Domingo, 09 Agosto 2020

logo para cedet

Pueblos afrodescendientes

POLÍTICA

  • De la negritud a la etnización afroperuana

    De la negritud a la etnización afroperuana

    La racialización de las identidades políticas Por Vanessa Verástegui (Perú). Resumen La etnicización de las organizaciones afroperuanas se origina en la “Conferencia Mundial Contra el Racismo, Discriminación, Xenofobia y otras formas de Intolerancia”, en Durban (Sudáfrica 2001). Desde entonces, las organizaciones afroperuanas se reconocen como “afrodescendientes”, adscripción construida por los mismos autores (desde adentro) frente a la categoría racial “negro” (desde afuera) impuesta desde la colonia que, Aníbal Quijano, señaló como un sistema de racialización europea para denominar a los esclavos procedentes de África y los indígenas colonizados en América.  Es en la Declaración y en el Plan de Acción

    Read More
  • ¿Por qué se niega del carácter de pueblo a los afrodescendientes de las Américas?, siendo que lo son como tal.

    ¿Por qué se niega del carácter de pueblo a los afrodescendientes de las Américas?, siendo que lo son como tal.

    Por John Antón Sánchez (Ecuador) Instituto de Altos Estudios Nacionales IAEN Resumen El artículo sustenta la necesidad de que se le reconozca el carácter de pueblo a los afrodescendientes de acuerdo con el derecho internacional. Debate que más allá de razones de negación de dicho carácter dado el desconocimiento de la realidad antropológica de los afrodescendientes como una realidad cultural originaria de las Américas. La clave es concentrarse en las atribuciones que desde los instrumentos internacionales de derechos humanos existen para que una comunidad o grupo cultural sea considerado pueblo tribal o pueblo indígena. El texto reafirma que existe suficiente

    Read More
  • Reconocimiento constitucional para los afroperuanos. Una mirada comparada desde los países andinos

    Reconocimiento constitucional para los afroperuanos. Una mirada comparada desde los países andinos

    Por Cristina Echeverri-Pineda (Colombia). Desde 2014 se oficializó que junio de cada año sería el mes de la cultura afroperuana. Estas celebraciones son un espacio para fomentar la visibilidad y el reconocimiento de la población y la cultura afroperuana en la construcción de la nación en el país andino. Estas celebraciones, además, son un espacio que permite debatir la importancia del reconocimiento constitucional para las poblaciones afrolatinoamericanas y particularmente en el Perú. Así, en este texto pretendo reflexionar sobre el reconocimiento constitucional para afrodescendientes en los países de la región andina y, a partir de allí, resaltar que dicho reconocimiento

    Read More
  • Visibilizar: Estado y ciudadanía

    Visibilizar: Estado y ciudadanía

    Evelyne Laurent-Perrault (Venezuela). En principio la conceptualización filosófica e ideológica del Estado incluye el concepto de la ciudadanía. Dentro de este marco, el Estado tiene la obligación de proveer y hacer accesible los recursos que satisfagan las necesidades básicas de todos sus ciudadanos a las cuales todos tienen derecho. Las demandas por el reconocimiento de los derechos humanos han ido incorporando el concepto de equidad como la vía hacia la inclusión de todos. Un buen sistema educativo, una vivienda digna, salud, justicia, así como el derecho de mantener las culturas, entre otros, representan algunos derechos de los ciudadanos. Por su

    Read More
  • Valorizando todas las sangres: la importancia de incluir a los afroperuanos en la Constitución

    Valorizando todas las sangres: la importancia de incluir a los afroperuanos en la Constitución

    Por John Thomas III (Estados Unidos). A medida que Perú avanza hacia su Bicentenario, se reflexiona mucho sobre cómo ha evolucionado la identidad de la nación peruana desde su liberación por el general San Martín en 1821. Los pueblos andinos, amazónicos y afroperuanos han estado presentes desde los albores del país, abrazándose abiertamente y aceptando la rica diversidad de la nación peruana, sin embargo el logro de la identidad sigue siendo un esfuerzo complejo y continuo. El mismo país donde nace el sol inca y el río Amazonas continúa con altos niveles de desigualdad y pobreza en la sierra y

    Read More
  • Los pueblos afroperuanos y el convenio 169 de la OIT

    Los pueblos afroperuanos y el convenio 169 de la OIT

    Por Antonio Quispe (Perú). DENOMINACIÓN DE PUEBLO PARA LOS AFRODESCENDIENTES DERECHO A LA VIDA Y A LA DIGNIDAD HUMANA (A LA SALUD, A LA EDUCACIÓN, AL TRABAJO, A LA CREACIÓN CULTURAL, A LA ORGANIZACIÓN ÉTNICA Y AL PLURALISMO JURÍDICO) En esta oportunidad me corresponde, por solicitud de los regentes de este foro, y por mandato de mi conciencia, exponer en una cuantas líneas, la necesidad de plasmar en realidad nuestro viejo anhelo de ser llamados por nuestro nombre y tratados como tal. El enunciado que encabeza mi exposición, hace referencia a derechos fundamentales de todos los seres humanos, y que

    Read More
  • 1
  • 2

I Can’t Breathe: 400 años de injusticia estructural

0
0
0
s2sdefault

Change is gonna come (Sam Cooke)

Por M´bare N´gom Faye (Estados Unidos).

NbareEl pasado 25 de mayo, coincidiendo con el “Memorial Day”, uno de los días feriados más importantes del país porque es la celebración  y reconocimiento de los caídos por la patria, los ciudadanos de Estados Unidos y de otros lugares del mundo asistieron con horror a la muerte “en vivo”  o mejor dicho al asesinato del señor George Floyd, un ciudadano estadounidense, en manos del agente de policía Derek Chauvin. El señor Floyd, un afroestadounidense de 46 años, era residente de la ciudad de Minneapolis en el estado de Minnesota. Padre con cinco hijos/as. El mundo entero fue testigo de las espeluznantes imágenes del señor Floyd quien, bocabajo en el asfalto con el agente Chauvin hincándole la rodilla en el cuello con todo su peso, mientras aquel con voz casi inaudible rogaba: “I can’t breathe” (no puedo respirar), perdió la vida.  Ese ruego se convertiría en el doloroso grito de protesta y de denuncia de las movilizaciones ciudadanas que invadieron las calles, plazas y parques estadounidenses y del mundo. “I can’t breathe” también fueron las últimas palabras que pronunció el señor Eric Garner en el 2014 cuando, por vender cigarros en la calle, fue detenido por cinco policías que lo inmovilizaron presionándole la cara contra la acera sucia de una calle de Staten Island, Nueva York. Asfixiándolo hasta la muerte. Y los policías fueron absueltos por la justicia.

