Viernes, 17 Agosto 2018

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Contra la deshumanización en el fútbol

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¿Es posible pensar que el Mundial de Fútbol Rusia 2018 se escapará de reflejar la crisis humanitaria actual, pensando en un contexto donde las desigualdades se profundizan, las “razas” se recrean y lo humano se separa de lo colectivo? Dos meses antes del mundial, la FIFA ya ha llamado la atención a Rusia por cánticos racistas que fueron dirigidos a jugadores franceses de descendencia africana. La hinchada rusa imitó a un mono cuando los jugadores tocaban el balón. Este acto racista se ha hecho presente en diversos estadios  y campeonatos a lo largo de América y Europa desde que jugadores afrodescendientes y africanos empezaron a participar en equipos de fútbol.

ESPALDA

 Fotografía: María José Rodríguez 2014. Quito, Ecuador

Los fundamentalismos y el incremento de acciones racistas se ve cada día con más frecuencia. Miles de deportados, personas buscando terminar su travesía migratoria por los océanos, políticas antimigrantes y el incremento de la xenofobia contra indígenas y afrodescendientes nos alertan sobre un periodo histórico donde se recrudecen las recreaciones raciales y el racismo. En este sentido, ¿qué podemos esperar en los partidos de fútbol en el cercano mundial? El sociólogo Ben Carrington escribe que: “el cuerpo hace posible al deporte y real a la “raza” (2011: 67). Los orígenes imperiales del fútbol, por ejemplo a partir de su presencia en colonias británicas impulsada por ingleses, nos permiten comprender al fútbol en la actualidad. No se escapa de reflejar una relación colonial.

En los primeros campeonatos, la presencia de futbolistas africanos o afrodescendientes no era común o al menos se la percibía diferente. En la primera Copa América, en 1916, la presencia de dos jugadores afrodescendientes en el equipo uruguayo fue denunciada por Chile alegando que los jugadores eran africanos (Morales 2014, 25). Con esto quiero decir que los jugadores afrodescendientes y africanos tienen una larga trayectoria donde poco a poco han ido ganando respeto y reconocimiento. Carlos Kameni jugador camerunés con nacionalidad francesa, en el 2006, tras haber vivido una escena de racismo, decía: “no soy un mono, soy humano”. Es así como los cuerpos afrodescendientes y africanos desafían no solo al equipo rival, sino también persisten de pie ante una ideología racial que se expande y se materializa violentamente en el mundo. Hemos visto en campeonatos europeos y americanos a jugadores que se niegan a seguir jugando luego de ser agredidos con insultos racistas, retirándose de la cancha, en algunos casos con lágrimas en los ojos. En este contexto podemos pensar lo que se defiende en la cancha como un campo de batalla. Jugadores afrodescendientes y africanos no solo representan un país, paralelamente enfrentan una deshumanización continua. Esta no se materializa solo en cánticos racistas, sino también en el no reconocimiento de su talento. El éxito de los jugadores africanos y afrodescendientes se suele justificar a partir de su “raza”, es común escuchar que “corren más rápido”, “son más fuertes”, siendo estas características reconstruidas de un imaginario colonial que fue utilizado para legitimar la esclavitud. Esta caracterización no da cabida a las capacidades sicológicas y mentales que desarrollan los jugadores para alcanzar un buen rendimiento y poder mantenerse de pie ante el racismo.

Existen equipos europeos con una participación importante de jugadores que su origen se remite a un país colonizado por el país al cual representan en la cancha. Equipos latinoamericanos cuentan con jugadores que muchas veces vienen de contextos donde las oportunidades laborales y de estudio son muy limitadas. Es decir, lugares donde ser futbolista es una salida económica para la familia del jugador y no necesariamente su única pasión.

CIUDAD

Restos del Mundial 2014 al frente del Maracaná en Rio de Janeiro, Brasil. “Nao ao racismo” “No al racismo”. Fotografía: Ana María Morales 2018.

Ahora, cómo entrelazar estas relaciones de poder, los cuerpos en la cancha, los intereses mercantiles sobre ellos y, la pasión y euforia que atraviesa cada cuerpo y sobre él su país. Ante una actual avanzada xenofóbica sobre migrantes africanos, afrodescendientes y latinoamericanos, ¿es posible pensar en un mundial sin racismo? Los reglamentos y sanciones de la FIFA sobre discriminación no serán suficientes.

A la par nos queda confiar en los abrazos de celebración y de pérdida, en el compañerismo de un equipo, en dirigentes técnicos y equipos que estén dispuestos a parar un partido al escuchar un insulto. Y, sobretodo pensar en  la pasión y alegría que genera el fútbol en niños y adolescentes que se divierten en las playas, en el campo y en las calles de la ciudad volviendo canchas de fútbol a un espacio de terreno donde entran dos arcos.

A pesar de que el fútbol sea un espacio donde se recrudece el racismo o donde hinchadas están dispuestas a dar su vida por su equipo, podemos creer que la pasión puede ganar al mercantilismo y, que grandes inversiones en un equipo no construyen el compañerismo ni un campeón. Recordamos equipos de fútbol que gritaron “Memoria, Verdad y Justicia” por sus hinchas desaparecidos en Argentina. Es posible un fútbol como espacio de transformación social cuando las mujeres buscan sueldos equitativos y justos, cuando se enfrenta el racismo y la violencia. Si jóvenes del mundo encuentran en el fútbol su felicidad, debemos humanizarlo. Contra la deshumanización del fútbol, al racismo le decimos NO.

Bibliografía:

Carrington, Ben. 2010. Race, Sport and Politics. Londres: SAGE Publications.

Morales, Ana María. 2014. Recreación de la “Raza” en el Deporte: el caso del

fútbol ecuatoriano. Tesis de licenciatura, departamento de Artes Liberales, presentada en la Universidad San Francisco de Quito.

 

Autora de la nota: Ana María Morales Troya.

amEcuatoriana. Estudió Artes Liberales con especialidad en Antropología en la Universidad San Francisco de Quito donde realizó su tesis sobre racismo en el fútbol ecuatoriano. Actualmente vive en Buenos Aires, Argentina donde cursa su Doctorado en Antropología Social. Sus investigaciones giran entre los estudios de género, construcciones territoriales y el racismo con poblaciones afrodescendientes.

 

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