Viernes, 17 Septiembre 2021

logo para cedet                                            Año 2021. Edición N° 15 / Registro ISSN-L: 2709-8079

TEMA En memoria de Carlos Velarde Reyes (Cito). A cinco años de su partida. Sus documentos de trabajo y opiniones que guardan vigencia

Documentos de trabajo y opiniones de Carlos Velarde Reyes, fallecido en 2017. Al amigo, compañero e integrante del equipo del Centro de Desarrollo Étnico Cedet. En su memoria.

Documentos de trabajo y opiniones de Carlos Velarde Reyes, fallecido en 2017. Al amigo, compañero e integrante del equipo del Centro de Desarrollo Étnico Cedet. En su memoria.

Documentos de trabajo y opiniones de Carlos Velarde Reyes, fallecido en 2017. Al amigo, compañero e integrante del equipo del Centro de Desarrollo Étnico Cedet. En su memoria.

Documentos de trabajo y opiniones de Carlos Velarde Reyes, fallecido en 2017. Al amigo, compañero e integrante del equipo del Centro de Desarrollo Étnico Cedet. En su memoria.

Documentos de trabajo y opiniones de Carlos Velarde Reyes, fallecido en 2017. Al amigo, compañero e integrante del equipo del Centro de Desarrollo Étnico Cedet. En su memoria.

La nueva esclavitud Yapatera: comunidad afroperuana frente a los abusos de las empresas agroindustriales

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Por Shessira Edita Barranzuela Carrasco (Perú)

ShesirraCon el paso del tiempo, las comunidades afroperuanas nos hemos visto obligadas a lidiar con abusos de toda índole, en este caso me centraré en las formas extremas de explotación que nos sometemos la mayor parte de los pobladores de Yapatera en las empresas agroindustriales, por razones injustas de exclusión, desempleo, racismo, discriminación y falta de oportunidades.

Yapatera se ubica a cinco kilómetros del distrito de Chulucanas, Provincia de Morropón, departamento de Piura. Somos descendientes de personas que fueron esclavizadas, de origen malgache, angola y mozambique. En 1884, según archivos y documentos consultados, Chulucanas era la capital del distrito de Yapatera, que desde el año 1839 en adelante quedó abandonado a su suerte convirtiéndose en pueblo, siendo sumido en la marginación y negado al desarrollo a pesar de la laboriosidad de sus trabajadores y riqueza cultural. 

La agricultura es su actividad principal, conocidos por sus mangos y limones. Sin embargo, pese a todo esfuerzo, nuestros cultivos actualmente no nos dan el sustento necesario para solventar gastos indispensables y es básicamente por la falta de apoyo hacia nuestros numerosos y olvidados agricultores, así como la escasa intermediación directa para la venta de sus productos cosechados, obligándonos a soportar condiciones de vida y de trabajo realmente preocupantes.

Según la Encuesta Nacional de Hogares ENAHO del Instituto Nacional de Estadística e Informática INEI, Piura cuenta con 124 961 personas autoidentificadas afroperuanas, ubicándonos en el segundo lugar después de Lima por distribución de departamentos, siendo Yapatera en la Provincia de Morropón - Chulucanas el lugar donde se concentra la mayor intensidad de la región, pese a esto, seguimos siendo excluidos e invisibilizados tanto de intervenciones estatales y de la sociedad en general.

Así, la población afrodescendiente de Yapatera posee ingresos mensuales menores que el promedio nacional, 180.75 nuevos soles frente a los 290.64 del ingreso promedio nacional, lo cual está vinculado al grado de escolaridad y de oportunidades. Con respecto a la tasa de embarazo adolescente, esta es superior al promedio nacional, 15% frente al 12.5%, vinculado a factores de educación y violencia. 

Si bien es cierto, el sector agroindustrial aporta significativamente a la economía peruana, puesto que el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial IEDEP de la Cámara de Comercio de Lima detalló que en los últimos cinco años 2014 - 2018, los PBI del sector agropecuario y del sector agroindustria -considerando solo los sectores incorporados en la ley de promoción agraria- tuvieron un crecimiento para ese periodo de 19,6% y 13,7%, respectivamente. En gran medida, a costa de la explotación hacia nuestras comunidades afroperuanas. Al respecto, la Constitución prohíbe expresamente en su artículo 2.24.b la esclavitud, la servidumbre y la trata de seres humanos en cualquiera de sus formas.

Se observa que el empleo formal más alto en agroindustrias alcanza el 75% de los trabajadores en esta actividad, con base en la del Instituto Nacional de Estadística e Informática INEI. La Libertad 20.434, Piura 15.910, Lambayeque 12.659 e Ica 12.254, fueron las regiones que concentraron el mayor número de trabajadores en el sector, y en todas estas ciudades encontramos gran parte de la población afroperuana.

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Foto: Cepo de madera para castigos en el centro Palanqueando. Fuente: http://www.concesioncanchaque.pe/ruta_yapatera.htm

Pero ¿de qué sirve contar con un empleo formal, si las condiciones en las que someten a sus trabajadores son verdaderamente terribles?

