Martes, 23 Abril 2019

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Imágenes que controlan: Representaciones de negro/as y latino/as en la televisión norteamericana

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Por Tanya Golash-Boza.

Tanya Golash BozaEn los Estados Unidos, en el siglo XXI, la esclavitud y la segregación racial ya no son permitidas por la ley; por lo tanto, son socialmente inaceptables expresiones de racismo en la mayoría de los ámbitos sociales. Las leyes y las políticas que mantuvieron el apartheid racial en los Estados Unidos han sido revocadas y el Estado ha tomado medidas para asegurar la integración y proveer oportunidades para los negros y los latinos. Ya no se encuentran letreros en los negocios que digan «No se permite negros» o «No se permite el ingreso a mexicanos ni perros». Ya no se da el caso de que la representación de los negros y las negras en la televisión y en el cine esté limitada a seres primitivos, caníbales y tontos. Es más, una afrodescendiente es la secretaria de Estado, y su predecesor ha sido un afrodescendiente. Y no son solo Condoleezza Rice y Colin Powell, dos afrodescendientes, quienes han tenido posiciones muy poderosas en Washington; de hecho, cinco de los quince miembros del gabinete de George Bush son no-blancos. O sea, mucho ha cambiado desde los tiempos de la esclavitud y de la segregación legal.

Pero, a la vez, hay mucho que no ha cambiado. Por ejemplo, a pesar de los procesos legales y los casos ganados en los tribunales, que obligaban a los colegios a integrarse racialmente, los colegios de 2006 están tan segregados como los colegios de los años sesenta, cuando empezó el programa de integración racial en los colegios. Hoy en día, tres cuartas partes de los estudiantes negros y latinos asisten a colegios que son en su mayoría no-blancos, y la mayoría de los estudiantes blancos asisten a colegios que son en su mayoría blancos. Eso es impresionante dado que esta resegregación de los colegios ha sido posible sin leyes o políticas exclusivas.

Otra área que es todavía más segregada es el sistema de justicia criminal, o lo que algunos llaman el sistema de injusticia criminal. Mientras que cuatro de cada mil blancos están encarcelados, diez de cada mil latinos y veinticinco de cada mil negros están encarcelados. O sea, la probabilidad de que un negro esté preso es seis veces más alta que la de un blanco.

Dada la ausencia de leyes diseñadas con el motivo de poner en desventaja a los negros y a los latinos, ¿cómo es posible esa desigualdad? En una sociedad en la que supuestamente se valora la igualdad, ¿cómo es posible que las personas acepten desigualdades tan grandes? En una sociedad que valora la diversidad, ¿cómo es posible que las personas acepten niveles altos de segregación racial como si eso fuera normal?

Un sitio clave para buscar respuestas a estas preguntas es la televisión, una de las «armas» de distracción masiva. Las personas en Estados Unidos pasan un promedio de dos horas y media diarias delante de la pantalla chica. Las imágenes que vemos en la tele forman nuestras ideas de cómo es el mundo y cómo debe de ser. Por ejemplo, de repente no estamos tan sorprendidos que nuestros barrios estén segregados cuando la televisión también está muy segregada. Dos ejemplos notables de esto son Friends y Sex and the City, dos programas que toman lugar en Nueva York. En estos programas todos los actores principales son blancos. Es más, cuando están paseando por las calles de esa ciudad ―que es en su mayoría no-blanca― casi todo el mundo es blanco como los protagonistas. Las raras veces en que se presenta un negro o un latino, esa persona solo existe para el placer o el servicio de los protagonistas. Por ejemplo, se puede ver una latina que limpia los corredores en Friends, o bien, un latino que satisface los deseos sexuales de una de las protagonistas en Sex and the City. La relegación de los blancos a espacios que son exclusivamente o mayoritariamente blancos sirve para naturalizar la segregación que existe en la vida real. Los blancos que viven en barrios de puros blancos, que mandan sus niños a colegios de puros blancos y que tienen todos sus amigos blancos ven esos programas, que reafirman la idea de que la segregación racial es algo completamente normal y deseable.

