Martes, 02 Marzo 2021

logo para cedet                                            Año 2021. Edición N° 13 / Registro ISSN-L: 2709-8079

TEMA Demandas y desinterés de los partidos políticos frente a los movimientos sociales afrodescendientes

 

D´Cimarrón N° 13

  • Movimientos sociales afrodescendientes demanda y desinterés de los partidos políticos (*)

    Movimientos sociales afrodescendientes demanda y desinterés de los partidos políticos (*)

    Por Beatriz Ramírez Abella (Uruguay)     Si tenemos que determinar algo podemos afirmar que los formas organizativas de las personas afrodescendientes comenzaron con la trata esclavista transatlántica. Generador del proceso de acumulación capitalista. Teniendo como costo haber sido el genocidio más grande de la historia.  Mujeres, hombres y niños africanos sustraídos,

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  • Afrobolivianos: El Estado plurinacional y la participación política en un contexto de minoría

    Afrobolivianos: El Estado plurinacional y la participación política en un contexto de minoría

    Por Juan Carlos Ballivián (Bolivia) En el contexto de la Real Audiencia de Charcas (hoy Estado Plurinacional de Bolivia) al pueblo afro le correspondió compartir con los aymaras, quechuas entre otros, el periodo de esclavización y explotación tanto individual como colectiva. Los africanos por su naturaleza genotípica de origen y

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  • Movimientos sociales afrodescendientes demandas y desinterés de los partidos políticos (**)

    Movimientos sociales afrodescendientes demandas y desinterés de los partidos políticos (**)

    Elmer Mauricio Enríquez Bermúdez (Guatemala) Los movimientos sociales se han formado de una u otra forma para hacer un gran frente y presionar a los partidos políticos de derecha. Una de las fuertes causas para llevarlo a cabo y accionar de esta forma es debido a las innumerables injusticias cometidas

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  • Argentina, un país que se cree fenotípicamente blanca y culturalmente europea. ¡Argentina también es afro!

    Argentina, un país que se cree fenotípicamente blanca y culturalmente europea. ¡Argentina también es afro!

    Por Denise Luciana de Fátima Braz (Brasil) Durante un viaje de vacaciones a Buenos Aires, Argentina en 2012 decidí hacer una maestría en el país porque me llamó demasiado la atención la nítida ausencia de personas fenotípicamente negras en las calles, o lo que yo entendía y percibía como negros/as.

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  • Movimientos sociales afrodescendientes: demandas y desinterés de los partidos políticos (***)

    Movimientos sociales afrodescendientes: demandas y desinterés de los partidos políticos (***)

    Por Ana Mariela Araya Orellana (Chile) Con este artículo pretendo dejar en manifiesto la participación cada vez más empoderada de las personas en condición migratoria residentes en Chile,  particularmente me refiero a los ciudadanos afrodescendientes provenientes de Haití, quienes a falta de garantías reales que favorezcan su regulación en el territorio

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El progresismo latinoamericano y las demandas afrodescendientes

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Por Augusto Malpartida León (Perú).

augustomalpartidaEl ciclo de gobiernos progresistas en Latinoamérica, abierto en 1998 con la llegada de Hugo Chávez al gobierno venezolano, trajo consigo una oleada de esperanzas en diversos sectores sociales, sobre todo en los menos favorecidos hasta entonces y como no, también en la población afrodescendiente de nuestra región.

Luego de Chávez vendrían Lula en Brasil, Rafael Correa de Ecuador, Evo Morales en Bolivia, El Frente Amplio en Uruguay, Ortega en Nicaragua, los Kirchner en Argentina, Bachelet en Chile, reconfigurando el mapa político de América Latina en lo que se llamó también la “década prodigiosa”. Nunca el progresismo, la izquierda, opciones populares, como se les quiera llamar se habían podido hacer cargo del gobierno en tantos países de nuestra América de manera simultánea.

Veinte años después, varios gobiernos progresistas están fuera del gobierno, la derecha trata de retroceder lo avanzado; y los que se sostienen, salvo el proceso en Bolivia, se mueven entre la distorsión de la propuesta progresista y el acoso de sus derechas locales y su aliado natural, el gobierno norteamericano.

¿Qué ganaron las comunidades afrodescendientes en estos procesos?, ¿cuánto de sus demandas históricas fueron atendidas?, ¿lograron ocupar un rol importante en la construcción de los procesos progresistas? El balance general arroja un déficit importante, la brecha entre las esperanzas y los hechos resulta muy grande.

Quizás el avance mayor estuvo en el discurso, allí los afrodescendientes ganaron una gran visibilidad sino recordemos a Chávez declarándose afrodescendiente el 2002. Luego una serie de encuentros interpaíses de gran población afro, funcionarios y parlamentarios afros y un número importante de dispositivos legales para abordar la problemática afrodescendiente.

