones urgentes en tiempos nebulosos, combatir el racismo rumbo a la justicia social es el compromiso ético de los educadores y a lo que se propone la acción educativa del Museo Afro Brasil.

Referenciales 

ARAÚJO, Emanuel. Museu Afro Brasil: Um conceito perspectiva. Disponible en http://www.museuafrobrasil.org.br/o-museu/um-conceito-em-perspectiva  

HAMPATÉ BÂ. A tradição viva em a história geral da África, V.I. SP, Ática, UNESCO, 1982.

LOPES, Ana Lúcia. Museu Afro Brasil: exposição de longa duração. Disponible en http://www.museuafrobrasil.org.br/programacao-cultural/exposicoes/longa-duracao 

[1] Palabra del pueblo Kuna que nombraba el continente americano antes de la invasión europea.

[2] Brasil es la mayor población negra fuera de África y la segunda mayor del mundo después de Nigeria.

[3] El museo está ubicado en la ciudad de São Paulo, centro financiero y la más grande ciudad del país.

[4] Disponible en <http://www.museuafrobrasil.org.br/o-museu/um-conceito-em-perspectiva>

[5] A través de las análisis hechas por el Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística - IBGE, a partir de  datos colectados en los censos de autoidentificación, en 2017 se verificó que 54, 9% de la población se auto declara negra. De acuerdo con el IBGE, negro es el resultado de la conjunción de las categorías preto y pardos. El último censo demuestra que 46,7% de la población se auto declara parda, mientras que 8,2% se auto declara prieta.  

[6] La necropolítica denomina tanto políticas nacionales como internacionales de carácter neocolonial; a nivel nacional esto incluye los principales sectores de ejecución de poder estatal sobre la población, que son el poder judiciario, ejecutivo (policial) y legislativo.  

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Discriminación e identidad étnica: mujeres afroperuanas

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Por  Rocío Muñoz Flores.

ROCIODialogar respecto a la situación de las mujeres afroperuanas, nos lleva a poner el acento en la discriminación y el racismo que afectan todas las etapas de su vida, pero al mismo tiempo, en su enorme capacidad de resistir frente a la discriminación y la exclusión. Al respecto, la Red de Mujeres Afrolatinas Afrocaribeñas y de la Diáspora, demanda entre otros temas de agenda, “que se garanticen políticas públicas y programas de combate al racismo y la discriminación, que promuevan la equidad de género y generacional, respecto a la nacionalidad, discapacidad y orientación sexual”.[1] Podemos reconocer que las múltiples discriminaciones–género, raza, clase- son un problema recurrente y sistemático que afectan a la población afrodescendiente y, en particular, a las mujeres.

Algunos estudios en el Perú, han demostrado que la discriminación tiene particular relevancia para las y los afroperuanos. En el 2013, un estudio de la universidad ESAN[2] advertía que el derecho que no se respeta a la población afrodescendiente es el derecho a no ser discriminado (64%), seguido del derecho al trabajo (40%) y derecho a la identidad cultural (40%).

En el 2015, el Ministerio de Cultura y GRADE[3] realizaron un estudio especializado para población afroperuana (EEPA), dicho documento indica que el 57% de los jefes de hogar afroperuanos creen que la discriminación es una causa importante de la pobreza. Anótese, que el 52.3% de la muestra identifica a las mujeres como jefas de hogar, en tanto el 47.7% serían jefes de hogar.

Un dato relevante en el EEPA tiene que ver con las experiencias de discriminación que han sufrido los jefes de hogar. Estas experiencias han sido, principalmente, por raza (32%), seguida de ser pobre o tener un origen socioeconómico bajo (13%). 

Podemos inferir que el color de la piel tiene profunda influencia con las experiencias de discriminación de las mujeres afroperuanas.

En el Perú, el color de piel puede ser determinante respecto de las experiencias de discriminación y las oportunidades de desarrollo. En consecuencia, es oportuno considerar que el contexto descrito puede tener influencia en los procesos de autorreconocimiento respecto de la identidad étnico-racial. Resaltamos que el racismo y sexismo que experimentan las afroperuanas configura un escenario violento y excluyente que aún no es reconocido y atendido en su real dimensión. De otro lado, advertimos que la discriminación racial esta tan normalizada que incluso las redes sociales, pueden ser un espacio donde esta práctica se exacerba sin mayores límites; ser mujer y negra, puede significar ser motivo de insultos y burlas deshumanizantes y profundamente violentos, vulnerando el derecho a la igualdad y a la no discriminación sin mayores consecuencias. Recordemos que el CERD[4] ha recomendado al Estado peruano que “adopte una política nacional integral de lucha contra el racismo y la discriminación racial que promueva la inclusión social y reduzca los altos niveles de desigualdad y pobreza que afectan a los miembros de pueblos indígenas y los afroperuanos”.[5]   Resaltamos que la intersección de género, raza, clase y otras categorías como la sexualidad, configuran contextos altamente violentos, discriminadores y de grandes limitaciones para las mujeres afroperuanas.

