Sábado, 15 Diciembre 2018

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El progresismo latinoamericano y las demandas afrodescendientes

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Por Augusto Malpartida León (Perú).

augustomalpartidaEl ciclo de gobiernos progresistas en Latinoamérica, abierto en 1998 con la llegada de Hugo Chávez al gobierno venezolano, trajo consigo una oleada de esperanzas en diversos sectores sociales, sobre todo en los menos favorecidos hasta entonces y como no, también en la población afrodescendiente de nuestra región.

Luego de Chávez vendrían Lula en Brasil, Rafael Correa de Ecuador, Evo Morales en Bolivia, El Frente Amplio en Uruguay, Ortega en Nicaragua, los Kirchner en Argentina, Bachelet en Chile, reconfigurando el mapa político de América Latina en lo que se llamó también la “década prodigiosa”. Nunca el progresismo, la izquierda, opciones populares, como se les quiera llamar se habían podido hacer cargo del gobierno en tantos países de nuestra América de manera simultánea.

Veinte años después, varios gobiernos progresistas están fuera del gobierno, la derecha trata de retroceder lo avanzado; y los que se sostienen, salvo el proceso en Bolivia, se mueven entre la distorsión de la propuesta progresista y el acoso de sus derechas locales y su aliado natural, el gobierno norteamericano.

¿Qué ganaron las comunidades afrodescendientes en estos procesos?, ¿cuánto de sus demandas históricas fueron atendidas?, ¿lograron ocupar un rol importante en la construcción de los procesos progresistas? El balance general arroja un déficit importante, la brecha entre las esperanzas y los hechos resulta muy grande.

Quizás el avance mayor estuvo en el discurso, allí los afrodescendientes ganaron una gran visibilidad sino recordemos a Chávez declarándose afrodescendiente el 2002. Luego una serie de encuentros interpaíses de gran población afro, funcionarios y parlamentarios afros y un número importante de dispositivos legales para abordar la problemática afrodescendiente.

Si bien ninguno de los procesos fue igual al otro, esto también hay que decirlo, se esperaba más de estos gobiernos. ¿Por qué entonces la “década prodigiosa” no parió una realidad distinta para la población afro de nuestra América, en los países del progresismo?

Una verdad innegable es que, en general, los sectores sociales más pobres vieron elevar su nivel de ingresos y su calidad de vida, innumerables programas sociales sirvieron a este fin. Eso fue en general para todos, incluidas las poblaciones afro. Sin embargo, como todos los índices muestran, estas poblaciones al estar tan rezagadas en su situación y ser de las más vulneradas, los beneficios recibidos han sido insuficientes para mostrar un cambio sustancial.

Otro elemento a tomar en cuenta es que los Estados en manos de los gobiernos progresistas siguieron funcionando como una máquina burocrática de lento andar, la vieja herencia de la derecha en ese terreno siempre fue una traba para los cambios que los nuevos dispositivos legales proponían y al final estos quedaron en el camino, sin la trascendencia que debieron tener.

También la relación entre gobiernos progresistas y movimientos sociales, entre ellos los movimientos afrodescendientes, fue un factor controversial en todo este tiempo.  Moviéndose entre los intentos de cooptación y propuestas a veces contrapuestas y elementos de consenso, esta relación generaba a veces conflictos y a veces avances importantes. Pero siempre en el marco de una relación que se tensaba por períodos y complotaba contra la posibilidad de salidas de más largo aliento. Las dificultades del progresismo para entender la problemática afrodescendiente jugaron aquí un rol desfavorable.

Pero es posible pensar en una razón más de fondo, ninguno de los gobiernos llamados progresistas rompió con el modelo neoliberal, es decir, no se dio una ruptura estructural que hiciera todo el engranaje socioeconómico y abriera las compuertas para dar salidas de fondo a problemas que evidenciaron siempre su carácter estructural. Este no es un juicio de valor por cierto, es un juicio de hecho, es una mirada sobre la realidad.

¿Por qué no se hizo esta ruptura? Hay cientos de respuestas y probablemente la gran mayoría válida. En primer lugar, porque ningún sistema y ningún modelo se cambia por decreto. Y no basta ser gobierno para hacerlo. Se requiere una correlación de fuerzas mayoritaria, nuevos sentidos comunes y a partir de todo eso, los cambios económicos que sean sostenibles en el tiempo.

En un marco internacional tan adverso, dependiendo tanto de la exportación de materias primas, con el extractivismo insertado en nuestras economías, el modelo neoliberal tiene un gran espacio de movimiento aún. Y si se entiende que políticas culturales, políticas redistributivas, requieren recursos que aún dependen del extractivismo estamos ante una de las razones del porqué la atención a las demandas afrodescendientes se han movido en un carril de baja velocidad.

Lo que queda claro es que el racismo y la discriminación contra la población afro requieren de encuentros, cumbres, programas sociales, nombramientos de funcionarios afros, becas para la población afro, pero no basta.

El reto sigue en pie: construir una correlación  favorable a transformaciones profundas, que los afros sean parte de este proceso desde la dirección política y para eso tiene que ganarse ese espacio, para pasar de ser un sector beneficiario a ser dirigentes y protagonistas de los cambios, y enfrentar cambios en la economía que sustenten la igualdad de derechos y oportunidades y que las viejas raíces del racismo y la discriminación no soporten los nuevos vientos.

Hoy el reto se ha hecho más duro, la escalada contra los gobiernos progresistas desde los sectores conservadores locales con apoyo de los Estados Unidos juega en contra también de la agenda afrodescendiente. Pero eso abre también la posibilidad de que el progresismo se convierta en al gran paraguas que permita a los afros estar en la primera línea de combate cubriendo flancos que antes no se lograron cubrir.

Finalmente años de progresismo han logrado construir sentidos comunes populares, una serie de cuadros se han desarrollado en esta etapa, nuevas formas de gobierno han sido ejercidas con apoyo popular, la derecha que ha recuperado gobiernos como en Brasil o Argentina no la tiene fácil para nada. Los afrodescendientes tienen un rol histórico que jugar en esta lucha que hoy más que nunca es suya también.

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