Sábado, 19 Septiembre 2020

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Nuevas formas de esclavitud

POLÍTICA

  • La nueva esclavitud de los afroperuanos: condiciones laborales y autoexplotación

    La nueva esclavitud de los afroperuanos: condiciones laborales y autoexplotación

    Sergio Martín Quispe Contreras (Perú). “El cambio no solo es posible, es inevitable” Anónimo  Los y las afroperuanas han sido una pieza clave en el funcionamiento de la economía peruana desde tiempos de la colonia, desde su llegada al entonces virreinato más grande del continente recién conquistado. Por lo tanto, no se puede explicar la riqueza productiva de las haciendas costeñas peruanas sin el trabajo forzoso de los hombres y mujeres esclavizados, provenientes de la costa occidental africana. La manumisión de la esclavitud en 1854 fue el primer paso para considerar a este grupo sociohistórico como seres humanos, condición que

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  • La nueva esclavitud Yapatera: comunidad afroperuana frente a los abusos de las empresas agroindustriales

    La nueva esclavitud Yapatera: comunidad afroperuana frente a los abusos de las empresas agroindustriales

    Por Shessira Edita Barranzuela Carrasco (Perú). Con el paso del tiempo, las comunidades afroperuanas nos hemos visto obligadas a lidiar con abusos de toda índole, en este caso me centraré en las formas extremas de explotación que nos sometemos la mayor parte de los pobladores de Yapatera en las empresas agroindustriales, por razones injustas de exclusión, desempleo, racismo, discriminación y falta de oportunidades. Yapatera se ubica a cinco kilómetros del distrito de Chulucanas, Provincia de Morropón, departamento de Piura. Somos descendientes de personas que fueron esclavizadas, de origen malgache, angola y mozambique. En 1884, según archivos y documentos consultados, Chulucanas

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  • Agricultura y explotación

    Agricultura y explotación

    Por Segundo Agustín Huertas Montalbán (Perú). La agricultura es una de las actividades económicas más antiguas, tiene un orden de importancia tan grande que muchos han llegado a sostener que “si el campo no produce, la ciudad no come”, sin embargo el campesino que no tiene tierra seguirá por siempre trabajando en calidad de peón, con un salario de treinta y cinco soles por una jornada de seis horas durante el día, iniciando la labor desde las siete de la mañana y culminando a la una de la tarde.  Como quiera que en Morropón distrito no hay acueductos ni represas para

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  • Anotaciones preliminares sobre la Covid-19 y la población afrodescendiente en Colombia

    Anotaciones preliminares sobre la Covid-19 y la población afrodescendiente en Colombia

    Por Oscar Jehiny Larrahondo Ramos (Colombia) y Carlos Augusto Viáfara López (Colombia). Introducción Desde enero, cuando se conocieron los primeros casos de la Covid-19 en Wuhan (China), hasta su llegada a América Latina en marzo, nuestra región se comportaba como espectador, un tanto incrédulo, de lo que se inició como una epidemia localizada y creció rápidamente hasta convertirse en pandemia. Con la aparición de los primeros casos, no se mostraron respuestas institucionales sólidas para contrarrestar lo que hoy es un tema prioritario en las agendas nacionales; América Latina pasó de ser un convidado de piedra a ser el epicentro mundial de la

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  • Todas as vidas importam ou é só uma tendência falar sobre isso?

    Todas as vidas importam ou é só uma tendência falar sobre isso?

    Todas las vidas importan o es solo una tendencia hablar de ello Por Danielle Almeida (Brasil). Artivista antirracista y por la vida de las mujeres, Master en Ciencias de la Educación (Universidad de Monterrey /México) y especializada en Historia de África y de los Afro-brasileños (Universidad Federal de Minas Gerais e Casa das Áfricas), licenciada en Canto por la Universidad Federal de Pelotas. Há quase cinco meses, a morte que descansava discreta entre as roupas e sapatos de grife começou a derrubar copos, bater portas, assoviar no fundo das consciências. Em razão do Covid-19, minuto a minuto, os meios de comunicação

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  • Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición

    Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición

    22.08.2009 - Santo Domingo - espacinsular.org La UNESCO confía en que con el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición, el mundo pueda “conciliar el deber de recordar ciertos hechos del pasado y su obligación de situarlos en su justa perspectiva histórica”. En un mensaje con motivo de la conmemoración, este domingo, el director general del organismo, Koïchiro Matsuura, dijo que la diversidad de las memorias es una exigencia democrática que debe responder a la demanda social e ir acompañada de la búsqueda de referencias comunes. “Podemos lograrlo mediante una educación de calidad y pluridisciplinaria, que incorpore

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¡Tu solidaridad no basta!

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Por Yobani Maikel Gonzales Jauregui (Perú).

yobany“No puedo respirar”, clamaba George Floyd antes de ser asesinado por Derek Chauvin, el oficial que empleó toda la violencia de una sociedad racista y excluyente contra el cuerpo de un negro que estaba indefenso y tendido en el piso. Esas rodillas blancas que cegaron la vida de George representan la opresión diaria a la que se enfrenta la población afrodescendiente en todo el mundo, porque el racismo no es monopolio de los Estados Unidos, este se ve a diario, es el pan de cada día de nuestras sociedades. Las formas varían de acuerdo a los espacios, pero el resultado es el mismo: muerte, exclusión, violencia real y simbólica sobre cuerpos negros. 

En septiembre del 2019, una niña afrodescendiente de ocho años fue asesinada por una bala de fusil disparada por la policía. ¿Su delito? Vivir en una favela donde la pobreza y exclusión tienen su color de piel. Así también sucedió con otro niño de catorce años, que fue asesinado por los proyectiles de la policía, la cual buscaba a traficantes en la favela donde el adolescente vivía. João Pedro fue llevado por sus asesinos y durante diecisiete horas no se supo nada de él. La familia buscaba desesperada noticias del niño cuando recibieron una llamada que les informaba que su hijo estaba en el Instituto de Medicina Legal. 