En el caso del señor Floyd, la crónica de su muerte en directo o en vivo fue posible gracias a la presencia de espíritu de una joven de 17 años llamada Darnella Frazer quien increpaba a los policías mientras grababa la escena de la muerte cruel de George Floyd. Desde entonces, han salido a la luz unos 600 videos documentando los abusos policiales contra ciudadanos y ciudadanas africanos americanos, nativos americanos y latinos/hispanos.

La muerte del señor Floyd ha dado nacimiento a la formación de una amplia y diversa coalición de actores sociales, y a la articulación de un movimiento de solidaridad y de protesta masiva a nivel nacional y transnacional contra la brutalidad policial, el racismo y otras formas de discriminación y de opresión contra los llamados grupos minoritarios. Lideradas por el movimiento Black Lives Matter (BLM), las movilizaciones han llegado a más de 300 ciudades estadounidenses y 700 ciudades a nivel mundial (a la hora de redactar este trabajo). Es un movimiento que no tiene parangón en la historia reciente del país por la rapidez de su expansión, la diversidad de sus protagonistas, su carácter transnacional y global al llegar a casi todos los continentes y por su duración, casi tres semanas hasta la fecha. Si bien la lucha de reivindicación por los derechos civiles tuvo un gran seguimiento en EE.UU. y recibió apoyos simbólicos en algunas partes del mundo, no llegó a tener el alcance activo de este. La  reacción provocada por la muerte del señor Floyd solo fue la gota que hizo rebasar el vaso. Fue el resultado de lo que el Profesor William Darity, de Duke University, llama   “(…) the cumulative impact of America’s racial history”, (el impacto cumulativo de la historia racial de EE.UU.), es decir, un proceso de opresión sistémica que es el legado de una cultura racista y orgánica que arranca de la época de esclavización de los descendientes de africanos y que EE.UU., una de las cunas de la democracia heredó e incorporó entre sus prácticas institucionales y cotidianas. Por lo tanto, el dramático evento del pasado 25 de mayo no fue un incidente aislado sino que forma parte de una narrativa de violencia institucional e institucionalizada contra la población de ascendencia africana con un enfoque particular en el segmento masculino. Según la revista Time Magazine, en EE.UU., cada dos días, un joven africano-americano muere a manos de la Policía (Num.22, junio 2020). A ello se suman carencias notables y esenciales tales como la falta de acceso a servicios esenciales como la salud, el sistema educativo, una vivienda digna y al empleo sostenible entre otros factores adversos. La población africana americana representa el 13% de la población de EE.UU., y es uno de los grupos más afectados por la pandemia del COVID-19; 22% de los contagiados y 23% de las muertes; 44% han perdido su empleo a causa de la pandemia y 73% no tiene recursos para cubrir gastos necesarios (Pew Research Center 2020).  Es decir, en palabras de una de las participantes en las manifestaciones en Brooklyn, NY, el pasado 29 de mayo, “Si no nos mata el COVID-19, nos mata la Policía o nos mata la economía” (Time Magazine, num.22, junio 2020). Este es el contexto en el que se sitúa el movimiento de protesta actual. 

La muerte de George Floyd fue precedida de otros actos de violencia policial puntuales contra la población africana americana. Las víctimas eran jóvenes  hombres y mujeres africanos americanos trabajadores y algunos/as con familia como  Breonna Taylor,  en Louisville, Kentucky (13 de marzo 2020),  en su propia casa; Ahmaud Arbery en Brunswick, Georgia (febrero 2020), abatido por un policía en retiro y su hijo cuando hacia jogging; Aitatiana Jefferson, en Fort Worth, Texas (octubre 2019) en su propia casa; Sean Reed, en Indianapolis (6 de mayo 2020); Tony McDade en Tallahassee, Florida (27 de mayo 2020), en la calle cuando regresaba a su domicilio, y más recientemente, Rayshard Brooks en Atlanta, Georgia (12 de Junio 2020), en el aparcamiento (parqueo) de un restaurante de comida rápida. La movilización de diversos actores sociales estadounidenses y de otros lugares del mundo aglutinados entorno al grito reivindicativo de “I can’t breathe” o hincar una rodilla en público, pero no esa rodilla asesina hincada en el cuello del señor Floyd asfixiándolo hasta acabar con su vida, sino como lo hiciera el jugador de futbol americano Colin Kaepernick antes de cada partido/juego de futbol. Esa valiente actitud acabó con su prometedora  carrera deportiva. Esas son algunas de las expresiones de ese gran movimiento los poderosos símbolos expresivos de ese gran movimiento de protesta y de denuncia contra la injusticia estructural o “Injusticia contemporánea” (Melissa Williams) que ha imperado en EE.UU. a lo largo de estos 400 años. Son expresiones cívicas  con un carácter  pluricultural, pluriétnico, plurilingüe, multigeneracional y transnacional que reclama el cese de la violencia institucional e institucionalizada en sus diferentes formas y variantes, contra los llamados grupos minoritarios así como el acceso a  un espacio de expresión abierto e incluyente y el “derecho a tener derechos” (Evalina Dagnino, 2006). Busca la articulación de una nueva pedagogía política y social y cultural que rechace y destierre el racismo, la intolerancia y la perspectiva monolítica de la sociedad que ha imperado tanto en EE.UU. como en otros lugares del mundo occidental. En otras palabras,  la muerte de George Floyd, ha creado una narrativa alternativa contra la intolerancia y la violencia social, histórica e institucional: el discurso del rescate de la memoria del trauma, del dolor, de la humillación y del ninguneo que fue la esclavización de africanos y su subyugación durante más de 500 años en las Américas, el colonialismo con su estructura de opresión y de deshumanización y humillación histórica. Se puede hablar de una propuesta  global articulada entorno a una pedagogía de la compasión, de la solidaridad y de la tolerancia. En Europa, por citar un ejemplo, las protestas, además de sacar a la luz pública el racismo imperante, pero negado, la discriminación y la brutalidad policial en algunos casos, ha rescatado la memoria del dolor asociada con la opresión de los pueblos otrora colonizados en nombre de una supuesta “misión civilizadora”,  tras la cual se escudaba el discurso colonial europeo. En este sentido, se ha reclamado la retirada de monumentos, estatuas y otros símbolos erigidos en reconocimiento de los llamados “héroes de la patria” cuyas acciones han estado íntimamente ligadas a la opresión y subyugación de los llamados “pueblos no-hegemónicos”. En EE.UU., esas acciones han llevado al retiro o derribo, según el caso, de estatuas y otros símbolos históricos recordando la figura de personajes asociados con periodos dolorosos y traumáticos de la historia del país: la guerra civil, la esclavización de africanos, el linchamiento de los negros, la masacre de nativos americanos y la discriminación contra otros grupos minoritarios en los espacios públicos e institucionales de transacción. El cuerpo de los Marines del ejército de tierra y de la marina de guerra de las fuerzas armadas de EE.UU. ha decidido retirar la bandera de la Confederación y todo lo asociado a ella por ser símbolo de la supremacía blanca, de racismo y del “nacionalismo blanco”. En muchas universidades privadas y públicas estadounidenses han aumentado las peticiones firmadas por estudiantes, profesores y el personal no docente para que se corten o limiten los lazos con la Policía.