Si bien ninguno de los procesos fue igual al otro, esto también hay que decirlo, se esperaba más de estos gobiernos. ¿Por qué entonces la “década prodigiosa” no parió una realidad distinta para la población afro de nuestra América, en los países del progresismo?

Una verdad innegable es que, en general, los sectores sociales más pobres vieron elevar su nivel de ingresos y su calidad de vida, innumerables programas sociales sirvieron a este fin. Eso fue en general para todos, incluidas las poblaciones afro. Sin embargo, como todos los índices muestran, estas poblaciones al estar tan rezagadas en su situación y ser de las más vulneradas, los beneficios recibidos han sido insuficientes para mostrar un cambio sustancial.

Otro elemento a tomar en cuenta es que los Estados en manos de los gobiernos progresistas siguieron funcionando como una máquina burocrática de lento andar, la vieja herencia de la derecha en ese terreno siempre fue una traba para los cambios que los nuevos dispositivos legales proponían y al final estos quedaron en el camino, sin la trascendencia que debieron tener.

También la relación entre gobiernos progresistas y movimientos sociales, entre ellos los movimientos afrodescendientes, fue un factor controversial en todo este tiempo.  Moviéndose entre los intentos de cooptación y propuestas a veces contrapuestas y elementos de consenso, esta relación generaba a veces conflictos y a veces avances importantes. Pero siempre en el marco de una relación que se tensaba por períodos y complotaba contra la posibilidad de salidas de más largo aliento. Las dificultades del progresismo para entender la problemática afrodescendiente jugaron aquí un rol desfavorable.

Pero es posible pensar en una razón más de fondo, ninguno de los gobiernos llamados progresistas rompió con el modelo neoliberal, es decir, no se dio una ruptura estructural que hiciera todo el engranaje socioeconómico y abriera las compuertas para dar salidas de fondo a problemas que evidenciaron siempre su carácter estructural. Este no es un juicio de valor por cierto, es un juicio de hecho, es una mirada sobre la realidad.

¿Por qué no se hizo esta ruptura? Hay cientos de respuestas y probablemente la gran mayoría válida. En primer lugar, porque ningún sistema y ningún modelo se cambia por decreto. Y no basta ser gobierno para hacerlo. Se requiere una correlación de fuerzas mayoritaria, nuevos sentidos comunes y a partir de todo eso, los cambios económicos que sean sostenibles en el tiempo.

En un marco internacional tan adverso, dependiendo tanto de la exportación de materias primas, con el extractivismo insertado en nuestras economías, el modelo neoliberal tiene un gran espacio de movimiento aún. Y si se entiende que políticas culturales, políticas redistributivas, requieren recursos que aún dependen del extractivismo estamos ante una de las razones del porqué la atención a las demandas afrodescendientes se han movido en un carril de baja velocidad.

Lo que queda claro es que el racismo y la discriminación contra la población afro requieren de encuentros, cumbres, programas sociales, nombramientos de funcionarios afros, becas para la población afro, pero no basta.

El reto sigue en pie: construir una correlación  favorable a transformaciones profundas, que los afros sean parte de este proceso desde la dirección política y para eso tiene que ganarse ese espacio, para pasar de ser un sector beneficiario a ser dirigentes y protagonistas de los cambios, y enfrentar cambios en la economía que sustenten la igualdad de derechos y oportunidades y que las viejas raíces del racismo y la discriminación no soporten los nuevos vientos.

Hoy el reto se ha hecho más duro, la escalada contra los gobiernos progresistas desde los sectores conservadores locales con apoyo de los Estados Unidos juega en contra también de la agenda afrodescendiente. Pero eso abre también la posibilidad de que el progresismo se convierta en al gran paraguas que permita a los afros estar en la primera línea de combate cubriendo flancos que antes no se lograron cubrir.

Finalmente años de progresismo han logrado construir sentidos comunes populares, una serie de cuadros se han desarrollado en esta etapa, nuevas formas de gobierno han sido ejercidas con apoyo popular, la derecha que ha recuperado gobiernos como en Brasil o Argentina no la tiene fácil para nada. Los afrodescendientes tienen un rol histórico que jugar en esta lucha que hoy más que nunca es suya también.

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Los gobiernos progresistas y el pueblo afroecuatoriano: evaluación desde las políticas públicas

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Por José F. Chalá Cruz (Ecuador).

jchalaVarios académicos han denominado como gobiernos progresistas a los gobiernos que han desplegado una ideología de una nueva izquierda, agrupados alrededor de la conceptualización teórica-sociológica de Socialismo del Siglo XXI, apostando a un cambio de paradigma que lleven a una transformación social, sustentado en un desarrollo con rostro humano y  el ser humano sobre el capital. En cada uno de los países tomó nombres propios como Socialismo Bolivariano, Socialismo Comunitario, Socialismo del Buen Vivir.