En nuestro país, a pesar de algunos avances, queda pendiente trabajar por promover la diversidad cultural y garantizar los derechos de los y las afroperuanas.   En ese contexto, en octubre del pasado año, se realizó el censo de población y vivienda. Dicho censo luego de más de setenta años, incluyó una pregunta para medir la pertinencia étnica racial de los peruanos y peruanas.  Esto permitió que la población afroperuana pueda ser incorporada en el censo lo cual constituye un avance importante, pero al mismo tiempo pone en evidencia tensiones respecto de las identidades que son subvaloradas y no cuentan con reconocimiento. En tal sentido, es particularmente relevante trabajar en el marco de las representaciones y discursos a fin de generar condiciones favorables para el autorreconocimiento principalmente en poblaciones que no son reconocidas y sobre las cuales existen un conjunto de estigmas, prejuicios y estereotipos negativos.

A pesar de lo descrito, es importante señalar que el EEPA indica que el 87.7% de las y los entrevistados se identificaron como “negros, morenos, zambos y afroperuanos” de acuerdo a sus costumbres y antepasados. Así mismo, según información preliminar de la Encuesta Nacional de Hogares 2017 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) la población que se reconoce afroperuana seria del 6.2% respecto al 2.2% del año 2016, este notable incremento puede estar dando cuenta de nuevos procesos donde las identidades buscan visibilizarse desde un discurso político que busca alterar estructuras racistas, opresoras y homogenizantes. Anótese que reconocemos la racialización del cuerpo de las mujeres afroperuanas, por ello, los estereotipos y prejuicios étnico raciales generados alrededor de las afroperuanas, deben ser analizados en diálogo con las violencias de género, en la medida que son un limitante para el ejercicio de derechos fundamentales y ponen en tensión la movilidad social de las mujeres afroperuanas.

Es importante no perder de vista las representaciones respecto de las mujeres afroperuanas y como estas representaciones se inscriben en el cuerpo, generando en algunos casos, rechazo, pero al mismo tiempo potentes respuestas de agencia, como por ejemplo, en la reivindicación y cuidado del cabello afro, así como en articulaciones de mujeres que desde la poesía, el activismo, el afrofeminismo y la investigación, están generando nuevos procesos políticos desde sus identidades y agendas. Es evidente que las mujeres afroperuanas, negras y afronegras, necesitamos seguir fortaleciendo el diálogo y la articulación para construir desde nuestras reflexiones, identidades y feminismos, respuestas frente a la discriminación y exclusión a fin de incidir en nuestros Estados y lograr mejores condiciones para nuestras propias apuestas de desarrollo.

[1] Memoria, Primera Cumbre de Lideresas Afrodescendientes de las Américas.  26 al 28 de junio, 2015, Nicaragua (2015:36).

[2] Estudio para medir la opinión de las personas en relación a los Derechos Humanos. Encargado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Universidad Esan, 2013.

[3] Grupo de Análisis para el Desarrollo.

[4] Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial.

[5] Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial.  Observaciones finales sobre los informes periódicos decimoctavo a vigésimo primero de Perú, aprobadas por el Comité en su 85° período de sesiones (11 a 29 de agosto de 2014).

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¿EXISTE EL FEMINISMO NEGRO?

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Por Mariela Noles Cotito (Perú).

marielaResponder a la pregunta sobre la existencia de un feminismo negro necesita incluir una explicación sobre qué es el feminismo y sobre todo cuáles son algunas de sus principales preocupaciones, además de cuál es la realidad a la que estas responden. Una de las determinaciones que debe hacerse temprano, por ejemplo, cuando se habla de feminismo es que este no existe como entidad singular, sino que en tanto una serie de ideas que responden a un momento histórico particular, el feminismo ha adoptado variantes, ha sido influenciado por su contexto y como resultado, el día de hoy, se puede considerar que este tiene una serie de corrientes. El hilo conector entre estas, sin embargo, es que el “feminismo” se constituye como la idea de que las mujeres son seres humanos. Esta noción, el día de hoy puede parecer simplista u obvia, no obstante, durante la concepción de las ideas feministas, esta no era la realidad para las mujeres.

Si nos remontamos hacia la época de la ilustración europea, y tiempos anteriores, encontraremos escritos de los grandes filósofos del derecho y el Estado que registran el rol de la mujer en esta época. Aun en las primeras concepciones de la construcción de los gobiernos como los conocemos hoy, veremos referencias a la mujer como un sujeto que “por naturaleza” no debe ser considerada ciudadana. Entendida como propiedad de la familia y luego del marido, o bajo la tutela del padre o el esposo, las mujeres en el mundo, no siempre han contado con los derechos que el día de hoy se reconocen a los seres humanos, solo por serlo (derechos humanos). Léase, derecho al voto, a la educación, a tener propiedades, al trabajo y al libre desarrollo de la personalidad. INFORMACIÓN COMPLETA AQUÍ.