También han pedido que se retiren de sus campus todos los símbolos físicos u onomásticos de individuos u organizaciones relacionados con la opresión de pueblos o grupos. En Francia, Gran Bretaña, Canadá y en algunos países africanos, África del Sur, Etiopia, Ghana, Tanzania y Uganda, por citar unos cuantos, han habido reclamos para que se cambien de los edificios, de calles, plazas y lugares públicos los nombres de personajes “ilustres”, “históricos” y/o benefactores involucrados y/o asociados directa o indirectamente con la esclavización de africanos, la colonización, el genocidio de los nativos americanos y la discriminación bajo todas sus formas, así como la eliminación de otros símbolos con las mismas connotaciones y conexiones. Ese movimiento de protesta y solidaridad ha conseguido aglutinar la participación de grandes entidades empresariales nacionales y globales (IBM, Pepsico, Nike, Ben &Jerry, Walmart, Sephora, HBO, Netflix, GM) para que se unan a la campaña liderada por Black Lives Matter. Por otro lado, grandes organizaciones benéficas como Rockefeller Foundation, McKnight Foundation, The Obama Foundation y Ford Foundation, por citar unas pocas, se han pronunciado de forma contundente contra la “Racial Disparity” (según Rockefeller Foundation). Dentro de ese marco, es preciso resaltar que la Modern Language Association of America (MLA), una de las mayores organizaciones de profesores universitarios del mundo ha hecho un pronunciamiento oficial contra el racismo y la discriminación bajo todas sus formas,

En palabras de Gianna Floyd, la hija de George Floyd de 6 años, “My daddy changed the world” (mi papi cambió el mundo). ¡Y nunca mejor dicho! Es cierto que la horrible y dolorosa muerte de George Floyd cambió el mundo al dar nacimiento a una coalición nacional, multinacional, transnacional, inter/multigeneracional y pluriétnica. Y lo más importante que es menester resaltar es que la locomotora de ese cambio y de esa coalición global por el cambio y la justicia es la llamada generación Z. 

Y como reza la canción de Sam Cooke, Change is gonna come.

 1. Kaepernick fue despedido por el equipo de San Franciscico 49 ers y  boicoteado por todos los otros equipos de futbol y no juega desde la temporada de 2016.

Imprimir Correo electrónico

0
0
0
s2sdefault

La importancia del análisis de la salud mental en la población afroperuana

0
0
0
s2sdefault

Por Jazmín Reyes (Perú).

"El racismo nos mata, nos duele, nos silencia, nos rompe. Frente a eso, ¿Qué decimos? La salud mental de las personas negras, importa".

jazmiEl racismo impacta de diversas maneras en la salud mental de la población afroperuana. Existe una deuda pendiente, desde la Psicologia, abordar el estudio y el impacto de la salud mental desde el enfoque de la interculturalidad. 

En el marco de la pandemia actual, las emociones, la autoestima y los procesos de ansiedad se ven impactados negativamente debido a la incertidumbre que causa el futuro, ser parte de un proceso de incomprensión de la situación global, miedos e inseguridades totalmente validos sobre la salud física, la situación económica y la estabilidad de familia y amigos/as cercanos/as. Sumado a eso, ser parte de un proceso de cambios radicales, en donde la vida de muchas personas ha cambiado de forma exponencial, viéndose expuestos/as a crear y diseñar soluciones frente a la situación económica y social que se experimenta a nivel global. La sensación de vulnerabilidad y de inestabilidad emocional puede llevar en muchos casos a situaciones y episodios de ansiedad, ataques de pánico, depresión, entre otros. Y, en muchos casos, las personas que han vividos estos episodios, al tener herramientas psicoemocionales, pueden lograr que estos episodios no sean prolongados. Sin embargo, las personas que tienen herramientas psicoemocionales son las personas que pueden o han accedido a un espacio de salud mental, espacios de sanación o espacios psicoterapéuticos. Y entendiendo que los espacios de salud mental son territorios de privilegios para las personas racializadas, estos episodios de conflictos emocionales se agravan generando emociones desbordantes para las personas que lo experimentan. 

