Domingo, 09 Agosto 2020

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Pueblos afrodescendientes

Todo es según el color del cristal con que se mira

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El último 25 de mayo, un ciudadano norteamericano de nombre George Floyd murió a causa de ser asfixiado por el oficial Derek Cahuvin. El incidente habría ocurrido porque Floyd intentó pagar con un billete falso de 20 dólares. El caso ha sido registrado por Darnella Frazier, una adolescente de 17 años de edad, que posteó el video en sus redes sociales. La grabación muestra a varios policías alrededor de Floyd, entre ellos se encontraba Cahuvin, quien presionaba con su rodilla izquierda el cuello del afrodescendiente durante ocho minutos y 46 segundos, mientras que Floyd expresaba repetidamente que no podía respirar. Cuando habían pasado los primeros seis minutos, Floyd dejó de reaccionar. Ante este suceso el expolicía de Minneapolis, ha sido arrestado y acusado de homicidio por ser responsable de la muerte de George Floyd, entretanto los demás oficiales fueron separados de su puesto de trabajo (BBC News Mundo, 2020). Esta situación ha provocado la indignación de la población estadounidense a través de expresiones de protestas contra la discriminación y la brutalidad policial hacia los ciudadanos afrodescendientes. Este evento es un claro ejemplo de que el racismo sistémico aún persiste en la sociedad. Pero, ¿desde cuándo la historia americana es testigo de este tipo de abusos?

La historia se remonta al siglo XVI con la llegada de esclavos africanos a Norteamérica. Estas personas no privilegiadas eran traídos como mano de obra barata para la supervivencia de las plantaciones y se les prohibía gozar de sus derechos civiles, no podían ejercer ninguna facultad o actividad legal y eran incapaces de poder decidir y suscribir contratos para sí mismos (Montagut, 2018). El comercio de esclavos generaba grandes beneficios al país americano, tal es así que suscitó que el valor de los esclavos se incrementara a causa de una mayor demanda, puesto que al dominar algún oficio para el trabajo, eran mejor cotizados, de modo que, en algunos mercados esclavistas las subastas de negros estaban acompañadas de un documento que certificaba sus destrezas y habilidades.

Posteriormente, después de la abolición de la esclavitud, se consagraron una serie de leyes que impedía a la población afrodescendiente gozar de las mismas oportunidades que la gente blanca. Este sistema fue denominado: segregación racial en el que los espacios y servicios públicos eran separados de acuerdo a la etnia a la cual se pertenecía. El resultado fue una sociedad inconsciente e indiferente ante las condiciones sociales, el trato discriminatorio y el racismo. Así por ejemplo, solo podían ejercer su derecho a voto aquellos afrodescendientes que sabían leer y escribir, tener propiedades y pagar un impuesto electoral. En algunas ciudades se estableció la ley marcial que prohibía a los negros transitar después de las diez de la noche. Asimismo en las escuelas, en los puestos de trabajo, en el transporte, hasta incluso en los servicios públicos, tales como los cines, los restaurantes, se instalaron carteles aludiendo que la “gente de color” no podía ingresar. 

Está claro que, la división de estos ambientes, prácticamente, era para evitar que los blancos compartieran espacios con los negros. Si bien se evidenciaron estas desigualdades, la lucha por los derechos civiles no fue un caso aislado. La historia empezó a cambiar cuando Rosa Parks, una afroamericana extenuada de que la comunidad se vea constantemente humillada ante estas exigencias, decidió no cederle el asiento a una persona blanca, pues según ella no estaba infringiendo la ley. No obstante, este acto de valentía la obligó a pasar un día en prisión y a pagar una fianza de catorce dólares por, supuestamente, generar el desorden público. Ligado a ello, se sumaron las movilizaciones de miles de afroamericanos con el propósito de hacer escuchar sus voces.

