Martes, 21 Mayo 2019

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Los medios de comunicación y el racismo

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Los medios de comunicación y el racismo

Carlos López Schmidt

«El racismo es una enfermedad del alma, una enfermedad del espíritu; el racismo es la forma más brutal de subdesarrollo, que es una tortura que dura toda la vida, que excluye, que es una fuente y una causa permanente del resentimiento, de la no integración del conjunto de todos los que podríamos aportar a hacer un Perú mejor...»

Fernando Espinoza (1942-2002).

 

clsQuiero comenzar mi exposición brindando un homenaje de amor y de reconocimiento a dos maravillosos afroperuanos que nos abandonaron hace muy poco y nos dejaron un enorme legado de sabiduría y de amor por la vida y por su pueblo. Me refiero, ya muchos deben adivinarlo, a José (Pepe) Luciano y a Fernando Espinoza: estoy seguro que nuestros dioses los tienen a su lado. Gracias Pepe, gracias Fernando, por todo lo que nos enseñaron.

Ahora, quiero agradecer a mis amigas y amigos de CEDET por la maravillosa oportunidad de ser quien abra este seminario internacional; aunque, la verdad, no sé si me hicieron un favor o todo lo contrario, pero no importa, igual se los agradezco. También al centro cultural de España y a su director, el señor Ricardo Ramón, por su permanente apoyo y apertura hacia nuestros eventos. Gracias a su gestión hemos podido encontrarnos más de una vez este año y seguro que seguiremos haciéndolo en los próximos.

Debo confesar que cuando recibí la invitación para ser parte de este evento, inmediatamente se me ocurrió hablar sobre la invisibilización en los medios de comunicación, pero al tratar de explicarlo me sentí confundido, pues no entendía la necesidad de explicar lo obvio, como es que los medios de comunicación nos excluyen e invisibilizan a todas y a todos aquellos que no tengamos tipo europeo, sobre todo a las y los afroperuanos. En un comienzo pensé que no necesitaría de mayor descripción, creí que describir el rol de los medios en la preservación del racismo y la discriminación iba a ser igual de fácil de explicar cómo es que hasta en nuestra madre África, tan golpeada por el virus de inmunodeficiencia humana causante del sida (VIH), la Iglesia católica prefiere que sigan muriendo millones de personas antes que aprobar el uso de anticonceptivos, o prefiere que mueran otros tantos millones de mujeres y niños antes que aprobar el aborto, así sea terapéutico. Suponemos que la Iglesia ya está preparada para pedir perdón públicamente dentro de cien o doscientos años, igual que lo hizo por condenar a Galileo Galilei, o por dar su bendición a la esclavización de nuestros ancestros, o por el genocidio de la santa inquisición. Lo que no sabemos es para qué diablos servirá que lo haga, pero ese es otro tema. De lo que debo hablar ahora es de cómo no hay inclusión en los medios de difusión y de cómo estos cumplen su rol de preservar el racismo, la marginación y la discriminación.

Sobre este tema comienzo diciendo que veo muy poca televisión, y televisión nacional, menos. Tengo la suerte de poder pagar ―hasta la fecha, y no sé por cuánto tiempo más― medio paquete de cable, y cuando quiero ver televisión sintonizo canales extranjeros; y si son nacionales, de noticieros. Pero como tenía que actualizar mis ideas y sentimientos sobre este tema comencé a comprar ―y leer― diarios y revistas. Uno de esos días tuve que sentarme a ver varias horas seguidas de televisión nacional, sobre todo de los canales que exportan sus programas a otros países vía cable... No podía creer que en plena era de la globalización, con la feroz competencia que existe en la televisión, en la nuestra aún sigamos mostrando un Perú europeo, en el que solo falta ver Lima, Chiclayo, Piura o Andahuaylas con sus calles llenas de nieve, árboles de pino y las gentes con abrigos de pieles.

Resulta increíble ver cómo los medios de comunicación ―y entre ellos la más poderosa, la televisión― nos excluyen de una forma tan descarada; es hasta vergonzoso ver que algunos estamentos del Estado prefieren mostrar en sus campañas personajes de dudosa moral antes que personajes de nuestra etnia. Cómo hemos retrocedido, ¿verdad?

Hace algunos años actué en televisión, en teatro, en cine; fui modelo publicitario de muchos spots publicitarios y jamás me pidieron actuar de portero de hotel, guachimán o ratero, sino de dietas para mantenerse esbelto, de cliente que entraba a un banco, que compraba caramelos, panetones o ganaba loterías, que bebía ron Cartavio con un grupo de amigos y amigas en una divertida reunión en la cual a nadie le importaba mi etnia ni el color marrón de mi piel. Incluso trabajé en un comercial de la bebida de sabor nacional, la sabrosa Inca Kola y fue un comercial tan bello, de tanto éxito y tan recordado que lo repitieron varios años y aún hoy usan el silbidito característico de ese spot.

Texto completo.

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