Frente a esta situación mundial, en las últimas semanas, las noticias se vieron impactadas por los hechos ocurridos en Estados Unidos por el asesinato de George Floyd a manos de la supremacía blanca hegemónica, como un caso que no es aislado, sino que es un acto que refleja la violencia racista sistemática de las personas blancas hacia las personas afrodescendientes. Frente a estos hechos de violencia racista, más la situación de pandemia global, las personas afroperuanas al ver estas imágenes, se enfrentan a situaciones y episodios de vulnerabilidad emocional recurrentes en diferentes niveles, a un nivel individual y a nivel colectivo. 

A nivel individual – emocional, se activan procesos cognitivos, en donde las personas afroperuanas experimentan miedos, inseguridad y ansiedad frente a una situación de violencia racista, que a pesar de ser una situación que ocurrió en USA, las personas afroperuanas son conscientes que la violencia racista existe de forma constante y sistemática y que este proceso histórico ha estado siempre presente. Es decir, esta situación ocurrida en Estados Unidos hacia la población afroamericana hace recordar a la población afroperuana las experiencias de racismo, exclusión social en diferentes espacios. Como mencionaba anteriormente, los espacios de salud mental son territorios de privilegios para las personas afroperuanas, por lo que, al reactivar estas violencias de racismo estructural, en el contexto del caso de George Floyd, se incrementan los episodios de ansiedad e inseguridad emocional. Frente al acceso limitado de espacios de salud mental en la población afroperuana, las personas afrodescendientes han encontrado estrategias y alternativas de sanación para mantener su autoperservacion y autocuidado mediante prácticas ancestrales que han sido transmitidas de forma generacional. 

En un nivel colectivo – emocional, toda esta situación de violencia racista recuerda a la población afroperuana el sentido de comunidad, colectividad y manada que existen de forma ancestral. Y recuerda, además, que este sistema de comunidad se ve vulnerado a causa de la violencia racial que existe en el mundo hacia la población afrodescendiente. Es importante entender que, en los procesos de sanación para la población afroperuana, abordar las experiencias positivas o negativas en torno a la colectividad afroperuana es vital para comprender muchos procesos emocionales de las personas negras. 

Estas dos situaciones actuales, la pandemia a nivel mundial y los actos de violencia racista en Estados Unidos nos obliga volver a tomar atención a un problema de salud pública que, de manera consensuada, se sabe de la importancia de poder abordarlo y cuestionarlo, pero que son limitadas las acciones concretas al respecto. Las redes sociales y diferentes medios de comunicación abrumaron con mucha información a través de las notas periodísticas, discursos antirracistas, indignación de las mismas personas afroperuanas y no afroperuanas, compartiendo diferentes formas de protesta virtual, mediante el hashtag Black Live Matters. Sin embargo, ¿si estos actos racistas en Estados Unidos no hubieran ocurrido o no hubiera tenido la difusión que tuvo, existieran estas formas de protesta virtual, esta indignación, esta demanda social que lleva siglos de ser ignorada  y silenciada? Seguramente no y aun así es importante volcar la mirada a lo que sigue después del caso de George Floyd: tomar verdadera atención al impacto de la salud mental en la población afroperuana. 

El impacto de la violencia racista en la salud mental de la población afroperuana presenta diferentes niveles. En el presente artículo, se explicarán dos de los niveles más importantes en donde el racismo impacta en la salud mental; los cuales la autoestima, y las relaciones interpersonales. 

En primer lugar, existe un impacto negativo en la consolidación de la autoestima en las personas afroperuanas. En un estudio realizado para entender la vivencia de las mujeres afroperuanas en sus relaciones de pareja, se encontró que, al fortalecer la identidad afroperuana, se fortalecen los niveles autoestima, influyendo en las formas de relacionarse con el entorno. En ese sentido, al fortalecer los niveles de autoestima impacta positivamente en construir relaciones interpersonales saludables. En ese sentido, el proceso de construcción de la identidad étnico – racial y el proceso de consolidación de la autoestima no son dinámicas que se tienen que entender de forma separada y/o aislada, sino como un proceso que se relacionan entre sí. Si no existiera una construcción positiva de la identidad afroperuana debido a los estereotipos negativos que existen en torno a las negritudes, impactara en la construcción de la autoestima generando una falta de reconocimiento de las capacidades y habilidades, sentimientos de miedo e inseguridad y la experiencia de las relaciones interpersonales no saludables. Esto lleva a explicar el segundo nivel de impacto del racismo en la salud mental en la población afroperuana. La identidad afroperuana consolidada de manera positiva, impacta en la consolidación de la autoestima, generando relaciones interpersonales saludables, dinámicas de interacción consecuentes, escucha activa al momento de relacionarse y el establecimiento de límites concretos en las relaciones interpersonales. 

Frente a esto, ya no se puede pensar el impacto del racismo en la salud mental de forma superficial. Se debe pensarse desde un cuestionamiento real y concreto sobre un tema que no ha sido estudiado, ni debatido ni interpelado suficientemente. Hacerlo en el momento actual y en los años que prosiguen es de vital importancia por el autocuidado y la autoperservacion de las personas negras. Porque la salud mental, el cuidado emocional y afectivo de las personas negras, importa. 

___________________________________________

1 Académica y activista afroperuana. Obtuvo la licenciatura Psicología Clínica por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas por la tesis: “Satisfacción marital en un grupo de mujeres casadas afroperuanas de Lima Metropolitana”. Pertenece al Movimiento Afroperuano en donde ha liderado diversos encuentros, conferencias y congresos sobre la población afroperuana y, especialmente sobre las mujeres afroperuanas. Se reconoce como feminista interseccional y decolonial, participando en diferentes espacios feministas, posicionando la agenda de las mujeres afroperuanas. Asimismo, es poeta, creadora de la página: “Poetafrofeminsita”, una plataforma de poesía afrodescendiente y feminista. Sus líneas de investigación académicas abarcan: feminismo interseccional y decolonial, el enfoque intercultural en la salud mental y poesía afrolatinoamericana. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias 

Coon, D. (2010). Psicología. 10a Ed. México: Internacional Thomson Editores
Das, C. (2012) 
Espinosa, A. & Cueto, R.M. (2014). Estereotipos raciales, racismo y discriminación en América Latina.

