Fiebres que suben en América Latina

Publicado en SECCIÓN POLÍTICA D´CIMARRÓN 4

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Por Jean Jacques Kourliandsky.
Director Observatorio América Latina-Fundación Jean Jaurès/Paris.
Investigador IRIS-Paris.

Jean Jacques Kourliandsky irisArgentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Haiti, México, Uruguay, Venezuela, sorprendieron a los mejores observadores, como a los políticos, sean de derecha o de izquierda, a los más expertos.

De manera casi coordinada entraron estos países latino-americanos en crisis agudas. Expresadas de forma distinta. Por las urnas cuando había elecciones, si no en las calles, o fugando de sus patrias en columnas desesperadas.

Por las urnas en Argentina, México y Uruguay. En las calles, en Chile, Colombia y Ecuador. Migrando, en América Central y en Venezuela.

Entender lo que está pasando es la pregunta planteada por todos los que no esperaban una ola de este tipo en este momento, en América Latina.

Respuestas elementales llegaron de forma inmediata por los medios, clásicas como nuevas. Contestando de manera instantánea y simplificadora problemas y situaciones tan complejos que supondrían explicaciones superando el tamaño de un tuit, módulo de comunicación, hoy en dia privilegiado por los dueños económicos y políticos de la información.

Se propuso entonces como claves explicativas, un paralelismo con lo que estuvo ocurriendo en los países árabes. América Latina entonces estaría entrando en una clase de «primavera». Otros recurrieron a la supuesta teoría de los ciclos. Después del ciclo de las dictaturas, vinieron el de las democracias ultraliberales, seguido del de las democracias nacional-progresistas, y de una vuelta de un ciclo ultraliberal. Entonces estariamos volviendo hoy a un ciclo de izquierda. Otros hablaron de complots. Complots del imperialismo norteamericano para unos. Complots del comunismo cubano y venezolano para otros.

Estas «explicaciones» no funcionan porque buscan dar una respuesta única a realidades distintas. Las primaveras árabes respondían a un deseo de democracia nunca realizado. Etapa superada en América Latina, al final del siglo XX.  Los ciclos permiten dividir la historia reciente de manera aparentemente convincente. Pero no permiten entender porqué en cada uno de estos ciclos, apartando el primero, el de las dictaduras, hubo numerosas excepciones. El primer ciclo tiene de hecho una forma de validez por el peso en estos años de las lógicas de la guerra fría. América Latina debió imponer, por EUA, regímenes autoritarios para no dejar espacio de influencia al enemigo soviético. Los otros «ciclos» no tienen esta coherencia. Hubo en cada uno, mayorías o liberales, o nacional-progresistas, coexistiendo con gobiernos de orientación distinta. En cuanto a las teorías de los complots, tienen para ellas la fuerza de las nuevas tecnologías que difunden noticias falsas de forma masiva. Convencen entonces a los convencidos.

Después de este largo pero necesario prólogo, queda el interrogante de estas fiebres casi simultáneas pero de contenido distinto que afectan América Latina. Los electores apostaron por alternancias brutales, pero de orientaciones opuestas, en Argentina, México y Uruguay. Sancionaron equipos salientes liberales en Argentina y México, y la izquierda en Uruguay. En Chile, Colombia y Ecuador los que manifestaron su descontento lo hicieron contra gobiernos liberales. Sin por lo tanto apoyar fórmulas partidarias de izquierda. Y los ciudadanos que dejan sus respectivos países, abandonan naciones gobernadas por la derecha en América Central y la izquierda, en Venezuela.

Dos factores parecen tener un peso particular para entender las fiebres de estos últimos meses. El primero es la economía. Desde el fin de las bonanzas primarias, del auge de los precios de las materias primas, agrícolas, energéticas, mineras que constituyen la base de las economías latinoamericanas, cayeron los productos internos brutos, los presupuestos de los Estados y su capacidad de mantener las políticas sociales, aumentó el desempleo y el trabajo informal. El descontento se manifestó, logicamente en países democráticos, votando o manifestándose. Donde había gobiernos de derechas el voto, las manifestaciones, y las migracions sancionarion a estos gobiernos. Donde hay o habia autoridades de izquierda, con la misma lógica se armaron votos, manifestaciones y salidas masivas de gente empobrecida.

Pero no se puede desestimar tampoco factores políticos locales que erosionando la institucionalidad democrática, alimentaron una olla de presión que explotó brutalmente, sumándose, o no, al descontento social. América Latina es el «continente» más desigual del mundo. La democracia recobrada a final del siglo XX, fue esencialmenete institucional. La deuda social acumulada por ejemplo en Chile durante la dictadura de Pinochet no fue solucionada por los gobiernos de la democracia recobrada. Las nuevas generaciones chilenas exigen hoy que haya verdaderos servicios públicos, en materia de educación, transporte y salud. Lo que supone suspender la Ley fundamental heredada de la dictadura y tener una Consttitución integrando los derechos sociales. En Bolivia como en Brasil, hubo golpes blandos de parte de unas élites que quieren entender la democracia solo como un ejercicio ritual, limitando el perímetro de la democracia al reparto de cargos públicos.

Pero no se puede silenciar las manipulaciones institucionales paralelas de gobiernos de «izquierda» que pretenden o pretendieron mantenerse en el poder de manera indefinida como Nicolás Maduro en Venezuela, o Evo Morales en Bolivia. Que ofrecieron así espacios de crítica y de movilizaciones a sus oponentes de derecha y de centro, actuando de la misma manera que Michel Temer y las élites brasileñas.

Jean Jacques Kourliandsky

Director Observatorio América Latina-Fundación Jean Jaurès/Paris

Investigador IRIS-Paris.

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