Del mismo modo, las representaciones de los negros y los latinos, que usualmente viven en barrios pobres y que son criminales sirven para naturalizar la idea que es normal que los negros y los latinos sean pobres y que muchos de ellos estén presos. Obviamente, estas no son las únicas representaciones de los negros y los latinos en la televisión, pero la mayoría de las representaciones de los negros y los latinos sirven para justificar, crear o reproducir la desigualdad racial y la dominación blanca en los Estados Unidos en la era post derechos civiles.

En esta ponencia voy a exponer algunas representaciones comunes de los negros y las negras y los latinos y las latinas que encontramos en la televisión actual norteamericana. Estas representaciones ―que Patricia Hill Collins ha denominado «imágenes que controlan»― corresponden a estereotipos comunes y varían por género. Estas imágenes sirven para formar las ideas sociales de cómo son las mujeres negras, los hombres negros, las mujeres latinas y los hombres latinos. Y, en forma dialéctica, forman la idea de cómo es el blanco y cómo es la blanca. El blanco es, evidentemente, todo lo que el negro y el latino no son.

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Etnicidad, racismo y pensamiento peruano: Clemente Palma, José Carlos Mariátegui y Luis Alberto Sánchez Milagros Carazas

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Por Milagros Carazas.

milagros carazasEn recientes estudios se ha llegado a la conclusión de que el racismo científico del siglo XIX fue la ideología implícita del Estado oligárquico peruano, sobre todo entre 1895 y 1968.[1] Sin embargo, estas ideas aparecen diluidas ya que no llegó a ser una ideología oficial; por el contrario, estaban corroídas por las ideas liberales y democráticas de la época, siendo reprimidas tras la Guerra con Chile. Pero aun así sirvieron para fortalecer la dominación del grupo aristocrático sobre las masas analfabetas de los indios y demás grupos étnicos minoritarios, además de legitimar sus privilegios y justificar su sometimiento.

Ya en el siglo XX el racismo no se profesaba de manera abierta, pues la opción era otra: las ideas democráticas y la defensa de la igualdad de las razas. Después de todo, el mestizaje y las migraciones del campo a la ciudad han generado la andinización de la costa y un proceso de cholificación en las últimas décadas. El nuevo discurso oficial, entonces, nos conduce a la imagen de que este es un país plurirracial y multiétnico, el país de «todas las sangres», con lo que el racismo y la discriminación quedan confinados a lo privado, al espacio doméstico; no desaparecen, siguen vigentes de manera velada.

De ahí que nuestra intención en esta ponencia sea analizar el discurso ensayístico que tiene como tema principal la reflexión sobre las razas y, en particular, la representación del sujeto afroperuano. Para esto hemos elegido a Clemente Palma, José Carlos Mariátegui y Luis Alberto Sánchez.

Para empezar, Clemente Palma (1872-1946), quien escribió una singular tesis que tituló El porvenir de las razas en el Perú, en 1897. Fue presentada para optar el grado de Bachiller en Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Según Gonzalo Portocarrero, este es un trabajo que bien «puede ser considerado como el manifiesto del racismo radical».[2] Basta observar que el único autor citado es nada menos que Gustave Le Bon (Francia, 1841-1931) quien fue un divulgador de las ideas de Ernest Renan, Joseph Arthur Gobineau y Hippolyte Taine, los representantes del «racialismo» francés del siglo XIX. Su libro más difundido es justamente el citado por Palma, Les lois psychologiques de l´evolution des peuples (1894), a cuyas ideas el joven tesista parece afiliarse por completo.[3]