Imprimir Correo electrónico

0
0
0
s2sdefault

Las dos pandemias

0
0
0
s2sdefault

Por Mónica María Salazar Suárez (Perú).

moicaEstamos seguros, que pronto la comunidad científica internacional desarrollará una vacuna capaz de inmunizar a la humanidad contra el Nuevo Coronavirus, la pandemia que en pocos meses ha cobrado la vida de casi medio millón de personas alrededor del mundo. Sin embargo, hay otra pandemia que nos aqueja desde hace siglos y que pareciera no tener fin: el racismo.

La pandemia del COVID-19, ha afectado a casi todo el planeta, pero ha sido más severa con algunos grupos en particular. En Estados Unidos (que posee el más alto índice de víctimas a nivel mundial) de los cientos de miles de personas fallecidas hasta el momento, son las de origen afrodescendiente e hispanoamericano, las que registran mayores tasas de hospitalización y muerte por esta causa. 

Según datos difundidos por BBC Mundo, en Nueva York, principal foco de la pandemia en EE.UU. hasta el 8 de abril el 28% de las 4.009 muertes por Covid-19 eran de personas afro, según reveló el gobernador Andrew Cuomo. En Chicago, hasta el 5 de abril cerca de la mitad de los casi 5.000 contagiados era personas de origen afro. Allí han fallecido 1.824 afroamericanos, frente a 847 blancos, 478 hispanos y 126 personas de origen asiático. Esto representa el 72% de las muertes, aunque solo son el 30% de la población, en una ciudad que cuenta con 2,7 millones de habitantes.

En el estado de Michigan, la población afroamericana alcanza solo el 14%, pero concentra el 33% de los casos reportados y el 41% de las muertes por COVID - 19, según informes de las autoridades sanitarias. En Lousiana, casi el 40% de muertes por el virus han ocurrido en Nueva Orleans, donde la mayor parte de los habitantes son de origen afro. Allí, hasta el 8 de abril, se habían reportado 4.942 casos y 185 personas fallecidas.

Según un estudio de ProPublica, en Milwaukee, Wisconsin, una de las ciudades más segregadas de Estados Unidos, hasta el viernes 3 de abril se habían registrado cerca de mil casos de COVID-19; aunque la población afro solo representa el 26% del total de habitantes, casi la mitad de los casos reportados eran afroamericanos y de las 27 muertes registradas, 21 fueron personas afro. 

En una entrevista con CBS Mundo, Jerome Adams, uno de los portavoces del gobierno norteamericano en temas de salud pública, dice que la crítica situación que enfrentan los afroamericanos frente a la pandemia, no sorprende. 

La población afro está siendo especialmente golpeada por el virus, debido a su situación vulnerable y multicausal: pobreza, desempleo, viviendas precarias y hacinamiento, mala alimentación, falta de acceso a servicios de salud de calidad. Todo ello, sumado a las condiciones médicas prevalentes asociadas a este grupo étnico como asma, hipertensión arterial, enfermedad coronaria, diabetes, obesidad, entre otras, complican aún más la prognosis. Estas patologías predisponen a la población afrodescendiente a una mayor letalidad. 

Amitabh Chandra, director de investigaciones de políticas de salud en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard, señala que existen otros factores que colocan en desventaja a los afroamericanos, frente a otros sectores de la población norteamericana: el no contar con un seguro de salud y una mayor exposición al contagio (debido a los trabajos que realizan). La falta de ingresos adecuados o de un fondo de ahorro, los obliga a seguir en la calle a pesar de las medidas de aislamiento social recomendadas por las autoridades sanitarias. La pandemia también afecta en mayor medida a los afroamericanos, debido a que tienen cinco veces más probabilidades de estar en prisión que las personas blancas, según The Sentencing Project. 

Con igual crueldad la otra pandemia (el racismo), ha impactado a Estados Unidos con el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd, cometido por el agente de policía Thomas Lane. Un acto de brutalidad policíaca, que ha provocado la indignación mundial y movilizaciones masivas sin precedentes en 140 países, desafiando las normas de distanciamiento social, con el riesgo de desencadenar una segunda ola de contagios por COVID -19 en el mundo. 

Bajo el lema #Black Lives Matter, movimiento iniciado en 2013 miles de personas, sobre todo en Europa y Norteamérica, han salido a protestar por este crimen. No es la primera muerte de un afroamericano ocurrida a manos de un miembro de la policía norteamericana, pero en estas circunstancias el crimen de George Floyd ha adquirido una especial significación; se ha convertido en un símbolo de la lucha contra el racismo sistémico, una pandemia que parece no tener fin. 

“I can’t breathe”, fueron las últimas palabras pronunciadas por Floyd, mientras moría asfixiado bajo la rodilla del agente Lane. Esta frase, coincide con lo que experimentan las víctimas del corononavirus en su fase más aguda, quienes claman desesperadamente por oxígeno para seguir viviendo. El video del momento preciso del hecho se volvió viral, invadiendo las redes sociales y causando una reacción en cadena que ha trascendido las fronteras de E.E.U.U., llegando a varias ciudades de Canadá, México, Brasil, y el continente europeo. 

Se dice que hay un “racismo institucional” practicado sistemáticamente por la policía norteamericana, contra las personas de origen afro, y las estadísticas parecen demostrarlo. El diario The Washington Post mantiene un registro de cada tiroteo mortal en el que ha estado involucrado un policía y las cifras arrojan que, aunque es mayor el número de personas blancas las que anualmente mueren a tiros por la policía, las personas negras tienen más del doble de probabilidades de ser acribilladas. El 24% de los muertos a manos de la policía son negros, aunque el grupo sólo constituye 13% del total de la población del país de acuerdo a la ONG Mapping Police Violence.