Es aquella ley 27360 que nos condena a este tipo de abusos, hay trabajadores que vienen laborando mucho tiempo, unos tienen cinco, seis a diez años, pero todos siguen firmando contratos temporales, no hay estabilidad laboral, vulnerando beneficios como vacaciones, gratificaciones, entre otros. Es también la falta de empatía de parte de los supervisores y personas al mando, ya que, cuando hay incremento de labores maltratan a sus trabajadores como animales, las tareas son muy elevadas, recargan más de lo normal, lo que quiere decir, que estos jornales acumulados es beneficio para la empresa y no para los trabajadores.

Aunque la agricultura en nuestro pueblo fue siempre el principal recurso y fuente de ingreso, ¿Cómo podríamos invertir dinero en épocas de crisis en los cultivos, si ni siquiera alcanza para comer? 

Es la necesidad que nos obliga a estar cerca de quince horas laborando sin una remuneración justa. Por ello es sumamente importante dar a conocer los abusos que vivimos y muchas veces callamos, por el miedo a no tener trabajo y un sustento económico para nuestras familias que, aunque pueda sonar duro, es la realidad que lleva años vulnerando nuestros derechos como personas.

En experiencia propia como yapaterana, tuve que someterme, al igual que muchos jóvenes, a este tipo de trabajo esclavizado, puesto que en nuestro pueblo no tenemos las condiciones necesarias para acceder a servicios básicos de alimentación, educación y salud de calidad.

Pese a los esfuerzos desmesurados de nuestros padres, solo pocos jóvenes logramos culminar la universidad sometiéndose así, a la nueva esclavización originada por la centralización y la falta de apoyo del Estado frente a la problemática. No fue fácil observar a mi madre derramar lágrimas de impotencia, parada frente a una máquina agroindustrial, escuchando gritos, tal cual un animal y mi padre pasando días en sus cultivos, buscando compradores para los productos que cosechaba. Así también, yo sufrí las consecuencias de trabajar sin medidas de protección y seguridad laboral, ocasionándome lesiones en el brazo izquierdo en una de las tantas empresas, donde la integridad de los empleados no es ni siquiera considerada. 

Con estos antecedentes en las comunidades afroperuanas, el Grupo de Trabajo de Expertos de las Naciones Unidas sobre las Personas de Ascendencia Africana, realizó su visita oficial al Perú, entre el 25 de febrero y 4 de marzo de 2020. 

Como parte de su misión de investigación, el Grupo de Trabajo visitó Lima, Yapatera, Piura, Chiclayo, Chincha e Ica. Como resultado se elaboró una declaración de carácter preliminar y en la que se manifiesta: “Los empleadores del sector privado han aprovechado la desesperación de esas comunidades. Los afroperuanos denuncian la explotación por el sector privado y la falta de mecanismos para intervenir en las formas extremas de explotación por parte de los empleadores de la agroindustria”.

Gracias a esta importante visita por parte del Grupo de Trabajo, esta declaración de carácter preliminar la cual se incluirá en el informe final, será presentada al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en septiembre de 2020, dándonos una luz de esperanza.

No se puede negar que se están tomando medidas por parte de las Naciones Unidas, sin embargo, se necesita optimizar estos esfuerzos en nuestro gobierno peruano, para el beneficio de las comunidades afrodescendientes, interviniendo de manera inmediata ante este tipo de acciones indeseables.

Se debe fortalecer el rol fiscalizador de la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral SUNAFIL, que es la entidad responsable de supervisar y fiscalizar el cumplimiento del ordenamiento jurídico laboral, de seguridad y salud en el trabajo, a fin de garantizar que se respeten los mínimos laborales con mecanismos de supervisión e intervención en las operaciones de la agroindustria para eliminar prácticas de explotación laboral, los contratos desmesurados, el robo de salarios y la prolongación del trabajo sin compensación o pago de horas extras, así como la necesidad de la creación de políticas públicas de promoción y protección de los derechos de los afroperuanos.

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Lo que hace cuestionarnos, ¿Realmente se abolió la esclavitud?

En épocas vergonzosas de la humanidad, la presencia de esclavos en Piura se dio con mayor intensidad en 1795, con un trato violento, destinados a los trabajos forzosos de la caña de azúcar y servidumbre, sometidos a prácticas aberrantes de castigos y torturas. 

Con el paso del tiempo, nuestros ancestros rompieron las cadenas con esa constante lucha y resistencia, sin embargo, resulta inconcebible que en pleno siglo XXI nuestras comunidades soporten condiciones de vida inhumanas.

No aceptamos que se siga desarrollando un nuevo tipo de explotación hacia nuestra gente, Yapatera levanta la voz, aquella que desde hace mucho tiempo no ha sido escuchada.

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ACABEMOS CON ESTA NUEVA ESCLAVITUD.

¡BASTA YA!

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