Como se ha podido apreciar anteriormente, la discriminación racial tiende a ser una distorsión social al pensar que las diferencias por el color de piel determinan los estratos sociales y el nivel socioeconómico. Esto impide que los distintos grupos sociales sostengan una sincera relación homogénea en cuanto a la igualdad y respeto por los derechos y oportunidades. La población afrodescendiente sufre una discriminación particular marcados por los estereotipos y prejuicios desde el periodo esclavista. Si apelamos a algunos ejemplos, somos percibidos como personas asociadas a la pobreza, al vandalismo, al uso de una violencia injustificada y a una educación escasa. De igual manera, existe el pensamiento de que poseemos una escasa capacidad para comprender y producir conceptos o frases académicas, así como también aptos solamente para laborar en trabajos subordinados y temporales (como los son los oficios). Por lo tanto, nos encontramos en una situación desfavorable dentro de la sociedad. 

Ante ello, me planteo estas dos preguntas: ¿Hasta cuándo tendremos que soportar estas ofensas? ¿Por cuánto tiempo seguiremos siendo invisibilizados ante la sociedad? Sin darnos cuenta, el racismo se ha convertido en una actividad cotidiana. A estas alturas es habitual observar en los espacios públicos cómo una persona por su ascendencia cultural es humillada por otro grupo social, por el simple hecho de pensar que entre ellos predomina otra capacidad intelectual, psicomotriz y/o moral. Esto último me recuerda aquella vez que mis tíos, quienes habían llegado de Estados Unidos y yo nos dirigimos a un club campestre a pasar las vacaciones por algunos días. Al llegar, la persona encargada de transportar el equipaje solo había recogido el de mis tíos, pero no el mío. En esos momentos no le daba importancia a la situación, puesto que consideraba que pronto iban a volver por mis maletas. Luego, al acercarme a la piscina, una señora de edad avanzada, me comentó que no podía hacer uso de ese servicio, puesto que podía “ensuciar el agua”. Situaciones como esta ocurren a menudo, mejor dicho, muchas veces. Solemos dejarnos llevar por las apariencias físicas sin tener la iniciativa de poder conocer a las personas. Asimismo, solemos pensar que el color “negro” se encuentra vinculado a algo negativo, ni qué decir de las frases racistas: “Negro tenías que ser”, “Un negro y un cholo ni a misa” o “Los negros solo piensan hasta las 12”.

Recientemente se han realizado dos movilizaciones en Estados Unidos. La primera, se basa en las protestas anticuarentena a favor de levantar el aislamiento social y reactivar la economía estadounidense. Estas manifestaciones se observaron en varios estados y ciudades del país, Pensilvania, por ejemplo, los simpatizantes de Trump, ignorando las restricciones de distanciamiento social, salieron a las calles con pancartas y autos con bocinas a todo volumen. Entre los mensajes de apoyo a las ideas del presidente se evidenciaron letreros como “libertad por encima del miedo”, “acaben con el confinamiento” y “todos los negocios son esenciales” reafirmando su deseo de regresar a sus trabajos y reabrir sus negocios (Vallejos, 2020). Mientras sucedían estos eventos, los oficiales bloquearon el avance de las personas hacia las puertas de la Casa Blanca sin crear mayor conflictos contra los protestantes.

Tras la muerte de George Floyd, las protestas antirracistas han sido pacíficas. Estos movimientos tenían como propósito dar a conocer la opinión e indignación de la población frente a los constantes abusos policiales hacia la comunidad afrodescendiente. Sin embargo, terminaron por convertirse en enfrentamientos violentos, dada la intervención de las autoridades, quienes emplearon la coerción para apaciguar la situación. Frente a este contexto, Trump amenazó en reclutar al ejército, debido a que durante los disturbios se produjeron saqueos y asaltos en las tiendas comerciales como también incendios alrededor de la Casa Blanca.

Ahora bien, habiendo diferentes mecanismos de respuesta, ¿es la mejor manera de reaccionar ante estos acontecimientos? En el primer evento se puede observar que la policía no intervino de manera violenta ante las protestas, puesto que Trump mostraba su respaldo a los grupos que se rebelaron contra el aislamiento social pidiendo a los gobernadores de tres estados del país que liberen a los ciudadanos de las medidas para frenar la pandemia del Coronavirus; en palabras del presidente, consideraba a los simpatizantes como “buenas personas”, ya que inicialmente Trump tenía pensado reactivar la economía a pesar de la coyuntura. Mientras que en la segunda escena se presenta un descontrol total de la situación imponiendo la fuerza y la resistencia para frenar las movilizaciones. Y, oh casualidad, justo cuando un grupo de personas no simpatizantes a las ideas del presidente decide manifestarse frente a los abusos policiales, Trump busca la manera de movilizar a miles de soldados armados y agentes de policías.   

