Martes, 14 Julio 2020

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RACISMO: La pandemia más larga de la historia

Opiniones del Palenque infantil

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POLÍTICA

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Lo que importa: las vidas negras, el asesinato de George Floyd, y la abolición de la supremacía blanca de una vez por todas

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Por Sara Busdiecker (Estados Unidos).

SaraBlack lives matter!  I can’t breathe!  No justice, no peace!  No racist police!  Hands up, don’t shoot!  Whose streets?  Our Streets!  What do we want?  Justice!  When do we want it?  Now!  Say his name!  George Floyd!

“¡Las vidas negras importan!  ¡No puedo respirar!  ¡Sin justicia, no hay paz!  ¡No a la policía racista!  ¡Manos arriba, no disparen!  ¿De quién son las calles?  ¡Nuestras calles!  ¿Qué queremos?  ¡Justicia! ¿Cuándo lo queremos?  ¡Ahora! ¡Di su nombre!  ¡George Floyd!”.  

Estas son algunas de las frases gritadas por cientos de miles de manifestantes en innumerables manifestaciones y marchas en los Estados Unidos desde el 26 de mayo de 2020.  Fue en esa fecha que un hombre negro desarmado, George Floyd, fue asesinado por un policía blanco, Derek Chauvin, en la ciudad de Minneapolis. Estas frases y las grandes y continuas protestas en las que se les escuchan son expresiones de una ira y angustia colectiva en torno a la violencia policial y a la conexión de esa violencia con el racismo sistémico de larga data y de gran alcance en los Estados Unidos.  

Cuando recién salió el video del asesinato de Floyd, había expresiones individuales y colectivas de choque y sorpresa en las noticias, las redes sociales y, sin duda, en muchas conversaciones privadas en todo el país. El video mostraba a George Floyd esposado, tendido en la calle, siendo sofocado en el transcurso de 8 minutos y 46 segundos mientras Derek Chauvin se arrodillaba sobre su cuello, sin moverse nunca, incluso cuando Floyd dijo que no podía respirar y cuando las personas alrededor le suplicaron parar. Que muchos en los Estados Unidos estuvieron sorprendidos es en sí mismo algo sorprendente. Cualquier persona en los Estados Unidos que ha prestado atención en cualquier momento durante los 244 años de existencia de este país ya debería haber sabido muy bien sobre la omnipresencia del racismo y, en particular, el anti-blackness. Cualquiera que ha prestado atención ya debería haber sabido que el asesinato de personas negras desarmadas por parte de la policía –solo una de las muchas manifestaciones de ese racismo y anti-blackness– no es nada nuevo. Y todos los variados actos públicos de protesta y resistencia contra la injusticia racial también deberían ser al menos algo familiares para cualquiera que ha prestado atención, porque han estado sucediendo durante siglos. Nosotros, como país, hemos estado aquí antes. De hecho, hemos estado aquí todo el tiempo.

Los negros han estado “bajo las rodillas” de la supremacía blanca en miles de formas desde la fundación de los Estados Unidos en 1776 e incluso antes. Y los negros se han resistido incansablemente a esa opresión de miles de maneras durante cientos de años. Las protestas públicas en las últimas semanas son el grito colectivo más reciente de los afroamericanos, pero no el primero: “¡Es hora de bajarse de nuestros cuellos!”. La gran diferencia ahora es que los afroamericanos finalmente están acompañados por un número grande crítico de personas de otras minorías étnicas y de personas blancas, todos proclamando juntos que “las vidas negras importan”.  Los cambios positivos que han ocurrido en las últimas tres semanas alrededor de cuestiones de racismo solo se produjeron rápidamente cuando muchas personas noafroamericanas finalmente decidieron prestar atención y tomar medidas que sirven como una prueba mas de la desigualdad que viven los afroamericanos.  Los afroamericanos han estado viviendo la injusticia, prestando atención, y tomando medidas todo el tiempo, ¿por qué no fue suficiente para los demás?  Si bien la cantidad y diversidad de manifestantes ahora es alentadora, también es inquietante plantear la pregunta, ¿dónde estaban todas estas personas  –los cientos de miles que ahora están saliendo a protestar en las calles– antes del 26 de mayo 2020? Hubo muchas oportunidades para la ira y acción masiva antes de ahora.

