Sábado, 15 Diciembre 2018

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CONECTAR, DESCONECTAR Y RECONECTAR IDENTIDADES SOBRE LA EXPERIENCIA DE UNA MUJER NEGRA ESTUDIANDO RAZA Y AMÉRICA LATINA EN EE.UU.

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Por Sharún Gonzales (Perú).

SharunAunque las personas migran alrededor del mundo hace mucho tiempo, no existe un manual que pueda prever todos los retos de emprender tal viaje. Migrar para estudiar es una experiencia particular.

Salir de América Latina para estudiar América Latina, es una paradoja que se antoja irresistible y problemática al mismo tiempo. Migramos para leer y escribir en idiomas extranjeros la realidad que vivimos, día a día, en nuestro idioma. Al mismo tiempo, nos es posible reconectar con una (otra) realidad diaspórica que es propia y ajena. Como una joven mujer negra y peruana, emprendí un viaje para estudiar que me llevó a repensar esas identidades, navegar nuevas y adoptar otras más en medio de un contexto de contradicciones.

Mi experiencia, aunque corta, me ha enseñado que dos cosas urgentes de resolver, al asentarse en un lugar nuevo: dónde vivir y cómo comunicarse. No es fácil. Ya había resuelto a tropezones lo primero antes de llegar a Tampa (Florida, EEUU), pero aún necesitaba conseguir un número de teléfono estadounidense.

Eran las cuatro de la tarde y habían pasado 24 horas de haber llegado, en medio de un verano infernal. Debatí a lo largo de la mañana conmigo misma, si no era demasiado pronto para salir sola. Tal vez debería esperar al lunes o pedirle a alguien que me acompañe. También podía ser independiente y caminar el kilómetro de distancia que me separaba del centro comercial. Examiné finalmente los posibles peligros en una ciudad del primer mundo. ¿Podría ser peor que Lima? Imposible, pensé ya lista para salir. Con mi pasaporte y visa a la mano por si alguien dudaba de mi situación migratoria, salí. Mientras intentaba lucir lo más natural posible, caminando por una calle desierta a tal vez 40 grados centígrados, un chico negro de 15 o 16 años huía. Detrás suyo un policía blanco le gritó que se detuviera mientras corría con la mano sujetando algo en su cinturón, probablemente un arma. ¿Por qué lo persigue?¿va disparar?¿podré hacer algo? Sin poder descubrir qué sucedía, entré en pánico. La persecución desapareció en algún punto del horizonte. Aunque ya no podía ver ni al chico, ni al policía, ni su arma, seguí temblando hasta que sentí el aire acondicionado del centro comercial. ¿Por qué esta historia es importante para lo que vengo a contarles? Porque entonces sentí que se materializaba el miedo a un racismo distinto al que he vivido y una empatía que no imaginé que podía sentir tan de pronto.

Antes de viajar a Estados Unidos ya conocía casos de hombres negros desarmados asesinados por la policía sin motivos claros. De acuerdo al diario The Guardian, Florida fue el tercer Estado con más personas muertas en manos de la policía u otras fuerzas del orden entre el 2015 y el 2016.[1] Aunque la mayoría de víctimas fue blanca, la cantidad de negros resalta si consideramos las características demográficas del país. El 13.3% de la población total es afroamericana y el 61.3% se considera blanca. En contraste, entre el conteo de víctimas de The Guardian, el 24.3% fueron afroamericanos y el 52.5%, blancos. Es dos veces más probable morir en un encuentro con la policía si tienes el fenotipo afrodescendiente. Yo tengo el fenotipo afrodescendiente, tal como el chico que corría escapando de ese policía. En mis primeras 24 horas ya había aprendido el riesgo que significa tener determinado color en ese nuevo contexto. INFORMACIÓN COMPLETA AQUÍ.

[1] https://www.theguardian.com/us-news/ng-interactive/2015/jun/01/the-counted-police-killings-us-database

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