Jueves, 29 Julio 2021

logo para cedet                                            Año 2021. Edición N° 15 / Registro ISSN-L: 2709-8079

TEMA En memoria de Carlos Velarde Reyes (Cito). A cinco años de su partida. Sus documentos de trabajo y opiniones que guardan vigencia

COLUMNISTAS

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El racismo en los medios de comunicación

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La existencia de racismo en los medios de comunicación es una verdad más que evidente, se manifiesta constantemente y de manera reiterada, provocando en algunos casos el escándalo, como con el “negro mama” de Jorge Benavides- JB, o pasando desapercibidos por la cotidianeidad de sus expresiones. Por ejemplo, Hernán Vidaurre, actor cómico que trabaja en radio, televisión y espectáculos, aparece en un mensaje del canal 13 Global TV, anunciando su programa diario con un chiste que por viejo y repetido no deja de ser de contenido racista y profundamente ofensivo contra los negros en general (no es como en el caso de JB que caracteriza personajes individuales), que es el de la comparación de blanco y negro con el gorila, y dice que el blanco se parece más, porque el negro es igualito.

El hecho que pueda resultar gracioso a mucha gente, inclusive negros, no le quita lo ofensivo de manera directa. La animalización de un grupo humano es una ofensa mayor. Es animalización porque los identifica: no son parecidos, son iguales. Y esa igualdad es motivo de risa por la burla, que es despectiva. Por supuesto que sería posible realizar una respuesta al señor Vidaurre desde diversos ángulos, una podría ser la campaña para que rectifique, como la que se hizo con Jorge Benavides y su personaje del negro mama, que podría conseguir una falsa rectificación o disculpa con la afirmación de no creo que esté ofendiendo a nadie, ya que los mismos afroperuanos se ríen de la broma, o yo también soy afrodescendiente porque tengo una abuela negra en algún lugar de mi pasado. Con el tiempo, tan breve como el que le tomó a JB resucitar su personaje negro mama, el señor Vidaurre caería en nuevas bromas racistas y ofensivas, y las luchas llevarían al cansancio, como podría llegar la campaña contra el negro mama. Otra salida, sería contestar con un golpe similar, es decir aprovechar sus debilidades, muy notorias en lo físico y en su entorno afectivo, y contraatacar con bromas ofensivas que hagan que saboree de su propia medicina. Por supuesto que, aunque bien merecido se lo tendría, no sería más que avivar más el fuego de la intolerancia y evidentemente no contribuir a la eliminación del racismo.

Como venía explicando, no son los únicos casos, los hay en todos los niveles, de todas las procedencias. Por ejemplo, una fuente de estereotipos negativos con los afrodescendientes proviene de una afrodescendiente en un programa de televisión. No es la primera, ya encontrábamos estos estereotipos en el fallecido animador Augusto Ferrando, también afrodescendiente, o del cómico Pablo Villanueva - Melcochita, que hace constante sorna de los que son más negros que él, con chistes racistas y totalmente ofensivos, sin darse cuenta del contenido de los mismos.

La realidad es que el racismo es una expresión social negativa que debe ser controlada, pero aún más, debe ser prevenida. Los códigos de ética son absolutamente ineficientes si es que no hay un reglamento que los efectivice, con sanciones al incumplimiento, pero las sanciones también suelen ser ineficientes cuando el incumplimiento de la ley desborda la capacidad de sancionar, como en el caso de muchas leyes de tránsito, en especial el aplicado a los peatones, que a los pocos meses de establecida es letra muerta.

El problema está en una informalidad en los medios de comunicación, que hacen que la mayoría de personas que realizan actividades en los medios, en especial los que dan la cara al público, sean solo personas sin mayor formación, y si bien en algunos casos esa falta de formación previa es suplida con una formación humana que les da un cierto nivel de calidad, como en el caso de Magali Solier, en otros, una gran mayoría, son precisamente estas condiciones, necesarias para ejercer un digno papel de comunicador social, las que dejan qué desear.

El humorista debería ser una persona con formación suficiente, que le haga comprender no solo las condiciones de la ética de las comunicaciones, sino los criterios para que su trabajo sea realmente de calidad. Porque en el caso del señor Vidaurre, nos damos cuenta que no solo es el caso de emitir un contenido racista y ofensivo, sino el recurrir a un chiste ya usado, y también criticado previamente por el mismo contenido. No se hace humor simplemente siendo una persona de comicidad inmediata, sino desarrollando una capacidad de entendimiento del entorno que le permita ser creativo y tener calidad real en su trabajo. Si en vez de copiar chistes de revistas conocidas, leyera las críticas de humor, los libros sobre el humor, analizara las diferentes versiones que se dan de este arte, comprendería por qué un humorista prepara su material de manera que no solo resulte gracioso, sino que resulte no ofensivo a nadie. Además, puede lograr un humor constructivo, original, inteligente.

Por ello pienso que además de los códigos de ética, se debe seguir insistiendo en la profesionalización. En que reciban una formación que garantice que su trabajo será con una formación integral previa, por tanto, con un nivel de responsabilidad en lo que dice o insinúa. No pretendo que se impida la participación de personas con condiciones espontáneas que, por ser graciosas, ameriten verlas en algún programa. Como expresiones de este nivel, no profesional, podrán estar, pero el trabajo y responsabilidad de la comunicación solo puede estar en manos profesionales, a quienes se les puede exigir porque se les ha formado para responder acordemente.

Martes, 5 de julio de 2011.

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