Existen amplias estadísticas que apuntan las disparidades raciales. Por ejemplo, el informe “El estado económico de América negra en 2020” emitido por el Comité Económico Conjunto del Congreso de EE.UU. indica que: la tasa de desempleo afroamericano generalmente ha sido el doble que la tasa de los blancos; el hogar negro típico gana solo 59 centavos por cada dólar ganado por el hogar blanco; los afroamericanos tienen más del doble de probabilidades de vivir en la pobreza que los blancos; solo el 42% de las familias negras son dueñas de sus hogares en comparación con el 73% de las familias blancas.  La tasa de encarcelamiento para los negros está disminuyendo, pero sigue siendo casi seis veces mayor que la de los blancos. Al nivel nacional, la policía usa más fuerza contra negros que contra blancos. En Minneapolis los registros muestran que la policía usa la fuerza contra los negros con siete veces más frecuencia que contra los blancos. En el ámbito de la salud, los afroamericanos están muriendo del COVID con tres veces más frecuencia que los blancos.

Si las disparidades documentadas como estas no han sido suficientes para inspirar la acción de masas, aún existe la oportunidad de ser movido por algo más familiar, presenciado en persona o en pantalla por muchos. Cada día salen videos en las redes sociales y a veces en las noticias muestran a personas blancas llamando al 911 (línea de emergencia) al ver afroamericanos realizando actividades normales. Hemos visto a blancos llamar a la policía para denunciar a una persona negra trotando, entrando a una piscina del vecindario, haciendo ejercicio en un gimnasio, haciendo barbacoas en un parque, caminando en el edificio donde trabaja, sentándose en un banco en un parque, sentándose esperando alguien en un Starbucks, esperando en su auto, en la parada del autobús, esperando a su hijo, e incluso afroamericanos entrando a sus propias casas. Todo eso porque una persona blanca se sintió incomoda y suspicaz al ver a una persona con piel negra en su alrededor.

Si los videos de afroamericanos acosados simplemente por ser negros tampoco han inspirado la acción de masas, siempre hay más casos de policía matando afroamericanos desarmados con impunidad, incluso grabados en video. Y hay casos de ciudadanos blancos actuando como policías para matar afroamericanos y otros realizando actos de terrorismo racial. Hay demasiados asesinados para nombrarlos a todos –Rayshard Brooks (matado por un policía este 12 de junio 2020), Breonna Taylor, Ahmaud Arbery, Botham Jean, Philando Castile, Tamir Rice (de solo 12 años de edad), LaQuan McDonald (17), Michael Brown, Trayvon Martin (17), Eric Garner, Freddy Gray, los nueve miembros de una iglesia afroamericana asesinados en 2017 mientras rezaban, Emmett Till (14), Martin Luther King, Jr.  En otras palabras, ha habido muchas ocasiones para sentir una indignación colectiva y tomar acción masiva antes de ahora.

Que todo esto, una mera fracción de todas las injusticias que enfrentan los afroamericanos, no fuera suficiente para obligar a una masa crítica de gente no negra a exigir acciones, es una prueba mas de la profundidad del racismo y el anti-blackness en los Estados Unidos. Como la profesora Kihana Miraya Ross escribió recientemente en un articulo para el New York Times, anti-blackness es más que un racismo generalizado contra los negros, es “una incapacidad para reconocer nuestra humanidad: el desdén, el desprecio y el asco por nuestra existencia”.  Las formas de injusticias enfrentadas por negros y la falta de acción por parte de la mayoría no negra hasta ahora, es evidencia clara de esta incapacidad.