La tesis está dividida en nueve secciones (del I al IX) y tiene apenas 39 páginas. En la introducción, que es la sección I, se sostiene que el género humano está dividido en razas y que estas pueden ser superiores (encaminadas al progreso y la civilización) o inferiores (inútiles e imperfectibles). Además, se reprocha el «cruzamiento» (racial) porque el resultado son las razas enfermas.[4] La sección II se centra en las razas del Perú y en la descripción de sus características basadas en la propuesta de Le Bon. En opinión de Palma, las razas en este país son cinco, a saber: 1) india, 2) española, 3) negra, 4) china y 5) mestiza. A la segunda la llama «raza nerviosa» aunque «superior»; mientras que la primera, la tercera y la cuarta son en sí «razas inferiores»; en tanto que la quinta es producto del cruzamiento de las tres primeras. Para efecto de esta ponencia, empezamos citando lo siguiente:

La raza negra, raza inferior, importada para los trabajos de la costa desde las selvas feraces del África, incapaz de asimilarse á la vida civilizada, trayendo tan cercanos los atavismos de la tribu y la vida salvaje [p. 7].

A continuación Palma dedica una sección a cada una de las razas referidas (del III al VIII), en la que señala una a una las características o, mejor dicho, más vicios que virtudes. En cuanto a la raza negra apunta, por ejemplo, que su condición natural la ha sumido en un estado de animalidad y permitido el desarrollo físico corporal en el África, lo cual la ha distanciado de la vida racional:

Esa vida puramente animal del negro, ha anonadado completamente su actividad mental (si es que alguna vez la tuvo) haciéndole inepto para la vida civilizada [p. 21].

Sin embargo, Palma sostiene que como no ha habido desgaste de su raza, el negro no es una raza decrépita pero sí inferior, por lo que apenas conserva energías con las cuales ha sido dotada. En este sentido, la raza negra es «adaptable» a la civilización:


[1] Portocarrero, Gonzalo. «El fundamento invisible: función y lugar de las ideas racistas en la República Aristocrática». En: Panfichi, Aldo (y) Portocarrero (eds.), Mundos interiores. Lima 1850-1950, Lima, Universidad del Pacífico, 1995, p. 219.

[2] Ibid., p. 225.

[3] Es muy esclarecedor el resumen de ideas que hace Tzvetan Todorov en Nosotros y los otros. Reflexiones sobre la diversidad humana. México, Siglo XXI Editores, 1991.

[4] Palma, Clemente. El porvenir de las razas en el Perú. Lima, Imp. Torres Aguirre, 1897, p. 2.

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Medios de comunicación y estereotipos raciales: Una aproximación a la imagen de los grupos étnicos en los medios de comunicación masiva en el Perú

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Por Máximo Estupiñán Maldonado.

"...un fenómeno, por encubierto y hasta negado, no deja de ser menos rea"l.[1]
Alberto Flores Galindo.

estupinanEl presente artículo realiza un acercamiento a los discursos sobre la piel y sobre la cultura utilizados por los medios de comunicación masivos en el Perú. En él reflexionamos sobre cómo nos vemos los peruanos a nosotros mismos, sobre qué nos decimos unos a otros mientras habitamos en una sociedad de consumo, y sobre cómo la piel, el color, la apariencia y el fenotipo adquieren significado y valor en el Perú contemporáneo a inicios el siglo XXI.

Los estereotipos o las celdas que aprisionan la mentalidad humana

Los estereotipos están compuestos por un conjunto de características supuestas con las que se tipifica mentalmente a una población en un área o espacio y tiempo determinados y que nos indican desde una posición socioeconómica hasta una valoración social de los individuos y grupos que la componen.

Los estereotipos son como monedas de dos caras: por un lado existe una cara visible, mientras que detrás existe una cara oculta. La cara visible de los estereotipos está conformada por aquellas características que los grupos «deberían» o «deben» poseer necesariamente, de acuerdo a las percepciones o imágenes de la población. Por el otro lado esta la cara «oculta», es decir, lo que supuestamente los grupos «no deberían ser».

Estas son imágenes integrales, representaciones subjetivas permanentes dentro de la mentalidad de las poblaciones, son grandes generalizaciones que embolsan o empaquetan a los seres humanos irrespetando completamente las diferencias individuales.