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XIV EFLAC: DIVERSAS EN DESIGUALDADES

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Por Eliza Pflucker Hererra (Perú).

ELIZAEste artículo empezó bajo el pedido de una reflexión sobre el XIV Encuentro Feminista de Latinoamérica y El Caribe. Ese espacio (aparentemente) seguro, que muchas veces podemos idealizar para nuestra actuar y construcción de los feminismos en la región; pero cuatro disparos se han alojado en mi cuerpo, me han devuelto de golpe a lo cotidiano y a repensar estos espacios como una burbuja permeada por los contextos, violencias y discriminaciones con las que convivimos en nuestros territorios.

Montevideo esperaba a más de 2000 feministas de la región entre el 23 y 25 de noviembre para participar en el XIV EFLAC, con diez ejes temáticos de reflexión y debate, así como cerca de ochenta actividades autogestionadas, todas articuladas en una consigna: “Diversas pero no dispersas”. Como mujeres negras y afrodescendientes de América Latina y El Caribe, llegábamos al encuentro con el antecedente de la invisibilización de nuestras agendas y presencia durante el EFLAC realizado en Lima el 2014, y en dónde se asumió el compromiso de garantizar la presencia de mujeres afrodescendientes y negras en la organización y realización del encuentro, así como las problemáticas de nuestras agendas. En Uruguay, la participación de las mujeres negras y afrodescendientes fue amplia, es importante nombrar que entre los diez ejes temáticos propuestos para el encuentro, la gran mayoría de negras y afrodescendientes nos encontramos en el eje dos: “racismo y discriminación”.

Sabemos que este es un eje en dónde las negras y afrodescendientes tenemos mucho por aportar y seguir dialogando, ya que es parte de nuestras experiencias y luchas históricas como cotidianas. Sin embargo, este planteamiento nos encapsula, sobre todo porque se entiende que el racismo y la discriminación es una problemática que vivimos las poblaciones, pueblos y personas racializadas, negras, indígenas y migrantes, como las discriminadas, empobrecidas, también llamadas minorías, diversidades, otredades entre otras. Pues las identidades hegemónicas –blancas, heterosexuales, cisgénero- no sienten la necesidad de repensarse, mucho menos reconocerse, ni organizarse entorno al racismo y las discriminaciones, incluso entre las feministas, ya que no son ellas quienes cargan en el cuerpo amenazas históricas en su día a día. No son ellas quienes sienten, temen un ataque. INFORMACIÓN COMPLETA AQUÍ.

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Violencia contra la mujer peruana: visibilizando género y raza

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Por: Eshe Lewis (Canadá).

ESHE

El artículo 1 de la declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer define la “violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” (ONU 1993). Esta definición y los términos del documento hacen entender que esta definición incluye la violencia ejercida en espacios privados (violación por marido o pareja, maltrato de niñas por familiares), así como en espacios públicos (acoso callejero físico, sexual y verbal, agresiones en los ambientes laborales y tratos misóginos).

En el Peru, el índice de violencia íntima de pareja, una categoría de violencia que consiste en actos violentos íntimos cometidos por parejas actuales o anteriores que pueden ser esposas, parejas de uniones civiles, sexuales y/o informales (OMS 2016), es alarmante. Los resultados de varios estudios sostienen que arriba del 50% de mujeres peruanas han vivido situaciones de violencia a través de sus vidas, un porcentaje que supera los promedios nacionales y regionales y revelan que este país cuenta con uno de los índices más altos de violencia de pareja en América Latina (OMS 2005, 2016; MIMP 2013). Los datos visibilizan un grave problema sistemático en la sociedad peruana e indica un estado de alto riesgo para las mujeres, niñas y adolescentes peruanas.

El año 1993 marcó el comienzo de la generación de legislación creada para erradicar la violencia contra la mujer. El expresidente Alberto Fujimori aprobó las primeras leyes contra la violencia doméstica y ratificó importantes documentos internacionales sobre los derechos humanos y de la mujer, incluyendo la plataforma de Beijing en 1995, un documento de acción aprobado al final de la cuarta conferencia mundial sobre la mujer (Güezmes, Palomino and Ramos 2002; Boesten 2006). Resultó bien, a pesar de que los factores que motivaron las acciones del presidente eran la adquisición de apoyo internacional y el desvío de críticas de la corrupción estatal que generaba su administración. Las acciones de Fujimori generaron una base legal para proteger a las mujeres (Boesten 2006). La presencia de ONG especializadas en temas de género en conjunto con las nuevas leyes permitieron que activistas feministas llamaran más la atención en este importante tema (Álvarez 1999). INFORMACIÓN COMPLETA AQUÍ. 

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