Viernes, 17 Agosto 2018

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Discriminación e identidad étnica: mujeres afroperuanas

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Por  Rocío Muñoz Flores.

ROCIODialogar respecto a la situación de las mujeres afroperuanas, nos lleva a poner el acento en la discriminación y el racismo que afectan todas las etapas de su vida, pero al mismo tiempo, en su enorme capacidad de resistir frente a la discriminación y la exclusión. Al respecto, la Red de Mujeres Afrolatinas Afrocaribeñas y de la Diáspora, demanda entre otros temas de agenda, “que se garanticen políticas públicas y programas de combate al racismo y la discriminación, que promuevan la equidad de género y generacional, respecto a la nacionalidad, discapacidad y orientación sexual”.[1] Podemos reconocer que las múltiples discriminaciones–género, raza, clase- son un problema recurrente y sistemático que afectan a la población afrodescendiente y, en particular, a las mujeres.

Algunos estudios en el Perú, han demostrado que la discriminación tiene particular relevancia para las y los afroperuanos. En el 2013, un estudio de la universidad ESAN[2] advertía que el derecho que no se respeta a la población afrodescendiente es el derecho a no ser discriminado (64%), seguido del derecho al trabajo (40%) y derecho a la identidad cultural (40%).

En el 2015, el Ministerio de Cultura y GRADE[3] realizaron un estudio especializado para población afroperuana (EEPA), dicho documento indica que el 57% de los jefes de hogar afroperuanos creen que la discriminación es una causa importante de la pobreza. Anótese, que el 52.3% de la muestra identifica a las mujeres como jefas de hogar, en tanto el 47.7% serían jefes de hogar.

Un dato relevante en el EEPA tiene que ver con las experiencias de discriminación que han sufrido los jefes de hogar. Estas experiencias han sido, principalmente, por raza (32%), seguida de ser pobre o tener un origen socioeconómico bajo (13%). 

Podemos inferir que el color de la piel tiene profunda influencia con las experiencias de discriminación de las mujeres afroperuanas.

En el Perú, el color de piel puede ser determinante respecto de las experiencias de discriminación y las oportunidades de desarrollo. En consecuencia, es oportuno considerar que el contexto descrito puede tener influencia en los procesos de autorreconocimiento respecto de la identidad étnico-racial. Resaltamos que el racismo y sexismo que experimentan las afroperuanas configura un escenario violento y excluyente que aún no es reconocido y atendido en su real dimensión. De otro lado, advertimos que la discriminación racial esta tan normalizada que incluso las redes sociales, pueden ser un espacio donde esta práctica se exacerba sin mayores límites; ser mujer y negra, puede significar ser motivo de insultos y burlas deshumanizantes y profundamente violentos, vulnerando el derecho a la igualdad y a la no discriminación sin mayores consecuencias. Recordemos que el CERD[4] ha recomendado al Estado peruano que “adopte una política nacional integral de lucha contra el racismo y la discriminación racial que promueva la inclusión social y reduzca los altos niveles de desigualdad y pobreza que afectan a los miembros de pueblos indígenas y los afroperuanos”.[5]   Resaltamos que la intersección de género, raza, clase y otras categorías como la sexualidad, configuran contextos altamente violentos, discriminadores y de grandes limitaciones para las mujeres afroperuanas.

En nuestro país, a pesar de algunos avances, queda pendiente trabajar por promover la diversidad cultural y garantizar los derechos de los y las afroperuanas.   En ese contexto, en octubre del pasado año, se realizó el censo de población y vivienda. Dicho censo luego de más de setenta años, incluyó una pregunta para medir la pertinencia étnica racial de los peruanos y peruanas.  Esto permitió que la población afroperuana pueda ser incorporada en el censo lo cual constituye un avance importante, pero al mismo tiempo pone en evidencia tensiones respecto de las identidades que son subvaloradas y no cuentan con reconocimiento. En tal sentido, es particularmente relevante trabajar en el marco de las representaciones y discursos a fin de generar condiciones favorables para el autorreconocimiento principalmente en poblaciones que no son reconocidas y sobre las cuales existen un conjunto de estigmas, prejuicios y estereotipos negativos.

