Martes, 14 Julio 2020

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RACISMO: La pandemia más larga de la historia

Opiniones del Palenque infantil

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Colonial virus (Editorial)

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Hace meses que el mundo como lo conocíamos venía desmoronándose. En apariencia, algo nos igualaba a todos. Un enemigo invisible: el COVID 19. Esa sensación de que todos y cada uno de los humanos éramos víctimas y victimarios de la letalidad del virus, sin importar clase, género, religión, etnia o ubicación, duró poco. Pronto, el virus ideológico que epidermiza la diferencia y pigmentiza la injusticia desde hace siglos, mostró su fatalidad. En los EE.UU., George Floyd fue torturado por un policía con cinismo y en flagrancia. En su espectáculo de horror, nos recuerda que algunos consideran que unas vidas valen menos que otras. Que unos cuerpos construidos histórica y socialmente como negros no ostentan la dignidad de otros.

Confieso que atrapado por las preocupaciones económicas propias y ajenas, me vi tentado a pensar la pandemia y sus consecuencias sin el marcador racial. Floyd y su asesinato nos obliga a volver a pensar una vez más el vínculo entre raza y poder. Entre racialización y fatalidad. El virus, ataca a los cuerpos más vulnerables y desde dentro lo va deteriorando poco a poco. Triste pero tenaz analogía a la operatividad del Colonial Virus (espero que se me entienda el juego de palabras).

Desde hace más de cinco siglos este dispositivo (estético, económico, político, cultural) despoja los cuerpos racializados como negros de su humanidad. Les inhibe la realización de sus proyectos de vida y la consumación del ejercicio de la ciudadanía. En el caso de Floyd incluso les impide respirar. 

Para el Colonial Virus, tampoco hay vacuna. Hemos aprendido a vivir con él, sabiendo que sigue acabando con vidas inocentes y debilitando el cuerpo de aquellos sujetos estructuralmente racializados por la historia colonial. Es imposible crear inmunidad frente a este virus, porque siendo fatal, no podemos sino seguir resistiendo permanentemente.

Por último, no podemos dejar de hacer mención a la permanente tentativa de desprestigiar al movimiento Black Lives Matter (las vidas negras importan) con la tramposa sentencia All Lives Matter (todas las vidas importan). ¿Quién puede estar en desacuerdo de que todas las vidas importan? Lo que oculta este eslogan perverso, es la vulnerabilidad de unos cuerpos racializados frente al privilegio de otros. Las vidas de los cuerpos racializados como negros importan porque todos los cuerpos importan. No son antagónicos ambos objetivos. De hecho, en esa aparente polémica se esconde lo más profundo de la paradoja occidental. La defensa de la neutralidad ficticia en la que todos estamos representados como iguales y la negación de la particularidad negra y su historia de exclusión, diferencia e injusticia.

En Perú ya Cedet y otras instituciones les han hecho un llamado al gobierno y a sus organismos competentes para que cumplan con los compromisos que adquirieron para saldar la deuda histórica del pueblo afroperuano. Esta pandemia tiene una fatal coincidencia entre las provincias con mayor contagio y aquellas donde se encuentran mayor cantidad de afrodescendientes. Eso es así en EE.UU. y también en Perú. Allí se imbrican infelizmente el COVID19 y el Colonial Virus.

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