Martes, 18 Diciembre 2018

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D’CIMARRÓN N°3

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D’Cimarron cierra el año 2018 ocupándose de un tema que se encuentra en la agenda pública de toda América Latina: la corrupción. Nuestra revista, que pretende estar asociada a los temas de actualidad, no podría dejar de abordar esta temática, vinculándola sobre todo, con la inmensa deuda social que aún aguarda por ser saldada.

Este número, como es ya habitual en los anteriores, se caracteriza por no tener una postura maniquea. Es decir, la corrupción no es monopolio de los grupos económicos o políticos, atraviesa a toda la sociedad y se manifiesta en diversas prácticas cotidianas, en la que se incluye inclusive el activismo social.

El expresidente de Brasil Lula Da Silva, los expresidentes de Perú, Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, y la excandidata presidencial Keiko Fujimori, todos están siendo imputados, sea con prisión preventiva o prohibición de salida del País. Por no hablar de los que presuntamente también estarían involucrados en la trama, como Cristina Fernández de Kirchner, Nicolás Maduro y Rafael Correa. Esto solo podría corroborar que la corrupción no es un fenómeno producto de una ideología, sino de la estructura misma de funcionamiento del Estado en América Latina.

A lo largo de estos artículos encontraremos que este flagelo es multifactorial. Sus causas son sociales, jurídicas y geopolíticas. De hecho la construcción del Estado desde el siglo XIX en nuestro continente ha sido una sucesión de apropiaciones, despojos, desalojos y rapiña del erario público. La idea de patrimonializar lo que es de “todos”, se encuentra en la base paradigmática de todo el operar político del sistema que impera.

De esta forma, habría que asumir que el Estado latinoamericano opera de forma ventrílocua. En la que el segundo Estado, el lugar en el que se trafican influencias, drogas, personas, órganos y voluntades; dirige y tutela al primer Estado, que nosotros creemos designar y renovar a partir de cada elección. Este entramado indisoluble es el que se intentamos analizar en conjunto con nuestros colaboradores. 

Al mismo tiempo, hay dos dimensiones que serán vinculadas por los artículos que les presentamos. La primera, es que los niveles altísimos de pobreza, violencia y exclusión que viven nuestros países, están asociadas con la inconmensurable cantidad de dinero que ha sido robado por la clase política. La segunda, que los afrodescendientes y los que se denominan activistas de nuestras causas, no están exentos de estas prácticas perversas.

La corrupción estaría entonces en el epicentro de nuestro contrato social. A modo de nudo gordiano invade nuestras prácticas. La solución, es por un lado, sanear nuestras instituciones, pero al mismo tiempo, desconstruir el discurso criollo que premia la viveza sobre la honestidad. La picaresca representada en el teatro del siglo de oro español, es divertida dramatúrgicamente pero siniestra cuando se asume en la vida real como forma de vida.

Albert Camus decía que el hombre rebelde es aquel que dice “no”. Nosotros deberíamos comenzar a decir “no”, mientras los fiscales y los jueces siguen purgando al sistema político de todos los saqueadores profesionales que ocupaban el Estado. Sean estos egresados de Stanford y Oxford, o miembros de una ONG que termina lavando dinero criminal.

Perú está siendo un ejemplo a nivel mundial. Ningún país hasta ahora tiene a todos sus expresidentes vivos investigados. Esperemos que se haga justicia y que esta sea socialmente pedagógica, para expurgar de una vez y para siempre, al pícaro de nuestro imaginario social.

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