A pesar de lo descrito, es importante señalar que el EEPA indica que el 87.7% de las y los entrevistados se identificaron como “negros, morenos, zambos y afroperuanos” de acuerdo a sus costumbres y antepasados. Así mismo, según información preliminar de la Encuesta Nacional de Hogares 2017 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) la población que se reconoce afroperuana seria del 6.2% respecto al 2.2% del año 2016, este notable incremento puede estar dando cuenta de nuevos procesos donde las identidades buscan visibilizarse desde un discurso político que busca alterar estructuras racistas, opresoras y homogenizantes. Anótese que reconocemos la racialización del cuerpo de las mujeres afroperuanas, por ello, los estereotipos y prejuicios étnico raciales generados alrededor de las afroperuanas, deben ser analizados en diálogo con las violencias de género, en la medida que son un limitante para el ejercicio de derechos fundamentales y ponen en tensión la movilidad social de las mujeres afroperuanas.

Es importante no perder de vista las representaciones respecto de las mujeres afroperuanas y como estas representaciones se inscriben en el cuerpo, generando en algunos casos, rechazo, pero al mismo tiempo potentes respuestas de agencia, como por ejemplo, en la reivindicación y cuidado del cabello afro, así como en articulaciones de mujeres que desde la poesía, el activismo, el afrofeminismo y la investigación, están generando nuevos procesos políticos desde sus identidades y agendas. Es evidente que las mujeres afroperuanas, negras y afronegras, necesitamos seguir fortaleciendo el diálogo y la articulación para construir desde nuestras reflexiones, identidades y feminismos, respuestas frente a la discriminación y exclusión a fin de incidir en nuestros Estados y lograr mejores condiciones para nuestras propias apuestas de desarrollo.

[1] Memoria, Primera Cumbre de Lideresas Afrodescendientes de las Américas.  26 al 28 de junio, 2015, Nicaragua (2015:36).

[2] Estudio para medir la opinión de las personas en relación a los Derechos Humanos. Encargado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Universidad Esan, 2013.

[3] Grupo de Análisis para el Desarrollo.

[4] Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial.

[5] Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial.  Observaciones finales sobre los informes periódicos decimoctavo a vigésimo primero de Perú, aprobadas por el Comité en su 85° período de sesiones (11 a 29 de agosto de 2014).

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¿EXISTE EL FEMINISMO NEGRO?

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Por Mariela Noles Cotito (Perú).

marielaResponder a la pregunta sobre la existencia de un feminismo negro necesita incluir una explicación sobre qué es el feminismo y sobre todo cuáles son algunas de sus principales preocupaciones, además de cuál es la realidad a la que estas responden. Una de las determinaciones que debe hacerse temprano, por ejemplo, cuando se habla de feminismo es que este no existe como entidad singular, sino que en tanto una serie de ideas que responden a un momento histórico particular, el feminismo ha adoptado variantes, ha sido influenciado por su contexto y como resultado, el día de hoy, se puede considerar que este tiene una serie de corrientes. El hilo conector entre estas, sin embargo, es que el “feminismo” se constituye como la idea de que las mujeres son seres humanos. Esta noción, el día de hoy puede parecer simplista u obvia, no obstante, durante la concepción de las ideas feministas, esta no era la realidad para las mujeres.

Si nos remontamos hacia la época de la ilustración europea, y tiempos anteriores, encontraremos escritos de los grandes filósofos del derecho y el Estado que registran el rol de la mujer en esta época. Aun en las primeras concepciones de la construcción de los gobiernos como los conocemos hoy, veremos referencias a la mujer como un sujeto que “por naturaleza” no debe ser considerada ciudadana. Entendida como propiedad de la familia y luego del marido, o bajo la tutela del padre o el esposo, las mujeres en el mundo, no siempre han contado con los derechos que el día de hoy se reconocen a los seres humanos, solo por serlo (derechos humanos). Léase, derecho al voto, a la educación, a tener propiedades, al trabajo y al libre desarrollo de la personalidad. INFORMACIÓN COMPLETA AQUÍ.

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XIV EFLAC: DIVERSAS EN DESIGUALDADES

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Por Eliza Pflucker Hererra (Perú).