El padre de Joao Pedro señala que su hijo quería ser abogado. Era estudioso y cariñoso, pero una bala que fue disparada por “agentes del orden” terminó con sus sueños y los de su familia. Tres historias de tragedia, pero que son cotidianas para los afrodescendentes: sus hijos, padres, tíos, hermanas, quienes son muertos diariamente. Por eso, que la solidaridad no basta; las notas de repudio no reemplazan el dolor de las familias. George, Agatha y Joao Pedro no pueden ser una estadística. ¿Cuántos más tienen que morir? ¿Cuál es la respuesta de los Estados ante esta crueldad sistemática? Represión e invisibilización. A esto se suma el reforzamiento de estereotipos sobre la población afrodescendiente como violentos y poco apegados al orden y la ley. 

Sin duda que estas campañas han tenido y tienen éxito. Para muchas personas no existe el racismo; las muertes de los afrodescendientes son hechos aislados y no una práctica sistemática. ¡Claro que no! Esos cuerpos tenían nombres y familias, sueños e ideales que fueron silenciados con rodillas, balas, cárceles, etc. Hace muchos años, cuando aún cursaba el pregrado, invité a una colega a dictar una charla a mi universidad. Fui a recogerla como habíamos acordado, pero llegué minutos antes. Decidí esperar que fuera la hora indicada para tocar el intercomunicador. Grande fue mi sorpresa cuando del segundo piso de una casa vecina, una señora empezó a tomarme fotos, mientras me preguntaba a quién buscaba. Hasta ese momento, parafraseando a Victoria Santa Cruz, no había tomado conciencia de lo que significaba tener la piel oscura. Fue un golpe al corazón. Ese episodio me hizo conocer una realidad que posteriormente se hizo cotidiana. 

Años después, me invitaron a almorzar a un restaurante en el centro de Lima; estaba feliz porque me encontraría con un amigo muy querido. Cuando ni bien entré, el mesero me agarró de la camiseta con tanta fuerza que casi termino en el piso. No me preguntó nada, yo era un sospechoso para él, ¿de qué o por qué? Solo era por mi color de piel. Así me volvió a pasar en un supermercado unos años después, cuando el sujeto de seguridad insistió en que buscara el recibo de pago de la comida que había consumido, sabiendo que nunca te dan los alimentos sino pagas antes. Esa vez decidí no quedarme callado, le dije en tono enérgico: “¿Cuál es tu problema? ¿Es mi color de piel? Estoy frente a un racista, que cree que no puedo tener dinero para pagar la comida”. Le exigí que llamara a su supervisor, que revisara sus malditas cámaras, pero que no le iba a permitir un abuso de esa naturaleza. 

Un amigo me dijo que estaba haciendo un escándalo innecesario. “Bueno” – le dije – “de ti no están dudando, a ti no te está señalando como un ladrón. Tú no vives estas formas violentas; esta exclusión diária”. Por esos hechos mi interés en visibilizar a la población afrodescendiente como sujetos históricos se fortaleció. En la actualidad, me rebela permanentemente la actitud complaciente de muchos sectores de la población, la de muchos académicos que solo les interesa realizar investigaciones sin conexiones con el presente. Considero que un investigador de lo afrodescendiente también tiene que ser un activista, pues la violencia no ha cesado; la exclusión está presente; el Estado reprime e invisibiliza las demandas de los afrodescendientes. 

Hace algunos días el Ministerio de Cultura lanzó una campaña vía redes sociales donde exhortaba a la población afrodescendiente a cuidarse para evitar el contagio del COVID-19. Le llovieron un sinfín de críticas, lo que demuestra una total ignorancia de tirios y troyanos porque es real que los afrodescendientes están más propensos a enfermedades como la diabetes o hipertensión. Por lo tanto, la orientación del Mincult era importante. Pero los racistas de siempre articularon argumentos torpes, afirmando que eso debería ser para todos por igual, que era puro racismo realizar una orientación para unos y para otros no. Señores, a nosotros el Estado nos brinda una publicación en redes sociales y su exclusión permanente, porque al no existir políticas públicas en salud y educación para los afrodescendientes, ese mensaje del ministerio es un saludo a la bandera.

No dudo de las buenas intenciones de las personas involucradas en este tema, pero ya no alcanza, son diez años de la creación del Ministerio de Cultura, y conversatorios, consultorías, evaluaciones y publicaciones pueden indicar cierto camino para visibilizar a los afrodescendientes. Pero lo que se necesita son políticas públicas concretas, niveles de acción y de coordinación gubernamental, porque el negar el problema, el no hacer nada por la pobreza en la que viven muchos grupos de afrodescendientes es otra forma de eliminarlos, de condenarlos al círculo vicioso de pobreza, robo y cárcel.

Ya tenemos un mapa tanto de la población afroperuana como de la pobreza y, sin duda alguna, son similares: donde hay pobreza y exclusión hay afroperuanos. Esto debería ser el punto inicial para aplicar políticas públicas, focalizarlas y ver su desarrollo y evolución. Ya basta de exclusión, racismo e invisibilización. Es hora de actuar. Es el momento de levantar la voz, de protestar. Por eso muchos han salido a marchar en los Estados Unidos. Se cansaron de que después de quinientos años las cosas no hayan mejorado para los afrodescendientes. Leo que muchos se indignan por el “vandalismo”. Señores, las casas se pueden arreglar, las vidas no. George Floyd, Agatha y Joao Pedro no volverán. No confundan la reacción del oprimido con la violencia desplegada por los opresores.

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