¿Por qué la sociedad estadounidense exhibe su propia humanidad colectiva con respecto a la humanidad de los afroamericanos precisamente ahora, en 2020?  ¿Tiene que ver con la pandemia del COVID y el hecho de que mucha gente no puede ir al trabajo o participar en sus pasatiempos normales, liberando tiempo para prestar atención al racismo, salir a protestar, y tomar otras acciones?  ¿Tiene que ver con el elevado estado de división e intolerancia fomentado por la administración actual en los últimos cuatro años? Cualquiera que sea, 2020 es 400 años después de la llegada de los primeros africanos esclavizados a lo que ahora es los Estados Unidos; 244 años después de que la Declaración de Independencia declaró que “todos los hombres son creados iguales”; 233 años después de la firma de la Constitución que proclamó la libertad y protección para todo ciudadano; 155 años después de la abolición de la esclavitud; 56 años después de la ratificación de la Ley de Derechos Civiles.  La supremacía blanca perduró a través de todos estos momentos, negando la verdadera igualdad de los afroamericanos en cada paso.  Ya es hora, hoy en 2020, para la abolición de la supremacía blanca de una vez por todas.

Debido a que la supremacía blanca es global en su alcance, esta abolición también tiene que ocurrir más allá de las fronteras de los Estados Unidos. Los EE.UU. no inventaron el racismo (aunque a veces parece que, desafortunadamente, lo “perfeccionamos”) ni los EE.UU. es dueño del racismo y todas sus formas. A raíz del asesinato de George Floyd, las protestas han estallado en todo el mundo. Los ciudadanos de muchas naciones reconocen la brutalidad policial y el racismo porque ellos también lo están viviendo. Lo que ha sucedido en los EE.UU. no es exclusivo de los EE.UU.  Con más voces que nunca gritando “las vidas negras importan”, significa eso, que las vidas negras tienen que importar en todas partes.

Aún no se puede saber si los múltiples cambios logrados en las últimas tres semanas desde el asesinato de George Floyd son el comienzo del fin de la supremacía blanca. Mas allá de las protestas diarias y su cobertura diaria en los medios de comunicación y más allá de la avalancha de publicaciones en las redes sociales relacionadas con el racismo, anti-blackness, la supremacía blanca, el privilegio blanco, y la violencia policial, hay medidas de acción que circulan y se llevan a cabo. Las donaciones a organizaciones que promueven la justicia racial se han disparado. Algunos monumentos que celebran el pasado racista del país han sido retirados de los espacios públicos. Las personas, incluidas algunas figuras públicas, han sido despedidas de sus empleos debido a comentarios o acciones racistas anteriores. La educación antirracista está en marcha, como lo demuestran los libros contra el racismo que desaparecen de los estantes de las bibliotecas y librerías y los cursos gratuitos relacionados con racismo y la justicia social que se ofrecen en línea. Casos anteriores de violencia policial están siendo reabiertos para investigación.  Varias ciudades han elaborado planes para disminuir el presupuesto o disolver totalmente su fuerza policial. La gente se está registrando y preparando para votar en las elecciones de noviembre. Y en muchos espacios, las voces de gente negra están siendo elevadas y seguidas, configurando este momento en la historia y enfatizando que las vidas negras importan, el asesinato de George Floyd importa, y la abolición de la supremacía blanca, de una vez por todas, importa.

Biografía

Sara Busdiecker tiene un doctorado en antropología de la Universidad de Michigan. Es profesora y vicedirectora del Programa de Estudios Internacionales y directora del Programa de Estudios de la Diáspora Africana en la Universidad de Spelman (Atlanta, EE.UU.).  Sus investigaciones y publicaciones se centran en países donde la población afro es una minoría extrema, como en los casos de Bolivia y Chile, y en cuestiones de cultura expresiva, activismo, y la relación entre identidad y espacio/lugar. Fuera de la academia, se desempeñó como coordinadora regional del Proyecto Andino para la Promoción de los Derechos Humanos de Afrodescendientes en Bolivia, Ecuador y Perú, un esfuerzo patrocinado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en La Paz, Bolivia en 2009-10. En 2018, Busdiecker fue uno de los miembros fundadores del Observatorio de Justicia para Afrodescendientes en Latinoamérica (Ojala), que investiga la utilidad de instrumentos legales multiculturales y antidiscriminatorios en la región.

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