Miércoles, 17 Octubre 2018

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D’CIMARRÓN N°2

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En su segundo número, D’Cimarrón ha decidido asumir un desafío pendiente. Desde el ascenso de Hugo Chávez, en 1998, hasta la fecha, han pasado veinte años (una generación) marcados por la coincidencia de un conjunto de gobiernos “progresistas” (antineoliberales parece ser más preciso) que intentaron generar alternativas al consenso de Washington. Siendo nuestra revista un sitio de encuentro nuestroamericano, decidimos invitar a un conjunto de militantes y pensadores a que realizaran un balance acerca de estos proyectos regionales.

La región ha cambiado mucho desde entonces. Algunos hablan en la actualidad de un “fin de ciclo progresista” y otros, de una “restauración neoliberal-neoconservadora”. Lo cierto es que los diversos proyectos latinoamericanos estuvieron envueltos en tensiones, contradicciones y paradojas, que se reflejan, sin excepción, en cada uno de los artículos que aquí les presentamos.

A pesar de la diversidad y heterogeneidad de opiniones que encontrarán a continuación, varios consensos tácitos quedaron expuestos. Por un lado, existe unanimidad en cuanto al éxito de estos proyectos en la disminución de la pobreza, el aumento en el acceso a la salud, la educación y la vivienda, así como la repolitización de la vida nacional (incluyendo el llamado a asambleas constituyentes). Por el otro, los articulistas coinciden en que no se construyó un modelo alternativo distinto a la exportación de materias primas, ni se logró romper con la dependencia del norte global. Así mismo, el pacto mestizo (que excluye al movimiento afrodescendiente) vía indigenismo o mestizaje, siguió intacto.

Desde una visión encarnada, nuestros colaboradores coinciden en que la inclusión en el reparto de la renta del Estado y la mejora de las condiciones materiales fue otorgada por las medidas sociales y no por una inclusión étnica-racial. Es decir, el afrodescendiente fue incluido por pobre y no por afro.

El consenso sin excepciones en toda la región es que la miopía del Estado mestizo para leer la exclusión racial, siguió intacta.

Al margen de esa desesperanzadora conclusión, hay otra que también es compartida. Los movimientos afrodescendientes de este continente lucharon antes y seguirán luchando con o sin los gobiernos progresistas (insistiría en llamarlos antineoliberales). 

Quizás no podremos hablar de las décadas ganadas o de gobiernos revolucionarios, pero si podemos convenir que nunca antes en la historia, la narrativa antirracista y plurinacional ocupó tanto espacio en la política latinoamericana. La cantidad de encuentros, de fondos y presupuestos destinados a pensar medidas para la superación del racismo en estos veinte años, no tiene parangón en la historia.

A todos los que aquí escribimos, nos queda pendiente la construcción de un proyecto alternativo desde los pueblos afrodescendientes y no para estos. Es decir, una posibilidad de cambio que surja de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, donde sabemos que las estructuras burocráticas y dependientes del capital extranjero, inhiben la transformación urgente. Desde ya deseamos que D’Cimarrón sirva como el hogar que alumbre una iniciativa como esa.

Romero Rodríguez planteó en el año 2000 en el encuentro de los movimientos cimarrones en Chile “entramos Negros y salimos afrodescendientes”, desde D’Cimarrón esperamos que del próximo ciclo progresista “entremos afrodescendientes y salgamos ciudadanos”.

Centro de Desarrollo Etnico Cedet.

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