El derrotero mayor era superar y resistir al neoliberalismo, buscando constituirse en una alternativa a la liberalización de los mercados, las privatizaciones, la fragmentación social y la acentuación de las desigualdades.

El progresismo latinoamericano fue la reivindicación de «algo», aunque fuera poco, frente a la «nada» que dominó los años de reacción conservadora. Ese «algo» fue detener el ritmo de las privatizaciones, en muy pocos casos revertirlas, aumentar la presencia estatal y los servicios sociales básicos, ampliar los beneficiarios de los programas de subsidios focalizados (Ospina, 2016)[1]

Este fenómeno sociológico empezó a partir de la elección en Venezuela de Hugo Chávez como presidente en el año 2000 y luego siguieron los gobiernos de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Uruguay.  A pesar de ello, nos todas estas realidades políticas fueron homogéneas, sino que tuvieron sus propios matices en su concepción y accionar político.

En la mayoría de estos procesos fue acompañado de reformas constitucionales, y a dar un papel más protagónico al Estado. Para los casos de Brasil y Uruguay se planteó que estos procesos progresistas estuvieron marcados no por una transformación estructural sino por una humanización del capitalismo, sin abandonar este modelo económico. En el primer período de Kirchner se planteó como un “capitalismo serio”. [2] A pesar de ello, fueron articulados y asumidos como gobiernos progresistas.

Estos procesos políticos generaban esperanzas desde la lógica que cambiando de paradigmas, se iba a acortar las brechas históricas sociales y económicas. Estas expectativas fueron acompañados de posicionar, como elemento central para pensar nuevas sociedades y relaciones de poder, el tema de la diferencia. Una diferencia que históricamente había servido para crear desigualdades, ahora se la planteaba como un mecanismo para seguir pensando en diferencia para crear igualdad, en países como Ecuador y Bolivia el tema de la interculturalidad era un elemento fundamental de estos proyectos de transformación, canalizadas a través de demandas que se habían planteado desde los movimientos sociales inicialmente indígena y luego el afroecuatoriano como un proyecto político. Encaminado a un reposicionamiento y revaloración de las cosmovisiones, filosofías de los pueblos.

En el caso particular de Ecuador, a pesar que se produjeron cambios constitucionales a favor de los pueblos, al volver a reivindicar su estatus de pueblos y de los derechos colectivos, se trabajaron reformas en el plano de reparaciones y acciones afirmativas.

La Corporación para el Desarrollo del Pueblo Afroecuatoriano-CODAE, fue una institución que se creó para dar respuestas a las desigualdades históricas y estructurales a través de la política pública diferenciadas. Desde ese espacio se logró financiar becas para estudiantes afroecuatorianos en universidades en programas de cuatro nivel. Además se desarrolló programas de vivienda, entre otros proyectos de política pública. Se entendió muy bien desde este espacio que una buena manera de hacer una verdadera reparación es a través de la política pública.

Si bien es cierto, esto no ha sido suficiente para superar las brechas históricas se reconoce el esfuerzo por atender a la población afroecuatoriana.  Quedando aún una deuda para los pobladores de este pueblo.

Pero ¿por qué resulta tan difícil cerrar brechas históricas a través de las políticas públicas, tomando en cuenta que el Estado se asume como Estado intercultural?

Una primera razón la podemos encontrar que en la actualidad el movimiento afroecuatoriano se encuentra desarticulado y debilitado, lo cual no ha permitido una presencia significativa y contundente en el escenario político nacional, restando la capacidad de negociación y diálogo con el ejecutivo.

Otra de las respuestas las podemos encontrar en que desde diferentes gobiernos ha existido una suerte de “indigenismo”, es decir, que han entendido la diversidad de pueblos únicamente desde los pueblos y nacionalidades indígenas, sino solo basta ver la Ley de Educación Intercultural-LOEI, donde crea un Sistema de Educación Intercultural Bilingüe, es decir, indígena dejando fuera a los otros pueblos.  

Y como último elemento filosófico-político es que el socialismo del Siglo XXI, desde su matriz marxista la categoría de la clase es  el eje central, es decir, la desigualdad se explicaba desde la estructura y superestructura económica, y no se entendió que en el caso de los pobladores que pertenecen a los pueblos y nacionalidades, la pobreza está determinada y adscrita a su pertenencia y constitución como pueblos. Justificando lo que se ha denominado como colonialidad del poder, donde la categoría de raza además de interactuar con la clase la determina. (Quijano 1992, 2000). [3]

Finalmente una prueba más de esta suerte de no entendimiento de la diversidad de los pueblos y la diferencia colonial, ha sido una demanda que aún no es escuchada en torno al Decenio del Pueblo Afroecuatoriano como medida de reparación.