Pero, ¿es la primera vez que un afrodescendiente muere a manos de un agente? la respuesta es NO. En el año 2013 Tryvon Martin, un adolescente afroamericano, fue asesinado de un disparo por parte del oficial George Zimmerman. Posteriormente, en julio del 2014, otro policía asesinó a Michael Brown, un joven de 18 años completamente desarmado, a quien el oficial considero ser sospechoso de un atraco a mano armada. La historia de Tamir Rice, un niño de 12 años, fue uno de los casos que indignó a la población estadounidense. Un agente policial le disparó pensando que portaba un arma de fuego real. Ante ello, el oficial Timothy Loehmann, aseguró que no tenía elección y sobre todo no se había percatado de que el menor poseía una pistola de juguete (Confidencial, 2020). Es evidente que estos casos de homicidios fueron totalmente injustificables, hasta podría llenar las siguientes páginas haciendo referencia a la brutalidad policial. La vida de estas personas, al igual que las demás, importa. No es agradable informarse a través de los medios de comunicación que parte de la comunidad afrodescendiente es subestimada por personas que consideran ser una etnia o grupo social superior y frente a ellos tienen la potestad de poder decidir cuándo acabar con la vida de estas personas. ¿Esta es la manera de implorar respeto? Lo único que produce entre los ciudadanos son sentimientos de odio y resentimiento. Las autoridades están para protegernos, cuidarnos y velar por el bienestar de la población; no para engendrar la violencia, la agresión o incluso utilizar otros “mecanismos de defensa propia” sin ningún tipo de justificación.  

Vivimos en una sociedad repleta de estereotipos y prejuicios negativos, en el sentido de que la ascendencia cultural, la religión, la condición física o mental nos hace sentir diferentes y excluidos. Como resultado, produce una condición de estancamiento en todos los ámbitos de la vida social. El ámbito laboral, por ejemplo, en el momento en que un postulante afroperuano con la misma experiencia profesional que un aspirante de otro grupo étnico tiene menos posibilidades de ser contratado por la organización, como consecuencia de los bajos niveles de educación alcanzados; las exigencias de una buena presencia y la valoración de una cultura occidental como modelo a la cual todos debemos aspirar; en las instituciones educativas, donde los niños y los jóvenes afroperuanos no logran acceder y en algunos casos culminar sus estudios a causa del nivel socioeconómico de sus familias, motivo por el cual se ven obligados a formar parte de la fuerza laboral; en los espacios públicos, donde la comunidad es víctima de la intolerancia de las personas a través de actos de desprecio o exclusión.

Con todo lo expuesto en este artículo, la muerte de George Floyd pone en el tapete que aún en estos tiempos los prejuicios sociales aún persisten; mientras que algunas personas son tratadas con guantes de seda otros sufren la violación de sus derechos. La discriminación e invisibilización hacia la población afrodescendiente y la violencia innecesaria por parte de la policía hacia los civiles debe parar. Asimismo, de darse estos casos los responsables deberán ser sancionados con todo el peso de la ley como también es importante que se implementen mecanismos o políticas que mejoren las condiciones de vida de esta minoría.

Referencias bibliográficas

Vallejos Monica. 2020. Coronavirus: ciudades de EE.UU rompen restricciones para protestar contra la cuarentena.https://www.cronista.com/internacionales/Coronavirus-ciudades-de-EE.UU.-rompen-restricciones-para-protestar-por-la-cuarentena-20200420-0032.html

Eduardo Monatgut. 2020. “No se admiten negros”.https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20180329/442025525702/segregacion-derechos-civiles-negros.html

BBC News. 2020. Detienen y acusan de homicidio a Derek Chauvin el expolicía que puso su rodilla sobre el cuello del afroestadounidense.https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52856286

Confidencial. 2020. El detonante de las protestas raciales de EEUU: los George Floyd del último lustro.https://www.elconfidencial.com/mundo/2020-06-03/origen-protestas-estados-unidos-black-lives-matter_2622471/

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