ELIZAEste artículo empezó bajo el pedido de una reflexión sobre el XIV Encuentro Feminista de Latinoamérica y El Caribe. Ese espacio (aparentemente) seguro, que muchas veces podemos idealizar para nuestra actuar y construcción de los feminismos en la región; pero cuatro disparos se han alojado en mi cuerpo, me han devuelto de golpe a lo cotidiano y a repensar estos espacios como una burbuja permeada por los contextos, violencias y discriminaciones con las que convivimos en nuestros territorios.

Montevideo esperaba a más de 2000 feministas de la región entre el 23 y 25 de noviembre para participar en el XIV EFLAC, con diez ejes temáticos de reflexión y debate, así como cerca de ochenta actividades autogestionadas, todas articuladas en una consigna: “Diversas pero no dispersas”. Como mujeres negras y afrodescendientes de América Latina y El Caribe, llegábamos al encuentro con el antecedente de la invisibilización de nuestras agendas y presencia durante el EFLAC realizado en Lima el 2014, y en dónde se asumió el compromiso de garantizar la presencia de mujeres afrodescendientes y negras en la organización y realización del encuentro, así como las problemáticas de nuestras agendas. En Uruguay, la participación de las mujeres negras y afrodescendientes fue amplia, es importante nombrar que entre los diez ejes temáticos propuestos para el encuentro, la gran mayoría de negras y afrodescendientes nos encontramos en el eje dos: “racismo y discriminación”.

Sabemos que este es un eje en dónde las negras y afrodescendientes tenemos mucho por aportar y seguir dialogando, ya que es parte de nuestras experiencias y luchas históricas como cotidianas. Sin embargo, este planteamiento nos encapsula, sobre todo porque se entiende que el racismo y la discriminación es una problemática que vivimos las poblaciones, pueblos y personas racializadas, negras, indígenas y migrantes, como las discriminadas, empobrecidas, también llamadas minorías, diversidades, otredades entre otras. Pues las identidades hegemónicas –blancas, heterosexuales, cisgénero- no sienten la necesidad de repensarse, mucho menos reconocerse, ni organizarse entorno al racismo y las discriminaciones, incluso entre las feministas, ya que no son ellas quienes cargan en el cuerpo amenazas históricas en su día a día. No son ellas quienes sienten, temen un ataque. INFORMACIÓN COMPLETA AQUÍ.

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Violencia contra la mujer peruana: visibilizando género y raza

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Por: Eshe Lewis (Canadá).

ESHE

El artículo 1 de la declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer define la “violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada” (ONU 1993). Esta definición y los términos del documento hacen entender que esta definición incluye la violencia ejercida en espacios privados (violación por marido o pareja, maltrato de niñas por familiares), así como en espacios públicos (acoso callejero físico, sexual y verbal, agresiones en los ambientes laborales y tratos misóginos).

En el Peru, el índice de violencia íntima de pareja, una categoría de violencia que consiste en actos violentos íntimos cometidos por parejas actuales o anteriores que pueden ser esposas, parejas de uniones civiles, sexuales y/o informales (OMS 2016), es alarmante. Los resultados de varios estudios sostienen que arriba del 50% de mujeres peruanas han vivido situaciones de violencia a través de sus vidas, un porcentaje que supera los promedios nacionales y regionales y revelan que este país cuenta con uno de los índices más altos de violencia de pareja en América Latina (OMS 2005, 2016; MIMP 2013). Los datos visibilizan un grave problema sistemático en la sociedad peruana e indica un estado de alto riesgo para las mujeres, niñas y adolescentes peruanas.

El año 1993 marcó el comienzo de la generación de legislación creada para erradicar la violencia contra la mujer. El expresidente Alberto Fujimori aprobó las primeras leyes contra la violencia doméstica y ratificó importantes documentos internacionales sobre los derechos humanos y de la mujer, incluyendo la plataforma de Beijing en 1995, un documento de acción aprobado al final de la cuarta conferencia mundial sobre la mujer (Güezmes, Palomino and Ramos 2002; Boesten 2006). Resultó bien, a pesar de que los factores que motivaron las acciones del presidente eran la adquisición de apoyo internacional y el desvío de críticas de la corrupción estatal que generaba su administración. Las acciones de Fujimori generaron una base legal para proteger a las mujeres (Boesten 2006). La presencia de ONG especializadas en temas de género en conjunto con las nuevas leyes permitieron que activistas feministas llamaran más la atención en este importante tema (Álvarez 1999). INFORMACIÓN COMPLETA AQUÍ. 

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