Ha pasado mucho tiempo desde que Martir Luther King dijera “I have a dream” ante una emocionada multitud y pese a las reformas en los derechos civiles de los afroamericanos y los esfuerzos para reducir las desigualdades entre blancos y negros, la discriminación racial persiste como un virus en la sociedad estadounidense. Desde que Donald Trump inició su campaña electoral hasta que asumió la presidencia, los prejuicios raciales se han exacerbado, alentados por un discurso cargado de intolerancia frente a los inmigrantes ilegales, a la apología del uso indiscriminado de armas y al nacionalismo extremo, basado en la supremacía blanca, propia de décadas pasadas. Discurso que contrasta con la actitud conciliadora que caracterizó al expresidente Obama, quien se empeñó en mejorar la calidad de vida de las minorías. 

En el Perú, los afrodescendientes enfrentan los mismos peligros frente a la pandemia que en Estados Unidos por la misma causa, la pobreza. La rápida propagación del virus en las regiones de Tumbes, Piura, Lambayeque e Ica, así como en algunas zonas de Lima y Callao donde existe gran concentración de poblaciones afrodescendientes, según el “Mapa Geoétnico de la Población Afroperuana en Territorio Nacional” no es casual, aunque aún no existe data que respalde esta afirmación. Teniendo en cuenta que hay un subregistro de víctimas a nivel nacional, habrá que esperar el fin de la emergencia para contar con información precisa sobre el número de peruanos y peruanas de origen afro, fallecidos a consecuencia del COVID - 19. Sería importante investigar desde el Estado, desde la Academia, o desde el Tercer Sector (ONG), para determinar el impacto real de esta pandemia en las comunidades afroperuanas. 

En el Perú como en Estados Unidos la otra pandemia, el racismo, también nos contamina. La discriminación racial en el Perú es estructural, y aunque no se manifiesta a través de crímenes de odio como el de Floyd, se hace evidente en la exclusión social y económica de la que es objeto la población afro; en la falta de oportunidades que la marginan y relegan al desempeño de ciertas actividades e impiden el pleno ejercicio de sus derechos, así como de alcanzar su desarrollo humano y social. Un informe de la Defensoría del Pueblo, indica que la población económicamente activa (PEA) afroperuana es 14% menor en comparación con la nacional, mientras que el porcentaje de personas de este grupo étnico que han accedido a una educación superior es menor en 10% que el resto de la población. 

En la publicación “Los afrodescendientes en el Perú Republicano”, se lee: 

“La esclavitud siguió presente en las conductas y en las mentes de las personas influenciando en la manera como se establecieron las relaciones entre la población y los ex esclavos. Esto ocasionó que se percibiesen como “normales” que ciertas actividades u ocupaciones fuesen realizadas por negros, dado que anteriormente las realizaban los esclavos. Esta percepción ha llegado hasta nuestros días. A muchas personas no les sorprende que los porteros de lujosos hoteles y casinos de la ciudad de Lima o quienes ejercen labores consideradas menores sean afroperuanos. No suscita reacciones negativas, se concibe como parte de una situación normal”. 

No es de extrañar entonces, que en pleno siglo veintiuno, los peruanos asumamos que es natural que el cargador de una funeraria sea negro, por citar un simple ejemplo.   

La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha declarado el período 2015-2024 como el “Decenio Internacional de los Afrodescendientes”, con el objetivo de visibilizar esta problemática, sin embargo, muy poco se ha avanzado en el mundo para reducir las inequidades que sufren. En nuestro país se han dictado normas que penalizan las conductas racistas o discriminadoras, como la “Ley para la Prevención, Eliminación y Sanción del Racismo y la Discriminación Racial”. Así mismo, se han desarrollado herramientas para que los ciudadanos que sean discriminados por causa de su origen puedan denunciarlo, a través de la plataforma interactiva “Alerta Contra el Racismo” del Ministerio de Cultura. Pero estas medidas son insuficientes. 

Se requieren políticas públicas que reduzcan significativamente las brechas existentes, en lo social y en lo económico. Los peruanos debemos reconocer y valorar el aporte del pueblo afrodescendiente a nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestra identidad. Es necesario diseñar e implementar políticas públicas eficaces que los visibilicen, empoderen e incluyan; que garanticen su acceso a servicios de educación, salud, vivienda e infraestructura y que generen oportunidades de trabajo adecuado, respetando las singularidades de este grupo étnico, históricamente postergado.

En ese sentido, en el último Censo de Población y Vivienda realizado en 2017, se incluyó la variable étnica (raza), que permitió identificar y cuantificar a los peruanos de origen afro. El resultado, fue el autorreconocimiento del 3.6% de peruanos como afrodescendientes, es decir aproximadamente más de 800.000 mil  personas.  Por eso, en el marco de esta emergencia sanitaria, las organizaciones que luchan por los derechos de los afroperuanos demandan acciones concretas, focalizadas en este sector de la población. 

Se requiere la intervención multisectorial del Estado para mejorar la calidad de vida de los afroperuanos de manera sostenible, incluyéndolos en los programas sociales que impulsarán la economía post cuarentena como “Arranca Perú”, cuyo objetivo a corto plazo es la creación de un millón de empleos a nivel nacional. 

Esperemos que el 2021, Año del Bicentenario de la Independencia del Perú, podamos terminar de una vez por todas, con las dos pandemias que contaminan nuestra sociedad, el COVID – 19 y el racismo.   

https://andina.pe/agencia/noticia-en-9-regiones-y-4-distritos-lima-se-concentra-poblacion-afrodescendiente-614777.aspx
2 Los afrodescendientes en el Perú republicano. Eduardo Huárag Álvarez, Editor de la compilación. Página 10, Capítulo 1. Los últimos esclavos africanos en Lima según el censo de 1860. Jesús Cosamalón Aguilar, Pontificia Universidad Católica del Perú - Instituto Riva Agüero.

www.leyes.congreso.gob.pe/Documentos/2016_2021/Proyectos_de_Ley_y_de_Resoluciones_Legislativas/PL0379320190110..pdf
https://alertacontraelracismo.pe/inicio

Imprimir Correo electrónico

0
0
0
s2sdefault

Prejuicio, racismo, violencia y abuso policíaco

0
0
0
s2sdefault

Por Evelyne Laurent-Perrault (Venezuela).