Referencias bibliográficas utilizadas

Ospina, P. 2006. El reformismo progresista. Tomado de: http://nuso.org/articulo/el-reformismo-progresista/

 

Quijano, A. 1992. “Colonialidad y modernidad-racionalidad”. En Heraclio Bonilla. Comp. Los Conquistados, 1942 y la población indígena de las Américas. (Bogotá: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, sede Ecuador, Tercer Mundo Editores.

------. 2000.  “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”. En Edgardo Lander. Comp. La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Buenos Aires: CLACSO.

[1] http://nuso.org/articulo/el-reformismo-progresista/

[2] Discurso de Néstor Kirchner 25/05/2003. Esta concepción estuvo determinada por entender que sin abandonar el capitalismo se podría implementar medidas que mejoren la redistribución de la riqueza de una manera más equitativa.

[3] La colonialidad del poder determina que la categoría de raza es el elemento que justifica la desigualdad social y económica.

 

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D’CIMARRÓN N°2

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En su segundo número, D’Cimarrón ha decidido asumir un desafío pendiente. Desde el ascenso de Hugo Chávez, en 1998, hasta la fecha, han pasado veinte años (una generación) marcados por la coincidencia de un conjunto de gobiernos “progresistas” (antineoliberales parece ser más preciso) que intentaron generar alternativas al consenso de Washington. Siendo nuestra revista un sitio de encuentro nuestroamericano, decidimos invitar a un conjunto de militantes y pensadores a que realizaran un balance acerca de estos proyectos regionales.

La región ha cambiado mucho desde entonces. Algunos hablan en la actualidad de un “fin de ciclo progresista” y otros, de una “restauración neoliberal-neoconservadora”. Lo cierto es que los diversos proyectos latinoamericanos estuvieron envueltos en tensiones, contradicciones y paradojas, que se reflejan, sin excepción, en cada uno de los artículos que aquí les presentamos.

A pesar de la diversidad y heterogeneidad de opiniones que encontrarán a continuación, varios consensos tácitos quedaron expuestos. Por un lado, existe unanimidad en cuanto al éxito de estos proyectos en la disminución de la pobreza, el aumento en el acceso a la salud, la educación y la vivienda, así como la repolitización de la vida nacional (incluyendo el llamado a asambleas constituyentes). Por el otro, los articulistas coinciden en que no se construyó un modelo alternativo distinto a la exportación de materias primas, ni se logró romper con la dependencia del norte global. Así mismo, el pacto mestizo (que excluye al movimiento afrodescendiente) vía indigenismo o mestizaje, siguió intacto.

Desde una visión encarnada, nuestros colaboradores coinciden en que la inclusión en el reparto de la renta del Estado y la mejora de las condiciones materiales fue otorgada por las medidas sociales y no por una inclusión étnica-racial. Es decir, el afrodescendiente fue incluido por pobre y no por afro.

El consenso sin excepciones en toda la región es que la miopía del Estado mestizo para leer la exclusión racial, siguió intacta.

Al margen de esa desesperanzadora conclusión, hay otra que también es compartida. Los movimientos afrodescendientes de este continente lucharon antes y seguirán luchando con o sin los gobiernos progresistas (insistiría en llamarlos antineoliberales). 

Quizás no podremos hablar de las décadas ganadas o de gobiernos revolucionarios, pero si podemos convenir que nunca antes en la historia, la narrativa antirracista y plurinacional ocupó tanto espacio en la política latinoamericana. La cantidad de encuentros, de fondos y presupuestos destinados a pensar medidas para la superación del racismo en estos veinte años, no tiene parangón en la historia.

A todos los que aquí escribimos, nos queda pendiente la construcción de un proyecto alternativo desde los pueblos afrodescendientes y no para estos. Es decir, una posibilidad de cambio que surja de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, donde sabemos que las estructuras burocráticas y dependientes del capital extranjero, inhiben la transformación urgente. Desde ya deseamos que D’Cimarrón sirva como el hogar que alumbre una iniciativa como esa.

Romero Rodríguez planteó en el año 2000 en el encuentro de los movimientos cimarrones en Chile “entramos Negros y salimos afrodescendientes”, desde D’Cimarrón esperamos que del próximo ciclo progresista “entremos afrodescendientes y salgamos ciudadanos”.

Centro de Desarrollo Etnico Cedet.

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Balance político de los proyectos progresistas en la región y sus implicancias en la población afrodescendiente

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Por Antonio Quispe Rivadeneira (Perú).

QUISPEAnte la solicitud de los compañeros de la organización afroperuana Cedet, Centro de Desarrollo Étnico, de articular nuestra posición con relación a la situación de los afrodescendientes en una región marcada por la aparición de políticos y gobiernos, denominados ´progresistas´, me veo en la necesidad de desempolvar viejos atavismos personales y a la luz de este presente histórico, comenzar preguntándome:

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