Los estereotipos siempre responden a típicas afirmaciones excesivamente generales tales como «todos los X son así» y se constituyen en grandes celdas mentales que tienden a realizar exageradas generalizaciones considerablemente reduccionistas del género humano, excluyendo cualquier tipo de diferencias individuales.

Los estereotipos aparecen generalmente allí donde han existido relaciones humanas asimétricas y desigualitarias, son producto de relaciones donde los grupos humanos han permanecido en condiciones de vida jerarquizadas en las cuales las diferencias físicas y culturales al adquirir el estatus de «valores», desempeñan el papel de sinónimos de lo bueno o lo malo, lo valorado o lo minusvalorado, lo apreciado o lo rechazado.

            Los estereotipos ejercen también una función perceptiva de generalización, simplificación, estabilización y ordenamiento del todo social intergrupal; se constituyen en grandes abstracciones que cargan de imágenes positivas o negativas categorías raciales de amplia vigencia mental.

            Una de las funciones más saltantes de los estereotipos es que permiten atribuirle al grupo estereotipado todas aquellas características y rasgos que una sociedad admira o aborrece, atribuyendo erróneamente responsabilidades sociales a grupos humanos por sus rasgos naturales más característicos.

            Así, los estereotipos en la historia, al igual que todo prejuicio, establecen culpables: «no por sus actos sino por su apariencia».

            ¿Qué imagen tienen los peruanos en los medios de comunicación?

            Los peruanos no aparecen ni tienen la misma imagen en los medios de comunicación, lo que significa que la imagen que poseen es diversa. La pregunta central es: ¿de qué depende entonces la imagen que se proyecta de los distintos peruanos en los medios de comunicación? Ello depende de lo que se quiera decir o vender. Por ejemplo, si queremos expresar modernidad, poder adquisitivo, salud, felicidad, satisfacción, oficios mayores, belleza, inteligencia, cultura, mayor grado de instrucción, poder, etc., se utilizarán rasgos físicos blancos.[2]


[1] Flores Galindo (1998, p. 259). Al respecto, Juan Carlos Callirgos tambien nos dice: «No tocar un tema no significa resolver los problemas que acarrea, sino más bien perennizarlos y profundizarlos», Callirgos (1993, p. 213). Asimismo, Nelson Manrique acota en el prólogo del mismo trabajo que: «... negar el problema o evitarlo a través del silencio, es una falsa alternativa que cierra el camino a las verdaderas soluciones», Callirgos (1993, p. 10).

[2] Para una mayor descripción de los estereotipos de los blancos, negros, cholos, chinos andinos y amazónicos en el Perú véase Estupiñán (1996).

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¡No te dejes blanquear! Elimina los rezagos del colonialismo e imperialismo en los medios de comunicación

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Por Johana Drewineski.

Se preguntarán algunos de ustedes cómo es que viene una gringa para aconsejarles que no se dejen blanquear. Algunos quizá dirán «¡Qué tal raza!», y en cierto sentido, pueda que tengan razón. Ser blanca es un privilegio en el mundo globalizado de hoy, sin embargo, espero que esta ponencia nos haga reflexionar sobre los factores en los que no dejarse blanquear es una decisión que no solo afirma nuestra identidad, sino que puede hacer nuestra vida más fácil e incluso puede contribuir al éxito de todos los peruanos y al éxito del Perú como país.

Mi pregunta inicial cuando comencé este trabajo se basó en algunos hechos anecdóticos surgidos al cabo de una serie de observaciones que hice en el Perú. Me di cuenta que la imagen de los afronorteamericanos acá está muy alejada de la situación real: en realidad no la representa. Aunque sigue existiendo racismo en Estados Unidos, la lucha contra este ha posibilitado el éxito profesional de mucha gente no-blanca. Además, los medios norteamericanos claramente muestran estos avances, aunque no siempre en sus verdaderas dimensiones.