Evelyne Laurent PerraultMe siento a escribir estas palabras mientras escucho la música que acompaña al funeral de George Floyd, asesinado por el policía Derek Chauvin en la ciudad de Minneapolis-Minnesota. Chauvin asfixió a Floyd porque se sintió en derecho de hacerlo. Ni Chauvin, ni sus compañeros se detuvieron a pesar de que muchas personas les pidieron que se detuviera. Peor aún, ante el video, la única respuesta de las autoridades fue la de despedir a los policías, desconsiderando nuevamente el valor de la vida de un hombre afroamericano. ¿Cuándo empezó Chauvin a pensar que Floyd y los otros a los que ya había asesinado eran criminales? ¿Cómo romper con esta espiral macabra e histórica de violencia explícita, implícita y racista?

La actuación de Chauvin responde y forma parte de las dinámicas históricas de poder y de las narrativas de los procesos racializadores establecidos a través de los últimos cuatro siglos, por la supremacía patriarcal-blanca, de la élite. Durante la colonia, las autoridades, la Iglesia y los dueños de esclavos crearon leyes y narrativas constituyentes de uno de los pilares centrales de los proyectos coloniales del continente americano y del mundo atlántico. Las autoridades esperaban que individuos esclavizados aceptaran la sumisión y fuesen abnegados y amorosos con sus dueños. Las y los africanos y afrodescendientes que trataron de recobrar su dignidad y la libertad fueron conceptualizados como criminales a los cuales había que perseguir, arrestar y castigar. El sistema carcelario en el hemisferio americano representa una de las respuestas para someter la “altivez” de aquellos individuos.

Es importante subrayar que la incesante negociación presentada por esclavizados y libres fue lo que conllevó a las sucesivas aboliciones de la esclavitud que se dieron durante el siglo XIX, en el continente americano. Lamentablemente, la falta de mecanismos abocados a la restitución de las dignidades violadas durante la colonia, conllevaron a tres graves consecuencias de orden regional e internacional. En primer lugar, no eliminó las narrativas de criminalidad, holgazanería, hipersexualidad e inmoralidad asociadas a los descendientes de africanos. En segundo plano, contribuyó al rechazo y sabotaje de la República de Haití, su rol central dentro de los procesos democráticos y su simbolismo en torno al orgullo Negro-afro-descendiente. Y por último hizo que la mayor parte de la región fuese cómplice ante la arremetida del colonialismo europeo en el continente africano.

Y es así cómo a pesar de los muchos cambios y mejoras, las estructuras y dinámicas de poder, que definen el acceso de los ciudadanos a educación, salud y vivienda adecuada siguieron condicionadas por las narrativas conscientes y sobre todo subconscientes que siguen definiendo a los individuos que viven en cuerpos racializados. Mientras en América Latina, uno de los mayores problemas de las comunidades afrodescendientes-Negras es la invisibilidad, en los Estados Unidos, parte del “problema” para la supremacía blanca reside en la cohesión, visibilidad y logros de la comunidad africano-americana.

Tras las campañas abolicionistas llevadas a cabo por individuos como: Sojourner Thruth, Harriet Tubman, Frederick Douglass, entre muchos otros, más cuatro años de Guerra Civil (1861-1865) que amenazaban con dividir a la nación, el presidente Abraham Lincoln se vio en la necesidad de abolir la esclavitud en 1865. Cerca de cuatro millones de esclavizados finalmente comenzaron a ser dueños de sus destinos. Ya para 1870, cinco años después de la abolición, 15% de los representantes políticos de los estados del Sur eran africano-americanos, lo que se tradujo en escolaridad, vivienda y salud. Los blancos terratenientes y antiguos esclavizadores no podían tolerar que sus exesclavizados se convirtieran en sus líderes políticos. Asustados y renuentes a abandonar sus privilegios de supremacía blanca sembraron olas de terror, manipularon leyes y políticos hasta que destruyeron los avances del proceso conocido como Reconstruction. Entre sus armas usaron el teatro, el cine, la prensa, reiterando las narrativas que describían a la comunidad africano-americana como incapaz, infantil, perezosa, violenta, depredadora sexual y criminal. Tal vez una de las armas más potentes fue el humor racista, que con actores blancos con caras pintadas de negro ridiculizaban a individuos afrodescendientes. Para 1877, la comunidad africano-americana había perdido gran parte de sus derechos ciudadanos. Realidad que quedó sellada en 1896 con las leyes segregacionistas conocidas bajo el nombre de Jim Crow.

Durante las primeras décadas del siglo XX, la comunidad africano-americana no dejó de seguir luchando por sus derechos. Pero ante el nivel de violencia, las denuncias y demandas se hicieron cada vez más fuertes. Una de las primeras victorias la obtuvo el abogado Thurgood Marshall, en el año 1954, cuando logró repeler la segregación en las instituciones educacionales. Tras una década de demandas, activistas, intelectuales, escritores, líderes religiosos tales como: Medgar Evers, Rosa Parks, Martin Luther King Jr., Malcolm X, James Baldwin y Maya Angelou entre muchos otros lograron que en 1964 la presidencia aboliera la segregación racial y que años más tarde esta estableciera políticas de Acción Afirmativa diseñadas para garantizar el acceso de grupos tradicionalmente excluidos.

Muchos lograron un nivel de clase media, unos pocos hasta se hicieron millonarios. Y aun cuando hubo unos gestos de acceso a vivienda, escolaridad, estos alcanzaron a pocos. La ausencia de un proceso de reeducación contra el sentimiento antinegro y las fracturas causadas por los excesos del capitalismo y la implementación de políticas neoliberales conllevó a que muchos “blancos” se sintieran y se sigan sintiendo desplazados. Dichas políticas eliminaron los presupuestos de las escuelas, los servicios de salud y la vivienda en las ciudades con mayorías africano-americanas y latinas, generando una pobreza urbana profunda. Las frustraciones ante estas realidades coincidieron con la llegada de las drogas, en especial el crack (derivado de la cocaína), especialmente a las comunidades africano-americanas. En vez de articular políticas de servicios e infraestructura el gobierno optó por reciclar las narrativas de criminalidad del latino, pero sobre todo del africano-americano. Y a pesar de que las drogas circulan y se venden más en los espacios leídos como blancos, la legislación racializada, a partir de los años ochenta, atiborró las cárceles estadounidenses, de hombres y mujeres africano-americanos y latinos. La antropóloga Rita Segato sostiene que un fenómeno similar ha estado ocurriendo en América Latina.

Los casos de abuso policíaco no son nuevos, lo único nuevo es la tecnología que le permite a muchos filmar y propagar lo filmado. Esto ha hecho que desde hace tres décadas muchas de las madres y familiares hayan logrado reclamar estos abusos, sin embargo, la gran mayoría de estos policías han eludido a la justicia y la impunidad ha creado una sensación de ultraje indescriptible.

El movimiento actual está pidiendo desde reducir el presupuesto de la policía y otorgárselo a las escuelas públicas, servicios de salud y vivienda digna, hasta eliminar y reconstituir las fuerzas de seguridad. Considero necesario además que se supervisen los mensajes subliminales de los sistemas de educación, junto con sus textos escolares y sobre todo de los medios de comunicación que siguen reiterando las narrativas opresoras de los grupos afrodescendientes tanto en los Estados Unidos, como en el resto del mundo.

1 Alexander, Michelle, The New Jim Crow; Mass Incarceration in the Age of Colorblindness (New York, NY: The New
Press, 2010).
2 Rita Laura Segato, “El color de la cárcel en América Latina. Apuntes sobre la colonialidad de la justicia en un
continente en desconstrucción,” Nueva Sociedad 208 (March 2007): 142–161.

Imprimir Correo electrónico

0
0
0
s2sdefault

La historia de los EEUU y el problema negro

0
0
0
s2sdefault

Por Rolando Palma Quiroz (Perú).

roland palmaCelebrándose en este mes el día de la Cultura Afroperuana y así por extensión a todo el mes de junio, hubiese querido abordar el tema del aporte de lo afroperuano a la cultura popular, pero viendo los últimos acontecimientos sucedidos en este país con un hombre afroamericano y que envuelve una vez más a toda la población afrodescendiente de los EE. UU. en estos actos de violencia por un Racismo que se mantiene aún latente y se alimenta cada día, nos lleva a echar una mirada hacia ese país de los últimos cincuenta años. 

Tres crudos datos dan desproporcionado impacto sobre la población reclusa en los EE. UU., en primer lugar la composición étnica; prácticamente se ha invertido en los últimos cincuenta años, pasando de cerca de 70% blanco (anglo) a menos de 30% hoy. Contra la percepción común el predominio de negros entre rejas no constituye una pauta antigua, sino un fenómeno novedoso y reciente que tiene en el año 1988 como punto de inflexión: se trata del año en que el entonces presidente George Bush pasó su infame anuncio durante la campaña por la presidencia, que presentaba siniestras imágenes de una violación a una mujer blanca como emblema del "problema criminal". En segundo lugar, mientras que la tasa de detención de blancos y negros se ha mantenido estable, con una variación del porcentaje de negros entre los años de 1976 y 1992 entre 30 y 35% del total de detenidos por delitos contra la propiedad entre 43 y 47% de detenidos por delitos de violencia, el desequilibrio de encarcelamiento negros-blancos ha crecido rápidamente en el último cuarto de siglo, saltando uno por cada cinco, a uno por cada ocho hoy en día. 

Esta tendencia resulta más sorprendente cuando hoy un número significativo de afroamericanos ha ingresado a la policía, a los tribunales y a la administración penitenciaria de los EE. UU. y también ha ascendido desde los rangos inferiores de estas instituciones. Además las formas más latentes de discriminación que se daban precisamente en estas instituciones hasta casi el inicio de la década de los 80 se han reducido en gran medida.

Por último, la probabilidad acumulativa a lo largo de cumplir condena en una penitenciaría estatal o federal, es de 4% para blancos, 16% para la población latina y llama la atención un 30% para la población afroamericana, quiere decir que en este contexto se indica que un gran número de la población afroamericana se enfrenta a una condena de varios años o en algunos casos a condenas acumulativas; a varias condenas, y con todos los recortes que estas suponen, incluido lo derechos civiles y el derecho a voto. 

En los años 2000, uno de cada siete hombres estaba excluido del voto por estar cumpliendo condena. Casi 35 años después que la población afroamericana consiguiera su derecho a voto, mediante el Movimiento por los Derechos Civiles, el sistema penal está retirando ese derecho a través de disposiciones legales de dudosa validez y que violan los decretos internacionales de Derechos Humanos ratificados por los EE. UU. Los negros no tienen, como los japoneses y los chinos una nación políticamente organizada y una cultura establecida que les sean propia a las que recurrir fuera de los EE. UU. a diferencia de lo que sucede con los orientales. 

Por lo descrito líneas arriba, queda claro el comportamiento de la policía, protagonista del asesinato del afroamericano George Floyd, y que mantiene hoy enardecidas a las masas afrodescendientes y otras personas afines al antirracismo y a la no violencia. Puedo decir que una de las tareas inmediatas tanto de los aparatos estatales, de los gobiernos así como de las poblaciones es implementar a través de las escuelas y colegios cursos cívicos de empatía y solidaridad entre sus educandos como una medida eficaz para que en un futuro se erradique o se atenúe estos actos de discriminación racial así como también poner en valor los aportes de los afrodescendientes en la constitución o en la formación de cada Nación o País. Como lo digo: "siempre hemos sido componentes activos y positivos de un módulo llamado País".

Imprimir Correo electrónico

0
0
0
s2sdefault