Sin embargo, la imagen de los afronorteamericanos en el Perú sigue siendo la de personas discriminadas, pobres, sin educación y, muchas veces, delincuentes. No se toman en cuenta a los afronorteamericanos profesionales con éxito, y cuando están percibidos por el sentido común peruano, se los reinterpreta cómo excepciones que quizá logran su éxito, no a través de sus propios méritos sino, para citar a cierta desagradable ex primera dama peruana, «porque pifiaron tanto».

Basándome en estas apreciaciones, me quedó claro que el público procesa lo que ve en los medios de comunicación a través de un filtro de ideas preconcebidas. Si un individuo está convencido que ya sabe cómo son las cosas, las imágenes que presentan los medios no necesariamente van hacer que cambie de idea.

En lo que se refiere a esta negación del éxito de los afronorteamericanos, me pregunté si este es un fenómeno netamente peruano o si se manifiesta en otros lugares también. No me tomó mucho tiempo confirmar que es un fenómeno mundial y que, además, afecta no solo la imagen de los afronorteamericanos sino de los afrodescendientes y los africanos en todas partes. Además, como muestran muchas investigaciones, son justamente los medios masivos de comunicación, los medios internacionales, los que ejercen un papel clave en la propagación de esta imagen tergiversada de los negros y de otra gente de color a través del mundo. Hay que añadir que los medios no son los únicos culpables. Parte de la culpa radica en las masas de gente de distintos continentes que añoran blanquearse.

En esta ponencia voy a intentar proporcionar una parte de la explicación de estos hechos desde una perspectiva internacional.

Voy a analizar la preferencia por lo blanco y la idealización de lo blanco ―de la piel blanca y de los rasgos europeos― como una secuencia de las muchas formas que han tomado el colonialismo, el imperialismo, la modernización y la globalización. Estos fenómenos globales están ligados íntimamente los unos a los otros y jugaron ―y aún juegan― un papel importantísimo en el desarrollo del racismo en el Perú, así como en su mantenimiento.

En el Perú, cuando pensamos en el colonialismo europeo tenemos mayormente en mente su versión española. Vale recordar que el colonialismo europeo, que duró desde el siglo XV hasta el siglo XX, tuvo un impacto mundial. En esta discusión destaco muy brevemente su efecto en la esclavitud y, lo que es más importante, el hecho que el colonialismo legitimó la idea que «lo blanco es lo mejor», por decirlo de alguna forma.

En lo que se refiere a la esclavitud, investigaciones históricas demuestran que la esclavitud fue practicada por miles de años y que se ha podido encontrar esclavos en todas las regiones del mundo a través del tiempo. La esclavitud solo tomó un color ―el color negro― en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el colonialismo ruso cerró el paso a la captura de esclavos blancos por parte de los árabes. Un papel aun más importante en la eliminación de la esclavitud de blancos jugó el hecho que el colonialismo europeo creó y propagó la idea que los blancos constituían la «raza» superior.

Le fue útil a los colonialistas utilizar la ideología de la superioridad de los blancos para legitimar sus conquistas frente a sus propios pueblos. Por otro lado, los colonizados mismos, viendo el poder y los avances tecnológicos que trajeron los europeos, muchas veces interiorizaron una admiración y un sentido de inferioridad frente a ellos, menospreciando a sus propias culturas y «razas». La obra de Franz Fanon, que muchos de ustedes deben conocer, habla con claridad de este último fenómeno.

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El odio y el exterminio racial aumentó con el neoliberalismo en América Latina

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Por Jesús Chucho García.

chuchoEl gobierno de Uruguay y la organización Mundo Afro, organizaron una actividad para lanzar la propuesta del consejo nacional para la equidad racial. Para ello fuimos invitados especialistas de Brasil, Venezuela y la activista afroestadoundiense Angela Davis, a quien se le rindió un merecido homenaje por su larga trayectoria de lucha por la defensa de la mujeres y su compromiso político contra la supremacía blanca estadounidense que hoy rige las riendas políticas de ese país y al grupo de Lima encabezado por esos gobiernos títeres de Colombia, Costa Rica, Perú, Ecuador, Panamá, Honduras, Paraguay, Chile, Guatemala, Argentina y Chile.

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